Hace unos días, el balompié mexicano sufrió en el Estadio La Corregidora, uno de sus más grandes escándalos donde seguidores de los gallos blancos del Querétaro y del Club Atlas, decidieron dejar atrás los valores deportivos y provocaron una riña que dejó imágenes lamentables, heridos graves y algunos fallecidos (en cifras no oficiales que parece intentan ser opacadas por autoridades y directivos de la Federación Mexicana de Futbol).
Como aficionado al bello deporte del futbol, me llena de impotencia y rabia pensar que los estadios de futbol no son un lugar seguro. Hasta hace unos días, imaginaba con júbilo el día en el que pudiera llevar por primera vez a mi hijo a ver un partido de futbol y hacerlo sentir la increíble emoción de ver y gritar un gol “en vivo”; lamentablemente, hoy esas ganas han desaparecido o por lo menos puedo decir que se han aminorado, por miedo a que, en cualquier lugar del país algún miembro de “barra”, “porra” o “grupo de animación” decida comportarse como un auténtico desquiciado y desate repentinamente una ola de violencia que pueda poner en peligro la vida de cualquier ser humano.
Quién iría a pensar que en pleno siglo XXI acudir a un estadio de futbol sería igual o más peligroso que rondar por las colonias y/o comunidades en las que el narcotráfico controla y la policía hace caso omiso. Lo anterior resulta sumamente alarmante, si consideramos que el aludido deporte en teoría está diseñado para fomentar las competencias bajo un clima de competitividad y “fairplay”; mientras que, en nuestro país, pareciera que el futbol se ha convertido en un nicho meramente económico.
Para muestra de ello, basta con navegar en internet por algunos minutos y pretender indagar sobre algunos clubes mexicanos en los que se puede observar que la corrupción, la evasión fiscal, el lavado de dinero y los vínculos con el narcotráfico y/o las televisoras han siempre acompañado a los principales socios o directivos de los clubes. A manera de ejemplo, podremos observar fallidas estrategias fiscales, desvío de recursos por parte de gobiernos estatales y/o municipales, así como entrega de muebles e inmuebles bajo irregularidades jurídicas y muchas otras cosas que abarcarían más de una columna.
Nuestro país se encuentra a unos años de albergar como co-anfitrión el Mundial de Futbol de 2026 y parece ser que la muerte de unos aficionados no basta ser razón suficiente para que el máximo organismo denominado FIFA sancione a nuestro país. Paradójicamente este organismo sí ha abocado sus esfuerzos de los últimos meses para combatir el grito contra la diversidad sexual que ha generado polémica, intentando inclusive dejar a la selección mexicana fuera del mundial de Qatar; sin embargo, frente a una evidente masacre en la que hubo varios heridos y pérdida de vidas, el organismo internacional se cruza de brazos y decide hacer caso omiso.
Dejo el tema sobre el tintero, esperando las autoridades del Estado de Querétaro puedan encontrar rápidamente a los culpables y detengan esta impunidad en conjunto con los “dueños” del futbol mexicano. Estaremos dando seguimiento en este espacio, agradezco el favor de su lectura y les deseo un muy feliz fin de semana.

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