Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Seis (Ryan Gosling) es un operativo altamente eficaz que forma parte de un programa secreto de la CIA denominado “Sierra”, con un reclutador llamado Fitzroy (Billy Bob Thornton) encargado de conmutar condenas a reclusos en prisiones de máxima seguridad por un eterno trabajo en dicha agencia hasta que sean considerados desechables. Seis es tan bueno en lo que hace que se gana todo el respeto de Fitzroy trabando una relación muy cercana a la amistad. Con el paso del tiempo, Fitzroy decide retirarse y le cede la batuta a Carmichael (Regé-Jean Page), hombre frío y calculador que manda a Seis a una misión en Bangkok que termina siendo un intento de ejecución a otro agente de “Sierra”, por lo que Seis renuncia. no sin antes hacerse de una información vital contenida en una USB dentro de un amuleto que prueba los malos manejos de Carmichael dentro de la CIA. Lo que sigue es lo esperado: la Agencia perseguirá a Seis por todo el globo para hacerse de dicha memoria, recurriendo a los vastos recursos de un contratista privado sociópata llamado Lloyd Hanson (Chris Evans) que llega al extremo de secuestrar a la querida sobrina de Fitzroy para capturar a Seis, quien ahora hará todo lo posible por salvarla y evadir a sus perseguidores con la ayuda de otra agente llamada Dani Miranda (Ana de Armas).

La película está basada en una serie de libros escritos por Mark Greany, discípulo de Tom Clancy, quien se deja ver más bien como un Robert Ludlum (la saga literaria de Jason Bourne) tercera ante su débil manejo como hilador de thrillers de espionaje utilizando todo el recetario convencional de tramas similares para conjuntarlas en una historia aburrida y muy predecible. De nada ayuda que los directores sean los afamados pero no muy aclamados Hermanos Russo, quienes aplican una fórmula similar a la de sus películas de “Los Vengadores”, donde pisan el acelerador a fondo para que el espectador no tenga tiempo de procesar las numerosas inconsistencias y trivialidades que constituyen una trama gastadísima de sobrada impersonalidad como una actividad mecánica en la que todo transcurre como debe y no como debiera, sin exigirle demasiado al espectador (grave error) o a su reparto, un cuadro de actores que se ve tan fastidiado por lo que hace aquí que ni siquiera la acostumbrada sobreactuación de Evans como villano divierte. El cine de acción ha demostrado sobre todo en filmes muy recientes que puede añadir seso y drama a su proceder (v.g. cualquier eslabón de la saga “Misión: Imposible”), por lo que “El Hombre Gris” hace honor a su título mostrándose así, como una cinta gris y desangelada que habla más de los esfuerzos de Netflix por inaugurar franquicias y secuelas que por quebrar aunque sea tantito los moldes del entretenimiento escapista.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com