El que aquí escribe hace la aclaración siguiente: nunca he tenido un dispositivo fabricado por Apple.

Pese a todo, apenas sostuve en mi mano el iPhone X, pude estar de acuerdo con quienes lo consideran el teléfono más bonito creado por la empresa. Su diseño, de cristal en la parte trasera y con marcos de metal (no aluminio) me recordó al iPhone de primera generación, lanzado en 2007, responsable de cambiar para siempre la industria móvil.

Diez años después, el iPhone X se lanza al mercado como el dispositivo más importante de la marca después de su primer teléfono. Pero ahora Apple no marca la pauta: el iPhone X tiene una pantalla de 5.8 pulgadas con marcos reducidos al mínimo, pero Samsung, LG, Google e incluso Xiaomi lo hicieron primero.

Sin embargo, la pantalla del iPhone X es su principal cualidad. Es más grande que la de los modelos iPhone Plus, que tienen paneles de 5.5 pulgadas, pero cabe en el cuerpo de un iPhone de 4.7 pulgadas. La tecnología es OLED, fabricada por Samsung, con certificación HDR que muestra imágenes y videos con calidad que se nota: los negros son negros y no grises oscuros como en los demás iPhones.

El prietito en el arroz es su parte superior, que está recortada por un módulo donde Apple metió la cámara frontal de 7MP, el altavoz y una serie de sensores que conforman Face ID, el sistema de seguridad que reemplaza a la huella digital.

iOS 11 está modificado para adaptarse a la forma de la pantalla, pero no deja de verse extraño: nunca podrás ver una foto o video que ocupe todo el espacio, ya sea porque Netflix hace más pequeña la imagen o porque el módulo ‘estorba’. Además, muchas apps no se han actualizado al formato y muestran franjas negras en el espacio que no logran llenar.

Con todo, Apple hizo un buen trabajo para aprovechar el panel. Deslizar el dedo desde la esquina izquierda muestra las notificaciones; hacerlo desde la esquina derecha abre el menú rápido para WiFi, volumen y brillo de pantalla. Y como no hay botón Home, para regresar al inicio sólo tuve que deslizar el dedo desde la parte inferior de la pantalla. Fácil de usar, incluso para un usuario de toda la vida de Android como yo.

Face ID, por su parte, hace su trabajo mejor de lo que esperaba, incluso cuando está oscuro. Basta con levantar el teléfono frente a mí para desbloquearlo, sin esperas ni intentos fallidos como con un lector de iris. El iPhone X escanea 30 mil puntos de mi rostro para saber que soy yo, y sólo funciona si mis ojos están abiertos. Esta tecnología es la que mueve los Animojis, que hacen los mismos gestos que yo y sirven para jugar.

Desde sus orígenes, iPhone ha sido sinónimo de buenas cámaras. Las del iPhone X son las mismas que las del iPhone 8 Plus, con la diferencia de que los dos lentes de su cámara trasera tienen estabilizador óptico y mayor apertura para luz: tomé fotos de día y noche, en interiores y en exteriores, siempre con resultados satisfactorios.

La cámara frontal sí cambia: sus 7MP estrenan las mismas funciones de retrato de su cámara trasera. Mis selfis salieron con el fondo desenfocado y también con efectos de iluminación y realidad aumentada que borarron el fondo, aunque de noche su eficacia no me convenció.

Conclusión
El iPhone X es el único iPhone hasta el momento que me haría abandonar mi teléfono Android. Es hermoso, es rápido y es pequeño, aunque tiene gran pantalla. Lo compraría… si tuviera $23,500 de sobra. Igual que un traje de diseñador, su precio lo mantendrá en el mercado de lujo, o de aquellos dispuestos a sacarlo a crédito.

Lo mejor
Su diseño: la pantalla, la tecnología y los materiales se ven y se sienten de lujo, a pesar de que el módulo de Face ID obstruya lo que de otro modo sería perfecto.

Lo peor
El iPhone X es compatible con carga rápida, pero para usarla tendrás que comprar un cargador y cable especial que cuestan en total $1,800. Por el precio que pagas por el teléfono, uno esperaría recibirlo con todo lo necesario.