La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el suicidio es una prioridad para la salud pública. Cada año se suicidan cerca de 700 mil personas, pero por cada suicidio consumado hay muchas tentativas de suicidio. En Medicina Forense se clasifican a las Muertes Violentas como Accidentales, Homicidas y Suicidas. Podemos académicamente definir al suicidio como la muerte auto infligida con evidencia (explícita o implícita) de que la persona tiene intención de auto provocarse la muerte. Es una muerte de difícil diagnóstico integral medicolegal, incluso hay casos en los que no es posible determinarlos con claridad, ni con la muy de moda autopsia psicológica. Es una muerte a menudo inesperada, rápida y con una enorme repercusión social, es una muerte que deja en el entorno familiar inquietudes lacerantes y sentimientos encontrados, culpabilidad, desaliento.

Como lo hemos comentado antes, la conducta suicida es por demás compleja, multidimensional y multicausada, tiene muchas aristas, enfoques y reflexiones que convergen en la única finalidad de comprender el fenómeno para adoptar medidas de prevención transdiciplinarias cada vez más eficaces, coordinadas y colaborativas por parte de las autoridades, asociaciones, instituciones y la sociedad civil, ya que es un tema de imperante relevancia en la Salud Pública.

Hasta hoy, conocemos muchas cosas sobre el tema, lo que representa una ventaja para promover políticas públicas: conocemos que el que se suicida expresó lo que ocurriría con palabras, amenazas o cambios de conducta en algún momento y que de algún modo, aparecen síntomas que se han definido como síndrome presuicidal; que su situación es ambivalente con deseos de morir o vivir, morir si la vida continúa de la misma manera y vivir si se produjeran pequeños cambios en ella; que las crisis suicidas tienen recaídas, el peligro no ha pasado; el suicida es una persona que sufre, por lo que hablar con ella si se sospecha que está en riesgo no lo incita a suicidarse, antes bien, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos; con este conocimiento el primer paso a la prevención está ganado, pero el camino es largo y se requiere voluntad participativa, ya que en un contexto pragmático la tarea es evitarlo.

El hombre siempre ha tenido el poder de decidir su propia muerte, sin embargo, casi nunca se ha considerado que le haya correspondido el derecho de hacerlo porque en el caso del Estado Mexicano, la vida es un bien jurídico tutelado, el cual se presupone deberá preservarse en todo momento; de ahí surge la idea de transgresión, el suicidio. De tal manera que el compromiso legal trasciende a Instituciones, Sociedad civil, Organizaciones, Autoridades y demás instancias de poder para procurar este propósito, por lo que resultan inconvenientes para el interés público los suicidios.

Para cerrar este ciclo de entregas sobre los suicidios, sin pretender ser concluyente dada la naturaleza del tema y con la esperanza de haber incorporado una opinión propositiva, que logre una confección más sensible e integral del fenómeno suicida, rompiendo paradigmasque nos permitan crear políticas públicas contemporáneas de carácter preventivas y que cada uno, desde nuestro ámbito, asumamos un compromiso solidario y participativo.

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