Jesús Orozco Castellanos

En días pasados, la dirigencia nacional del PRI decidió mantener en sus filas a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, quien ha sido acusado de mantener a su servicio una red de prostitución en el Distrito Federal. La acusación la hizo hace ya varios años la periodista Carmen Aristegui. Se pedía que fuera expulsado del PRI y se iniciara un proceso jurídico en su contra. César Camacho, el líder nacional del PRI, declaró que no hay pruebas del supuesto delito y por tanto el señor Gutiérrez mantiene a salvo sus derechos dentro del PRI. Sobre este asunto, el periodista Jorge Fernández Menéndez se pregunta si ya se olvidó el caso de Rosario Guerra. Es una buena pregunta.

Vamos por partes. Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre es hijo de Rafael Gutiérrez Moreno y de Guillermina de la Torre. Esta familia ha mantenido el control de los pepenadores del Distrito Federal durante décadas. A Cuauhtémoc Gutiérrez se le conoce como “el basuritas”. Su madre era conocida como “la zarina de la basura”. Gutiérrez es un hombre obeso, muy alto y particularmente feo. Ha dicho: “yo no tengo la culpa de tener esta cara”. Dice que no puede haber un delito de “portación de cara”. Es cierto.

Por su parte, Rosario Guerra Díaz militó en el PRI durante 23 años y fue diputada federal por el D.F. en dos ocasiones. Yo la conocí por mi relación de amistad con Ricardo Guerra Castellanos, hijo del doctor Ricardo Guerra, que fue director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (fue mi maestro), y de la escritora Rosario Castellanos, ex embajadora de México en Israel, donde murió a causa de una descarga eléctrica. Hace algunos años Ricardo Guerra me invitó a cenar a un restaurante llamado “Los Guajolotes”, especializado en tortas y tacos de pavo. Era un lugar muy recomendable. Desconozco si todavía existe. Ricardo se hizo acompañar por su prima Rosario Guerra. Recuerdo su clara inteligencia. Su bagaje cultural es más que aceptable. A mi regreso a Aguascalientes dejé de verla. Me enteré por los medios de que Rosario había sufrido en el 2011 una terrible golpiza a manos de los sicarios de Gutiérrez de la Torre, comandados por un tal Christian Vargas, conocido como el “dipu-hooligan”. Él es quien hace el trabajo sucio de la familia Gutiérrez. Rosario estuvo una semana en el hospital. Por poco y la matan. Su “delito” fue haber pretendido ocupar la dirigencia del PRI en el D.F. Allí mandan los Gutiérrez y nadie más. Rosario presentó sin éxito una denuncia al entonces candidato Enrique Peña Nieto. Después formalizó su queja ante la Procuraduría de Justicia del D.F. Está congelada.

El periodista Ciro Gómez Leyva se ha convertido en algo así como el abogado gratuito de Cuauhtémoc Gutiérrez. Insiste en la falta de pruebas sobre la red de prostitución. Pero también podría ocurrir que no se presenten las pruebas por temor, conociendo de antemano la forma en que suele responder “el basuritas”. Gómez Leyva no ha comentado el caso de Rosario Guerra. O no lo conoce, o ya se le olvidó.

La reflexión de Jorge Fernández es muy atendible. Si no hay pruebas de que Gutiérrez de la Torre tiene una red de prostitución a su servicio, el caso de Rosario Guerra sería más que suficiente para separarlo de la dirigencia del PRI en el D.F. Sin embargo, pareciera que el control de los pepenadores en el D.F. es algo que al PRI le parece más importante que cualquier otra consideración, especialmente ahora que se aproximan las elecciones federales de junio.

La existencia Jesús de Nazaret

Estamos en semana santa. El periodista Eduardo Ruiz-Healy, que conduce un programa diario de radio y televisión, le preguntó en días pasados a una de sus colaboradoras, que conoce algo de los temas religiosos, que si hay pruebas de la existencia histórica de Poncio Pilato. Ella le contestó que sí las hay. Mencionó algunas: con quién se casó, qué estatus ocupaba en la jerarquía de la Roma imperial, qué cargo tenía en Palestina, etc. De hecho Ruiz-Healy cuestionó la existencia histórica de Cristo con el argumento de que los evangelios “fueron escritos por los amigos de Jesús”. ¡Vaya ignorancia! Ya antes había dicho que la monja alemana Pascualina Lehnert había sido “amante” del papa Pío XII durante 72 años. Comenté en este espacio el 12 de mayo del 2014 que en primer lugar no existe ningún documento histórico en el que se pruebe que hayan sido amantes. Además, lo que sí es un hecho es que los papas, desde mediados del siglo XIX hasta la fecha, han sido personas de una conducta personal ejemplar. Por si fuera poco, suponiendo sin conceder que se hubiera dado esa relación durante 72 años, tendría que haberse iniciado cuando el papa no había nacido. De ese tamaño era la falacia.

En cuanto a la existencia histórica de Cristo, se han escrito miles de libros, toneladas enteras de papel. Pocos temas han sido tratados de manera tan abundante como éste. Quienes creemos en los evangelios podemos remitirnos de manera directa al prólogo del Evangelio de San Juan, en el que dice, palabras más o menos: nadie ha visto jamás a Dios, pero él se nos ha revelado por medio de la existencia de su hijo unigénito. Me viene a la mente un libro clásico: Memorias de Adriano, de Margarite Yourcenar. Adriano fue uno de los cinco emperadores de Roma considerados como los mejores. Reinó del año 117 al 138 y durante su mandato, el imperio romano alcanzó la mayor extensión territorial de su historia. Yourcenar estudió a Adriano a profundidad. Abundan las citas en las que Adriano se queja de los cristianos, esa “secta” fundada en Palestina por un galileo llamado Jesús de Nazaret.

Lo de Ruiz-Healy revela en buena medida los bajos estándares que hay en los medios electrónicos en México. Hay que reconocer que la prensa escrita es mucho más exigente. Con la cantidad de dislates que dice este periodista, en Estados Unidos lo hubieran despedido de cualquier medio importante. Como he comentado, Estados Unidos es nuestro referente más cercano. Allá es intolerable la falta de respeto a las audiencias Y podemos ir más lejos. Está el caso de la revista Charlie Hebdo en Francia. Pero en México no pasa nada, como ocurre con tantas otras cosas. Además, hablar mal de la Iglesia católica sin fundamento se ha convertido en una especie de deporte. Habiendo tantos hechos reales, que el propio Papa Francisco ha denunciado, no hace falta inventar. Por fortuna, dice Ruiz-Healy que le cae bien Francisco. Menos mal. Para colmo, Ruiz-Healy es terriblemente autoritario. Colabora con él Tere Vale y a duras penas le concede el uso de la palabra. Con frecuencia ella está en desacuerdo con él. Ruiz-Hedaly no tolera que alguien piense distinto. A quienes le mandan mensajes en los que se muestra desacuerdo, les dice que le tienen sin cuidado sus opiniones y que pueden cambiar de canal cuando lo deseen. A ese paso se va a quedar solo con un reducido grupo de seguidores. Se supone que los dueños de los medios buscan ampliar sus audiencias para poder vender más cara la publicidad. Por eso resulta incomprensible que a Ruiz-Healy le permitan una notoria falta de respeto por su público. En fin…

 

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