La actual crisis económica, ha tenido una severa afectación en todo el mundo. Para la gran mayoría de los países, han sido una serie de golpes que los posicionan en la peor coyuntura de varias décadas atrás. A pesar de esto, en todo el orbe se han redoblado esfuerzos y se honda en sacrificios, con la finalidad de lograr recuperarse a la brevedad posible. En el mejor de los casos, pudiéramos observar una recuperación en forma de V.
Sin embargo, existe un país que venía acarreando dos años en una interminable recesión, de la mano con una estrepitosa caída en el poder adquisitivo y casi diez años de estancamiento. Argentina está reviviendo el 2002.
Aquella crisis, encontró una mezcla de factores, los cuales están encaminados a repetirse en la actualidad. Indaguemos.
El tipo de cambio se triplicó: pasó de 40 pesos argentinos por dólar hasta rozar los 120 causando una profunda incertidumbre. Hoy en día, el peso argentino es una de las divisas, de los países emergentes, mas depreciadas en todo el mundo.
Hace 18 años, la Argentina se posicionó en un default, que lo puso al borde de la bancarrota. En la actualidad, el Estado venía arrastrando la gran posibilidad de caer en una situación de impago. Cuando Alberto Fernández llegó a la presidencia del país, en diciembre de 2019, heredó una deuda de 320 mil millones de dólares, acumulada por sus predecesores, Cristina Kirchner y Mauricio Macri -no dejamos de escuchar el apellido Kirchner en las tragedias de este país-. En este momento, el gobierno se encuentra negociando con sus acreedores el aplazamiento de sus obligaciones financieras; algo cercano a los 66 mil millones de dólares.
La falta de empleo y la caída del poder adquisitivo, gracias al enorme salto inflacionario, provocó un récord de pobreza a más del 50%. Ahora, se reconoció que podría tenerse un gran incremento en la cantidad de pobres, cercano al cuarenta por ciento. El infierno se repite.
El freno casi total de la economía que generó la cuarentena obligatoria derivada del COVID-19, pronostica números, inclusive, peores que la crisis anterior. En las últimas particiones de diversas instituciones, tanto nacionales como internaciones, hablan de una caída de la economía entre el 7 y 9 por ciento, un déficit fiscal de seis por ciento del PIB, y un alza generalizada de los precios de entre 60-70%. En relación a la cotización del dólar, ya se dejaron de publicar proyecciones para lo que resta del año.
De esta forma, observamos como la cuestión en el país pareciera no mejorar, con el pasar de los años. Es una realidad que Argentina lleva pateando el bote varios años de los incumplimientos que arrastran desde 2001. Durante este lapso, el gobierno pudo acceder a créditos del Fondo Monetario Internacional, así como a la emisión de deuda. Sin embargo, políticas asistencialistas y una serie de pésimas decisiones fiscales y monetarias, volvieron a dejar al país vulnerable, pulverizando los pocos logros obtenidos. La tormenta del coronavirus dio el golpe final.
Si no presenta un cambio de fondo, el infierno continuará presentándose cíclicamente. Lo peor de esto, es que el camino de la recuperación, vendrá a ser cuesta arriba con una infinidad de quiebras y costosas condiciones para toda la sociedad argentina. Una verdadera pena.

OVERTIME

A lo largo de la historia, hemos observado como el comportamiento de los mercados ha tenido una cierta afinidad con el actuar de la economía real. A pesar de esto, durante el mes de abril se presentó lo contrario. Los principales índices de Estados Unidos – S&P 500, Dow Jones y Nasdaq -, concretaron su mejor abril en más de 80 años; mientras que la economía de nuestro vecino del norte se colapsa con proyecciones de caídas anualizadas de 35 por ciento y una tasa de desempleo que alcanza el 20 por ciento en este mes. Buen trabajo de los bancos centrales, inyectando liquidez y disminuyendo sus tasas de referencia.