Carlos Reyes Sahagún
Cronista del Municipio de Aguascalientes

Tengo la pena de comunicarle que por una inexpliheimer y desgraciada circunstancia, en la entrega de la semana pasada, a la hora de enumerar a los nuevos miembros de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana en Aguascalientes, omití los nombres de dos de ellos, que ahora menciono para que existan en este documento: ellos son Consuelo Medina y Ricardo Orozco Castellanos. La primera procede de la Historia en tanto Orozco es escritor, poeta y cuentista. En verdad lamento la omisión porque ofende a los afectados, además de atentar en contra de una de las reglas áureas que animan a este servidor de la palabra que pretendo ser, pero ya quedó subsanada.

Aclarado el bochornoso asunto -¡ya hasta querían filmar una reposición de Los olvidados, ahora bajo mi desatinada dirección!- le comento que las demás conferencias que tuvimos fueron las siguientes: el uno de octubre se presentó el arquitecto Felipe Leal, vicepresidente del Seminario de Cultura, con una plática que se refirió a su obra personal.

Quizá fue esta la más afortunada de las actividades, dado que el evento se incluyó en la semana de arquitectura de la UAA, por lo que hubo abundante presencia de estudiantes de esta artística profesión. Tal vez me equivoque, pero creo que para un estudiante siempre es estimulante conocer a alguien de su profesión que ha hecho una carrera exitosa, como es el caso.

Por cierto que en plática de sobreconferencia –no sobremesa– nos enteramos que el arquitecto Leal tiene ancestros en Aguascalientes. Su abuelo es, fue, el industrial Juan Leal, que operó una fábrica de jabones que llevó su nombre, y que se ubicó en el costado poniente del Jardín de la Estación, la misma que se transformó luego en la Jabonera del Centro, y después en nada, cerró y quedó ahí como un monumento de arquitectura industrial, hasta que en un sabadazo la derrumbaron. Sin duda esto acarreó una maldición sobre quienes cometieron este atentado, porque el centrito comercial que se construyó, nunca tuvo éxito, y ahí sigue…

También muy estimulante fue la plática que ofreció la doctora Norah Barba Behrens, quien en su intervención se refirió a “Los metales en el cuerpo, sobre la acción de los elementos contenidos en los alimentos que consumimos, la manera como inciden en nuestro cuerpo.

El fasto por el 75º aniversario del Seminario terminó, un poco a la manera como culmina el primer movimiento de la sexta sinfonía de Tchaikovsky, con la conferencia “Trayectoria de Picasso”, impartida por el escritor Hugo Hiriart.

Mucho más podría decirse sobre aquellos días gozosos, pero el espacio se agota. Así que concluiré con los siguientes cuatro comentarios.

No. 1: Declaro que me sentí un tanto decepcionado con la plática del doctor Jaime Morera, que presentó el tema “Eternidad Novohispana: los novísimos en el arte virreinal”, por cierto muy interesante, y para mí novedoso. Sin embargo no era ese el tema anunciado, sino “La guerra de las vírgenes: Guadalupe contra la Virgen de los Remedios”, que planteaba una situación por demás insólita: la madre del Salvador enfrentada a sí misma en la guerra de independencia, pero al parecer a alguien se le hizo bolas el engrudo y no transmitió de manera pertinente la información, o por lo menos eso nos dijeron.

No. 2: Mi conclusión general es que vinieron algunas de las mentes más interesantes y valiosas del país, cada una de ellas en su ámbito de acción. También comprobé que la gente grande, la de veras grande, es sencilla y accesible; horizontal, y no se anda con afectaciones.

No. 3. A la hora de confeccionar el programa de conferencias, los miembros de la corresponsalía nos organizamos para recoger en el aeropuerto a los ponentes, llevarlos a su hotel, y hacer el camino inverso. A mí me tocó en suerte –el término es exacto– llevar al aeropuerto a la doctora Herminia Pasantes, que vino acompañada de una nieta, y a cuya conferencia no pude asistir, por desgracia. En cambio tuve la oportunidad única de conversar con ella camino al puerto aéreo –y ya metido en ese trance, fuimos a vuelta de rueda, para alargar este tiempo privilegiado. La doctora Pasantes es Premio Nacional de Ciencias y Artes, tiene 82 años y se mantiene en activo y vigente, y en el camino me fue contando como fue que se abrió paso en el ámbito académico, en una época en que no era precisamente bien visto que las mujeres se dedicaran a esos menesteres.

No. 4. Como un gesto de gratitud por el viaje me obsequió su libro “De neuronas, emociones y motivaciones, un volumen publicado por el Fondo de Cultura Económica en su colección “La ciencia para todos”. Y a propósito de libros, tengo la impresión de que el maestro Carlos Prieto se sintió entusiasmado con el hecho de que tuviera yo tres obras de su autoría, el último adquirido la noche anterior, al terminar el concierto, una biografía del compositor soviético Dmitri Sostakovich, con el que, por cierto, se entrevistó en varias ocasiones, e incluso aprendió a hablar ruso para hablar con él, según nos contó en la comida memorable.

Da pena ajena pero, según recordó, la ocasión en que lo conoció, en Monterrey, se situó en el proscenio del teatro donde se presentó el ruso y le habló. Este se acercó, e intercambiaron algunas palabras hasta que, como perros de caza, se acercaron los perros guardianes que venían cuidando al maestro; no fuera a ser que revelara el secreto de la bomba termonuclear soviética.

Digo que quizá le emocionó eso, que llevara sus libros; quizá. El hecho es que prometió enviarme otro libro, sobre sus andanzas en China. Le di mis datos, no sin considerar que quizá lo olvidara, o perdiera la tarjetita en que anoté mis generales, o pasara la emoción; algo así.

Felizmente me equivoqué y el libro llegó puntualmente días después, y no sólo eso, sino que me envió dos, el prometido “Por la milenaria China. Historias, vivencias y comentarios” y uno más: “De la URSS a Rusia, tres décadas de experiencias y observaciones de un testigo. Así que ya tengo abundante material para estas vacaciones. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).