Jesús Eduardo Martín Jáuregui

El desquiciamiento del presidente López Obrador ha alcanzado niveles altamente preocupantes, desde las alturas que cree alcanzar, pontifica, ata y desata, crea y destruye a su capricho. Ahora resulta que a la Patria no sólo un soldado en cada hijo le dió Dios, sino que AMLO dió a cada hijo un Ángel de la Guarda, encarnado en un soldado, un marino, un aviador o un guardia nacional. Supongo que habrá que rezar: Ángel de mi guarda, dulce Compañía o Brigada o Regimiento o Escuadrón…etc., etc.. Él que regresaría a los soldados a sus cuarteles ahora se arrebuja, se cobija y se protege del pueblo no sabio, porque el sabio, el comprado con una pitanza, el incondicional que vive esperanzado y dependiente de una limosna, le vé como nunca se debería ver a un gobernante en una democracia, como superior e omnipotente rodeado de una corte de Ángeles (ahora lo sabemos) pero también arcángeles, querubines, serafines, tronos, potestades y dominaciones de la 4T.

La plaza de la Constitución de la Ciudad de México fue el lugar favorito para las manifestaciones multitudinarias, en las que, como el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, los seguidores se multiplicaban llegando a ser millones donde sólo cabían doscientos mil. Ahora ya no es su lugar favorito porque en las multitudes, sus adversarios pueden infiltrar veinte reventadores que podrían mancillar la investidura presidencial. Sí, el mismo que se refirió con los peores epítetos a Salinas, a Fox, a Calderón y a Peña Nieto, ahora no puede permitir que se cuestione su impoluta divinidad. Ya en las manifestaciones populares de exigencias, reclamos, o peticiones, se había pertrechado y puesto a cubierto por una triple valla de acero que protegía Palacio Nacional, él, que dijo que no requería vigilancia porque el pueblo bueno lo cuidaba, no esconde su temor y exhibe su incapacidad para el diálogo, la negociación o el debate. Toda su capacidad de negociación se reduce a los rounds de sombra, o la simulación con los sparrings, tipo Lord Molécula, en las Mañaneras. Ejercicio de autoensalzamiento con un coro de aduladores.

La kermesse del 16 de septiembre se repitió el veinte de noviembre. Un espectáculo circense a cargo del ejército que despliega sus pobres habilidades histriónicas, con montajes ridículos, bailables de festival de cursos, poesías corales y lo más ramplón del repertorio patriotero y chauvinista. Además fue el foro para el informe del general de cuatro estrellas, el mismo de los viajes turísticos familiares a cargo del erario, el gerente de las obras fastuosas (es un decir) cuyo precio se ha multiplicado, pero que nunca será auditado (¿alguien se atrevería a intentarlo con el ejército?), El general informó de los banquitos que han hecho, de los cuarteles, de los apoyos en casos de desastre (excepto Acapulco que ya acabó la emergencia), del trenecito, de la albercota de dos bocas y dos veces su costo, del aeropuerto de juguete del preciso, etc., etc.,. El informe dió cuenta de lo que ha hecho, todo lo que no le tocaría hacer al ejército.

El Ejército no ha hecho lo que se supone tendría que haber hecho a estas alturas, acabar con el crimen organizado con una campaña extensiva de abrazos, terminar con la inseguridad comunicando a las abuelas las mal portancias de los nietos, reconquistar los territorios nacionales en poder de los carteles con kermesses como la del Zócalo. Mientras daba su informe previo al “chou” militar, en Cuernavaca en pleno centro la policía municipal se enfrentaba a balazos con delincuentes, la Guardia Nacional y el Ejército no pudieron apoyar porque seguramente fueron convocados al festival de la Revolución. Toda la semana anterior había sido de asesinatos de la delincuencia organizada, en Guanajuato, en Jalisco, en Zacatecas, en Nuevo León, en Michoacán, en Tamaulipas, etc., etc., sólo que los cuerpos que habrían de encargarse de prevenirlos o reprimirlos se encuentran trabajando en las obras prioritarias del gobierno.

El festival del Zócalo fue por conmemorar la Constitución, un mito que habría de ser enterrado, porque lamentablemente ya se descompuso y huele muy mal. Por incomodar al despistado lector le formularé una simple pregunta: ¿Cuándo se inició la Revolución Mexicana? Seguramente responderá si recuerda sus lecciones de Historia Patria o escuchó el discurso del Peje, que el veinte de noviembre por decreto de Francisco I. Madero. Otra más: ¿Qué se proponía Madero?, ¡Claro, muy bien!, acabar con la dictadura, con el dictador o simplemente con el régimen porfirista. Era sin duda una revolución burguesa, por la defensa del sufragio y del régimen democrático y republicano. El general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori presentó su renuncia a la presidencia de la República el día 25 de mayo de 1911 en la Cámara de Diputados. Logrado el objetivo la revolución se terminó. Se convocó a elecciones, Madero ganó y asumió la presidencia. Lo que siguió fue una lucha de egos, de facciones, de intereses personales y de grupúsculos, alimentados algunos por gobiernos extranjeros, con apoyos directos de EE.UU. para Francisco Villa, a quien luego se los retiraron para brindárselos a Carranza que les ofrecía mayor garantía para sus intereses y más tarde a Obregón.

Un desfile de traidores, asesinos, amorales, Huerta traiciona y asesina a Madero, a Huerta le cobran con la misma moneda, Carranza asesina a Zapata, Obregón a Carranza y a Villa, Calles a Obregón, y finalmente con el apoyo del ejército Cárdenas se deshace de Calles y logra una temporada más o menos estable para el país, no obstante algunos esporádicos y pequeños levantamientos militares.

Nada que celebrar, pero si lamentar y ver con profunda preocupación como la presencia militar se ha ido extendiendo en los últimos cuatro años a prácticamente toda la actividad de la administración pública. Se cumplirá en breve el plazo que se estableció para que se organizara una fuerza policíaca civil para que las fuerzas militares regresaran a sus cuarteles, se de cierto que no sólo se organizó esa fuerza civil, sino que no se quiso organizar. El ejército ya probó el ejercicio de actividades que, como ha pasado con muchos políticos les dejan pingües ganancias. Mucho me tamo que les haya gustado.

Nuestro voto puede cambiar esa tendencia,

Finalmente esto lo digo, porque nunca aprendí a llevar el paso en los desfiles.

 

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