Carolina Castro Padilla

Poesía comprimida que pone en libertad la imaginación creativa

Japón es la cuna del haikú, breve composición poética que encierra en únicamente 17 sílabas poéticas todo un tema, un paisaje, un estado de ánimo, un mundo de belleza y significado. Su origen arranca en el siglo XVI, cuando la poesía japonesa había alcanzado un nivel tan alto que dejó sentir la necesidad de encontrar una forma nueva de versificación que fuera más sencilla, por lo que nació el haikai o estrofa libre, la cual, al paso de los años, dio lugar al haikú, poema breve con el que se inició un despertar volviendo a la poesía más animada y pródiga, ya que la actividad creadora se desplazó de la corte a los lugares frecuentados por los comerciantes, y así, el poeta japonés pudo volcar toda su sensibilidad en esas pequeñas pinceladas de idea y palabra que integran al haikú y que convierten al lector en hacedor de poesía juntamente con el autor de ellos. Tsurayaki dice: “¿Quién es el hombre que no hace poesía al oír el canto del ruiseñor entre las flores?”, igualmente podemos decir: ¿Quién no hace poesía al leer o escuchar un haikú?

El poder sugestivo del poema se debe a la composición del mismo, ya que, con unas cuantas imágenes precisas, crea el bosquejo de situaciones de un acto cuyos detalles tiene que aportar la sensibilidad del lector.

El haikú está formado por dos elementos separados entre sí por otro elemento cortante y preciso llamado kireji de donde salta la chispa mágica que da vida al poema. Uno de esos elementos plantea las circunstancias generales y el otro la percepción momentánea, o sea, que siempre debe tener esos dos polos eléctricos para que salte la chispa y pueda producir el efecto debido, pues no se debe perder de vista que lo característico del poema es su gran poder de sugestión que permite al lector completarlo.

Entre los poetas japoneses más sobresalientes está Matsuo  Basho (1644-1694), maestro en el género que nos ocupa y autor del siguiente haikú ya clásico y en el que se notan perfectamente los tres elementos ya mencionados:

El estanque antiguo

Salta la rana

El ruido del agua.

Otro haikú de Basho es:

Sobre la rama seca

un cuervo se ha posado…

El final del otoño.

El haikú se convirtió en la forma poética favorita de los japoneses y aún en nuestros días lo sigue siendo. Su encanto ha llegado también a los occidentales y son muchos los que se sienten atraídos por estos poemas en miniatura, principalmente los de la escuela imaginativa que dicen: “Las ideas poéticas se expresan mejor con imágenes concretas que con muchos comentarios”.

El haikú llegó a México a través de José Juan Tablada, aunque él rara vez respetó la estructura clásica de esta composición poética que debe ser de tres versos, el primero de cinco sílabas, el segundo de siete sílabas y el tercero de cinco sílabas, en total 17 sílabas poéticas. El primer verso y el tercero deben rimar en forma asonante (únicamente las dos vocales finales de cada verso), y el segundo verso queda libre. En la actualidad se considera un haikú cualquier poema de tres versos ya sea que siga la estructura clásica o no, hay libertad absoluta.

Los primeros haikús de Tablada aparecen en el año de 1919, uno de los más conocidos de este poeta es:

De verano, roja y fría

carcajada,

rebanada de sandía.

Otro haikú de Tablada en el que sí guarda la estructura clásica del poema:

Trozos de barro:

por la senda en penumbra

saltan los sapos.

Tablada publicó dos pequeños libros de haikús: “Un día” y “El Jarro de Flores” que fueron acogidos con entusiasmo, tanto así que muchos poetas se entusiasmaron y cultivaron el haikú logrando su popularidad y la publicación de libros de haikús de diferentes autores como Rafael Lorenzo, José Rubén Romero, Francisco Monterde y muchos otros entre los que se encuentra José Villalobos Ortiz poeta casi olvidado, originario de Lagos de Moreno, que publicó en 1939 su libro “Amor” de exquisitos haikús como éste:

No sabe el gorrión

que cuando se baña

tira diamantes al sol.

Después, muchos poetas consagrados o no,  escritores, o personas amantes de la poesía, han incursionado en la creación de estos poemas breves y han publicado sus obras. También, por la sencillez y brevedad del haikú, se ha venido utilizando para guiar e impulsar a la infancia en la lectura y la creación literaria. Así lo hizo el Frente de Afirmación Hispanista, A. C. al lanzar su convocatoria a los Primeros Juegos Florales de Poesía Haikú Infantil, en Michoacán. Convocatoria en la que participó el alumnado de varias escuelas primarias con muy buenos resultados, de tal forma que, en enero de 1999, se editó una hermosa antología con los mejores haikús escritos por los niños y niñas participantes. La edición se realizó con el apoyo de distintas instituciones. Algunos ejemplos de esos haikús son:

De José Manuel Fuentes Serrano de 3er grado:

Sol tan brillante

ilumina el camino

a los andantes.

De Daniela Hernández Sánchez, de 2º grado:

Luna de luces

estrellas fulgurosas

nubes azules.

De Nora Alejandra García, de 6º grado:

La rosa te di

tu corazón yo toqué

y me sorprendí.

De Gabriel Baltazar Pedroza, de 6º grado:

Amor es bello

en todos lados está

como un sello.

Desde luego, el resultado de este concurso ha sido bueno aunque en estas creaciones infantiles no exista esa chispa que debe tener el haikú, pero se han ceñido a la estructura clásica y esto es ya un reto del que salieron airosos.

Personalmente, me atrae y cultivo el haikú. Me gusta por su brevedad en palabras y por su profundidad evocadora de su contenido. Pienso que su verdadero valor radica en lo que no está escrito y que el poeta lo sugiere o lo hace brotar a través de esas pocas palabras. En seguida comparto con ustedes algunos de mis haikús:

Temblor de espera

entre encajes de seda

la araña sueña

Al charco quieto

cae danzando la hoja.

Se rompe el cielo.

Cada mañana

repican cien palomas

las dos campanas.

Entre lo verde

el chirrear de cigarras.

Verano ardiente.

 

Al infinito

columna danzarina

del remolino.

 

Nubes en celo

lanzan sus dagas blancas.

Retumba el trueno.

 

Adioses blancos

esparcen las gaviotas.

Mar de verano.

 

Luna tras luna

y tú en mi pensamiento

viviéndome estás.

Sin duda, el haikú llegó a occidente para quedarse, su sencillez y brevedad ha cautivado no únicamente a poetas consagrados, sino también a niños y a personas sin vocación literaria. Todos podemos escribir haikús. ¿Se anima usted a escribir algunos?