Con el pasar de los días de la actual administración federal, nos llenamos de iniciativas y/o acciones que son muy complejas de comprender. A pesar de que se busque otorgar el beneficio de la duda para estas, resulta algo confuso visualizar la mejora que pudiéramos obtener como sociedad mexicana.

En esta ocasión, la parte afectada resultaron las Zonas Económicas Especiales (ZEE). En días pasados, el titular de la Autoridad Federal para el desarrollo de estas zonas, Rafael Marín Mollinedo, manifestó que se encuentra en revisión este proyecto, con una muy factible cancelación del mismo. El funcionario argumenta corrupción, mal planteamiento de las zonas, así como pocos resultados. Vayamos por partes.

En primera instancia, debemos tener presente que una Zona Económica Especial es una vital herramienta que tiene como principal objetivo lograr un desarrollo más equilibrado entre regiones. Se busca atraer inversión mediante una serie de estímulos fiscales que ayuden a detonar el crecimiento económico de dicha región. Es considerado un proyecto a largo plazo.

En nuestro país, contamos con un crecimiento sumamente desigual. Por un lado, vemos como la parte del Bajío progresa a tasas agigantadas, mientras el lado sur-sureste del país, lleva 14 trimestres consecutivos de decrecimiento económico. Otro claro ejemplo, lo representan los estados de la frontera, los cuales a partir de la apertura comercial que nos otorgó el TLCAN, han crecido cerca de 50% desde aquella fecha. Durante el mismo lapso, los estados del sur tan solo lograron una tasa del siete por ciento. La presencia del problema es evidente.

Por tal motivo, se habilitaron siete regiones en el sur del país, con la finalidad de que se constituyeran como ZEE: Coatzacoalcos, Lázaro Cárdenas-La Unión, Salina Cruz, Puerto Chiapas, Progreso, Champotón y Dos Bocas. La selección de éstas, fue estrategia con la finalidad de lograr que sus recursos naturales fueran la base para su vocación productiva.

Las siete regiones, al día de hoy, ya cuentan con las bases de infraestructura para poder recibir inversiones, las cuales se esperaba que alcanzarían los 42 mil millones de dólares, generando alrededor de 368 mil empleos formales, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Con la cancelación de esta iniciativa, vemos como el objetivo de lograr potencializar esta franja, se estaría evaporando. Si no logramos levantar esta región, seguiremos estancados en las mismas tasas que hemos venido manejando en los últimos 15 años.

Es aquí donde comienzan las contradicciones del gobierno federal. El actual presidente, durante su campaña, manifestó su firme intención de mitigar las profundas desigualdades de las zonas más marginadas del país –Sur-Sureste–. Resulta sumamente complejo entender cómo será posible eliminarlas sin este tipo de proyectos. Los apoyos sociales no son la salida, y la historia de sexenios anteriores debe de servirnos como pauta. No caigamos en los mismos errores.

La mayoría de los sufragios a favor del presidente, se dieron en los estados con mayor vulnerabilidad económica. ¿Representa esto un espaldarazo para ellos? Cegar los atributos de las ZEE, por el –si me permite llamarlo así–, berrinche de la edificación del Tren Maya o el desarrollo del Istmo de Tehuantepec, representará un retroceso del cual nos lamentaremos años adelante.

¿Dónde se había escuchado esto? No vayamos tan lejos, el caso de hace algunos meses con el NAICM, representa el mismo caso.

Referencias:

 @GmrMunoz