Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

El 1 de septiembre de 1988, último informe del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, el mandatario gris leía su documento hasta que, ¡oh, sacrilegio imperdonable!: el senador de oposición Porfirio Muñoz Ledo lo interrumpe; lo interpela –se dijo en su momento-, preguntándole quién sabe qué cosa, ¿qué importa? Ni quien se acuerde de eso, sino del gesto, la profanación del sacrosanto día del presidente. Pero además lo hizo una y otra vez, hasta que, ante la ignorancia del Hombre más angustiado de México, él y sus compañeros del opositor Frente Democrático Nacional, formado al calor de la muy intensa campaña de 1988, abandonaron el salón de sesiones de la Cámara de Diputados. Por cierto que cuando iban para afuera Muñoz Ledo recibió un puñetazo del gobernador de Aguascalientes, Miguel Ángel Barberena Vega porque, ¿cómo se atrevía a interrumpir al tlatoani?  –“Tiraron de su nicho a la presidencia”, cabeceó Proceso en su siguiente edición; algo así-.

Se fueron del salón los interruptores y de ahí pa’l real, el ritual del informe de gobierno fue degradándose, hasta que terminó convirtiéndose en una cena de negros…Por cierto que la primera ocasión que leí esta expresión fue en el texto de debates de la Soberana Convención Militar Revolucionario de Aguascalientes, pronunciada por Roque González Garza para referirse al ambiente en el patio de butacas del Teatro Morelos, es decir, un caos, el símbolo de un país desordenado, carente de brújula y con un destino incierto. Así era aquello, en 1914 y 1988, y a lo peor ahora también.

El aplauso unánime devino en rechifla, porras, llamados a la cordura, gritos, hasta que desapareció. Ahora un segundón lleva el texto a la Cámara de Diputados mientras que el presidente o el gobernador se organizan un agasajo a la medida; a la antigüita, en donde reúnen a los de su contento para que los aplaudan y feliciten sin las molestas interpelaciones y/o silenciosas malas caras y brazos cruzados de los legisladores de oposición.

Sin embargo el ritual seguido en el informe estatal de 1970 fue mucho más allá de la simple ceremonia de lectura del documento. Alrededor de esta solemnidad hubo también un par de giras de trabajo en las que se “observaron” –así se manejó en su momento-las obras que los tres niveles de gobierno realizaban para beneficio colectivo, y se entregaron las ya terminadas en el lapso del que se informaba.

Desconozco de qué época date la costumbre de enviar un representante presidencial a los informes estatales ni si hay algún mensaje en la jerarquía de este representante, en términos de la importancia de la entidad federativa y/o de su gobierno, a los ojos del gobierno federal, es decir, que si la entidad era importante y/o su gobierno bien visto, venía, por ejemplo, el secretario de Gobernación, y si no, el que representaba al Primer obrero de México sería el director de sorteos de esa dependencia; algo así.

Pero no lo sé, y el hecho es que en esa ocasión tocó al secretario General del Departamento de Turismo, señor Adolfo de la Huerta Oriol, fungir como representante personal del Señor Presidente de la República, licenciado Gustavo Díaz Ordaz, que por cierto se encontraba a pocos días –dos meses y medio- de mandar al carajo al pueblo de México y a la Historia, según expresión recogida por el periodista Ricardo Garibay, y contada por Gustavo Vázquez Lozano en su libro “Todo lo que quería saber sobre los presidentes de México”. Esto lo único que significa es que estaba a punto de concluir su trágico, impugnado y polémico mandato el 30 de noviembre siguiente, para “ceder los trastos” al siniestro Luis Echeverría Álvarez, a quien él mismo eligió, y los electores nomás ratificaron –no yo, que entonces ya andaba por aquí, pero no tenía edad para sufragar-.

De la Huerta y señora viajaron a Aguascalientes en el “coche especial del director de Ferrocarriles en Operación, ingeniero Miguel Ángel Barberena Vega”, a donde llegaron la mañana del 15 de septiembre. El Sol del Centro detalló la agenda que cumplirían el Ejecutivo local y el hijo del ex presidente Adolfo de la Huerta Marcor, que comenzaría con un desayuno en el Palacio de Gobierno. Después “La comitiva saldrá de Palacio de Gobierno a las 9 de la mañana, para dirigirse a Los Conos, recorrer la carretera a Montoya, visitar el bordo La Colorada; luego la escuela de Ciénega Grande, en seguida la subestación eléctrica; el hospital de San Antonio Tepezalá y las obras de saneamiento ambiental en El Porvenir.

Posteriormente visitarán la parcela demostrativa de la SAG, en el cruce de los caminos Luis Moya-Pabellón; el mercado de Rincón de Romos, en cuya población se servirá una comida. Más tarde la jira se reanudará para tocar el Campo Experimental (de Pabellón de Arteaga); inaugurar el campo deportivo de la escuela Teodoro Olivares, en Pabellón; las parcelas demostrativas de Margaritas; el camino de San Tadeo, la Presa Ordeña Vieja, la unidad frutícola del Ejido Calvillo y finalmente el Ejido La Panadera, desde donde simbólicamente se inaugurarán las obras de la Comisión Federal de Electricidad correspondientes al sector rural”.

En síntesis, tal y como señaló este diario, aquella fue una gira de “observación”, que permitió constatar “la constante obra de infraestructura que se desarrolla en beneficio del numeroso sector campesino de Aguascalientes”, así como la unidad que caracteriza la acción de los gobiernos federal y estatal, “que ha permitido la feliz realización de programas de trabajo de servicio colectivo”.(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).