Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un gran poder implica una gran franquicia.

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Si algo ha distinguido al Hombre Araña en los cómics desde sus inicios es su naturaleza minimalista, pues a diferencia de Thor, el Doctor Strange (“Centella” como se le conocía en las historietas nacionales editadas por la compañía Novedades) o Los Cuatro Fantásticos, el arácnido superhéroe veía sus andanzas delimitadas usualmente a la ciudad de Nueva York combatiendo villanos producto de su contexto social y conflictuado por sus relaciones personales, familiares y sentimentales sin que sus tramas deambularan (al menos con frecuencia) por confines transdimensionales o cósmicos. Pero en su más reciente cinta, Peter Parker se sumerge en una aventura rocambolesca donde todo aquello que concierna a las iteraciones fílmicas del personaje se verán involucradas, una hazaña que en inicio desanima ante el prospecto de una historia que sacrifique sus posibilidades dramáticas por atiborrar, tal cual se podía apreciar en los avances, con personajes y situaciones que expulsen las cualidades narrativas que ya se venían cultivando en los filmes anteriores (específicamente “De Regreso a Casa” y “Lejos de Casa”), y si bien el resultado no es la reinvención de la rueda comiquera, sí resulta casi milagroso que el guion conjurado por Erik Sommers y Chris McKenna, aunado a la efectiva dirección de Jon Watts, ofrezca una película que divierte y brinde momentos de detalle emocional a sus personajes, a todos ellos.

“El Hombre Araña: Sin Camino a Casa” es una maratón creativa y visual que delimita sus posibilidades de análisis en un medio como éste ante el apilamiento de momentos sorpresivos que se integran a la trama sin revelarlos, por lo que demarcaré la descripción del argumento a lo esencial. La trama inicia justo al término de la cinta previa, cuando Mysterio (Jake Gyllenhaal) lo acusa de su asesinato y revela la verdadera identidad del superhéroe como Peter Parker (Tom Holland mejor que nunca como el personaje). Posteriormente el escrutinio público, judicial e incluso noticioso a cargo del infame J. Jonah Jameson (J. K. Simmons) hace imposible que él y su tía May (Marisa Tomei) lleven una vida normal al igual que a su prospecto de novia MJ (Zendaya) y su mejor amigo Ned (Jacob Batalon) tan solo por estar asociados al trepamuros, al punto de ver imposibilitado su ingreso a la universidad debido a esta situación. Esto orilla a que Peter le solicite al Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) realizar un sortilegio para que todos olviden su otra identidad, más las constantes interrupciones de Parker hacen que el hechizo se interrumpa y provoque la apertura del Multiverso, permitiendo el ingreso a su realidad de varios villanos de las otras cintas ya vistas sobre el personaje como el Doctor Pulpo (Alfred Molina), El Duende Verde (Willem Dafoe), El Arenero (Thomas Haden Church), Electro (Jamie Foxx) y el Lagarto (Rhys Ifans), lo que pondrá en jaque al héroe y sus amigos. Escribir más al respecto sería atentar contra el asombro que pretende producir la película ante las situaciones y elementos que aquí se revelan (y créanme, varias de ellas no son lo que uno podría esperar), baste decir que el discurso elemental del filme es explorar con más cabalidad el significado de la famosa frase sobre el poder y la responsabilidad y qué ocurre cuando al protagonista se le obliga realizar este examen una vez que se le empuja a rumbos más oscuros.

Por fortuna la cinta encuentra una estructura dramática que supera el acopio de momentos aptos para fanáticos del superhéroe tanto en cómic como cine (y vaya que los tiene), permitiendo que cada personaje encuentre una voz clara que especifique su participación y validez en este proceso, especialmente Molina y Dafoe, quienes brindan tanto perspectiva como potencia al relato gracias a su sapiencia actoral y delineación clara de lo que sus personajes deben aportar al relato según sus características psicológicas, así como un trazo narrativo que deja claro cuán importante es Peter Parker en sí mismo allende a la máscara y las telarañas para la construcción de su mito, al punto que la historia será más sobre el Hombre que sobre la Araña mediante momentos realmente emotivos que se balancean con los más superfluos e incluso cómicos, los cuales igualmente funcionan. Con este filme, el director Watts tuvo un gran poder y supo cumplir con eficacia esta responsabilidad.

 

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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