Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., 17 de octubre de 1914.
Lo más significativo de la sesión de hoy fue la visita que realizó a la Convención el señor general Francisco Villa. En efecto, el jefe de la División del Norte llegó a esta ciudad ayer por la tarde y se presentó hoy en el Teatro Morelos.
Como se recordará, tanto la División del Norte como el general Villa se encuentran estacionados en la cercana población zacatecana de Guadalupe, desde donde se trasladó el primero, acompañado por una fuerte escolta de los famosos dorados.
Hacia las 17:30 horas aproximadamente, mientras los delegados trabajaban, se escucharon gritos en la entrada del recinto de las deliberaciones, que fueron seguidos por el movimiento de personas. Para sorpresa de todos los presentes, un instante después hizo la entrada en el patio de butacas del teatro el general Villa, acompañado por el señor Leon Canova, representante del presidente de los Estados Unidos de América, señor Woodrow Wilson, ante la División del Norte.
Como era de esperarse, los trabajos de la Asamblea se interrumpieron para recibir al vencedor de Zacatecas con una impresionante ovación.
El general Villa entró y se sentó entre los delegados. Sin embargo, el señor presidente de la Convención, general Villarreal, al tiempo que le daba la bienvenida, lo invitó a tomar asiento en las sillas situadas a un lado de la presidencia, en el foro.
El duranguense se mostró renuente a ocupar el lugar que le ofrecían ya que, “conforme a mi parecer -explicó-, es para hombres de muchas luces de inteligencia y de grandes conocimientos tocante a todas las cosas”.
Sin embargo, como el general Villarreal insistiera, el Centauro del Norte terminó por aceptar la invitación, y subió a ocupar su lugar en medio de grandes aplausos. Inmediatamente después comenzaron a escucharse voces que pedían que el célebre visitante hablara. Éste, por su parte, declaró que sí lo haría, pero que nadie esperara que dijera grandes cosas. “Yo no podría iluminarlos en sus deliberaciones por mi falta de saber -declaró-; oscuro yo por mi origen; oscuro también por no haber conocido nunca una escuela”.
Una vez que el tributo a su persona hubo cesado, el auditorio escuchó con toda atención al invicto jefe de la División del Norte que, puesto de pie, le dirigió las siguientes palabras:
“Compañeritos -comenzó-, señores delegados y oficiales que supieron estar a la altura del deber para que todos juntos derrocáramos la tiranía del nombrado gobierno de Victoriano Huerta: sobre nada puedo yo orientarlos ni iluminarlos, pero van a oír palabras de un hombre que llega delante de ustedes con toda la incultura que lo persigue desde la hora de su nacimiento. Y si hay aquí hombres conscientes y de saber que comprendan los deberes para con la Patria y los sentimientos para con la humanidad, Francisco Villa no hará que esos hombres se avergüencen de él. Porque yo, señores, no pido nada para mí; yo sólo salí a la lucha en cumplimiento de mis deberes, y no quiero que nada venga en beneficio de mi persona, ni pago de mis servicios, sino que todo sea para el bien del pueblo y en alivio de los pobres.
“Nomás esto les digo -advirtió el duranguense-: quiero ver claros los destinos de mi país, porque mucho he sufrido por él, y no consiento que otros hombres mexicanos, mis hermanos, sufran lo que yo he sufrido, ni que haya mujeres y niños que sufran lo que yo he sufrido por esas montañas y esos campos y esas haciendas.
“En manos de ustedes está el futuro de la Patria -agregó-, está el destino de todos nosotros los mexicanos, y si eso se pierde, sobre la conciencia de ustedes, que son personas de leyes y de saber, pesará toda la responsabilidad.”
El general Villa no pudo continuar con sus palabras. La emoción le ganó y las lágrimas quebraron su voz. Al ver así a hombre tan valiente y temerario, la Asamblea le brindó el homenaje de su aplauso, sólo comparable al del día 14, fecha en que la Convención se declaró Soberana. Los representantes aplaudieron de pie y el general Villarreal abandonó su sitio en el centro de la Mesa y abrazó calurosamente a Villa.
“Señor general Villa -declaró Villarreal-, en usted ponen su fe todos los delegados de esta Convención; en usted ponen su confianza todos los hombres de nuestra Patria. Nosotros comprendemos que al venir usted aquí anuncia su propósito de cumplir y hacer cumplir los acuerdos que en esta Convención se concierten. Y algo más le digo, señor general, en nombre mío y de todos los delegados que me escuchan; es usted un hombre revolucionario de muy grande corazón, frágil como el cristal para llorar y fuerte como el bronce para resistir, y por la blandura de usted, señor general Villa, descubrimos nosotros la emoción con que nuestro pueblo siente sus dolores, y en la fortaleza de usted y en el empuje de sus armas reconocemos el vigor con que nuestro pueblo lucha contra las injusticias que padece.”
Acto seguido, el general Villarreal le tomó la protesta reglamentaria y a continuación Villa, en medio de un ambiente colmado por la emoción y la solemnidad, firmó sobre la bandera. Después bajó del foro y mientras lo hacía se le acercó el general Álvaro Obregón, que lo abrazó muy efusivamente. “Espero que sepan comprender los sentimientos de nosotros -le dijo entonces el jefe de la División del Norte al comandante del Cuerpo de Ejército del Noroeste-; porque yo no seré sombra del porvenir mexicano. La historia sabrá cuáles son sus verdaderos hijos”. Obregón, con una sonrisa maliciosa, le contestó: “exactamente, señor”.
Al salir a la calle este “reporter” tuvo la oportunidad de conversar unos instantes con tan ilustre huésped, al que preguntamos sobre la importancia y eficacia de esta Convención. “Mire, muchachito -dijo-, hay muchos obstáculos en los caminos de esta Convención. Unos son obras de Carranza, que está moviendo el tapete a través de los jefes que le son adictos, y otros vienen de la desconfianza que yo y mis muchachitos les provocamos a ellos. Nomás me muevo tantito o se mueven mis fuerzas, y todos estos perfumados me criminan con sus alharacas.
“Ahí está lo del movimiento de tropas de mi compadre Urbina, aquí al pueblo que nombran Rincón de Romos -explicó-. Dicen que es para aventarme sobre esta Convención, que para violar su neutralidad, por más que se les ha dicho que fue por motivo de que necesitábamos pasturas para nuestro ganado y alimentos para nuestra gente, pero no quieren entender estas miras.”
General, se dice que usted vino a Aguascalientes a hacer sentir su fuerza y a apoyar la candidatura presidencial del general Obregón, ¿qué hay de cierto en esto?” -preguntó un compañero periodista-.
El general Villa puso su mano en el hombro del que cuestionaba y contestó: “¡Ah que muchachitos estos tan curiosos!” Acto seguido, siguió su camino. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com ).