Jaime Álvarez Esparza, presidente del Grupo de Industriales Panificadores, destacó la creciente inclusión de mujeres en la panadería, un oficio tradicionalmente dominado por hombres. Resaltó las exigentes jornadas de trabajo y la necesidad de cargar peso como factores que anteriormente limitaban la participación femenina.
Explicó que, hace 30 o 40 años, un panadero trabajaba desde la tarde hasta la madrugada o el amanecer, pero este esquema ha cambiado gradualmente, facilitando la incorporación de mujeres en la profesión. El interés de las mujeres por la panificación comienza desde su etapa estudiantil, y su participación ha resultado muy positiva, aportando cuidado y orden al proceso.
Álvarez Esparza enfatizó la dedicación y la aversión al error de las mujeres en la panificación, señalando que su número en el oficio va en aumento. Atribuyó este cambio tanto a los avances en tecnología y equipamiento, que hacen el trabajo menos físicamente exigente, como a la flexibilización de horarios.
Mencionó que la reducción de la jornada laboral a menos de ocho horas diarias favorece la incorporación de más mujeres en la elaboración del pan. Este ajuste de horarios permite que jóvenes, tanto hombres como mujeres, puedan ganar experiencia laboral mientras continúan sus estudios en áreas relacionadas con la gastronomía.
Destacó que la presencia de mujeres en las panaderías aporta mayor dedicación y cuidado en la elaboración del pan, beneficiando a las familias que lo consumen.