Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Cuando se trata de componerle odas al cinismo con toques de nihilismo pipiolo, nadie como James Gunn. Este señor que comenzara colaborando en la realización de deliciosa basura para paladares serie “Z” como el de su servidor en la factoría Troma se ha labrado un camino de esplendor y adoración gracias a su gusto por la visceralidad y el humor grotesco que descuella en obras muy referenciales pero entretenidas por su desembarazado manejo de la cultura cinematográfica y pop gringas (“Criaturas Rastreras”, “Súper”) o las que supieron meter en ácido light sus modelos previamente solemnes o bisoños apoyado de algunos recursos sensibleros (su díptico de “Guardianes de la Galaxia”). “El Escuadrón Suicida” viene a ser el cazo donde todos estos ingredientes se mezclan a punto de refinamiento para mostrarnos no sólo que se trata del mejor trabajo de Gunn hasta la fecha, sino además lo que su predecesora filmada por David Ayer hace 5 años debió ser, un muestrario de humor negro bañado en sangre en concordancia con sus psicopáticos protagonistas.

La película retoma la línea argumental de “Los Doce del Patíbulo” (Aldritch, E.U., 1967) sobre un puñado de personajes antiheróicos que son obligados a sacrificar sus vidas en una misión de extremo riesgo en permuta por reducción a su sentencia pero desarrollada bajo los parámetros ya inscritos por Tarantino para relatos de extrema violencia y caracteres descarados a los que además se les añade una dosis de absurdo al tratarse de individuos con poderes, algunos tan disparatados como puntos de colores corrosivos. Desde un inicio la cinta muestra su desprecio por su predecesora, asesinando a algunos de sus personajes principales en los primeros 20 minutos o desapareciéndolos por completo (ergo, no hay un latoso Will Smith en esta continuación), por lo que el protagonismo recaerá en Bloodsport (Idris Elba), un tirador experto que es coaccionado por la directora del Proyecto Tarea Especial X Amanda Waller (Viola Davis) mediante el ya visto implante de microexplosivos en la nuca (todo un guiño a “Escape de Nueva York” de John Carpenter) y la amenaza de encarcelar a su hija adolescente por varias fechorías menores si se rehúsa, para que dirija a un grupo a una isla hispanohablante llamada Corto Maltese (algo así como una cruza entre Cuba y Puerto Rico) donde un general (Juan Diego Botto) y su lugarteniente (Joaquín Cosío) han creado algo llamado “Proyecto Estrella de Mar” que puede ser desfavorable para los Estados Unidos. El equipo a infiltrarse está compuesto por Ratcatcher 2 (Daniela Melchior), hija del difunto Ratcatcher 1 (TaikaWaititi) quien por su condición de orfandad se convertirá en algo así como la hija sustituta de Bloodsport; Pacificador (John Cena), todo un republicano con tendencias fascistas que ama y maneja las armas con extremidad; Rey Tiburón (voz de Sylvester Stallone), también conocido como Nanaue, un escualo de dos metros con limitada inteligencia y la inocencia de un niño pero capaz de fagocitar humanos en dos o tres mordidas; Polka-Dot Man (David Dastmalchian), quien trata de superar una infancia pletórica de abusos maternos lanzando coloridos puntos destructivos; Rick Flag (Joel Kinnaman), el operativo de Waller para mantener a raya a estos dementes superpoderosos y la infaltable Harley Quinn (Margot Robbie), personaje insigne de la franquicia.

James Gunn focaliza su guion en las fortalezas psicológicas de cada uno y una de forma tal que todos(as) y cada uno(a) de los personajes logren obtener un desarrollo sustancioso para que el espectador no los perciba como mera carne de cañón, en particular Quinn, quien supera el estigma de la loca simpática para incluso jugar con los roles de mujer cautiva y arquetipos de “princesa” de forma invariablemente violenta y eficaz, mientras que sus compañeros manejan sus respectivos roles de manera sólida, separando la caricaturización para los momentos de extrema brutalidad con bastos salpicones gore de las atenciones sensibles requeridas en momentos de introspección para que el equilibrio se sostenga. Por supuesto, jamás se le debe exigir mucho a una película donde un tiburón antropomorfo devora a una persona mientras entona “Ñam Ñam”, pero por fortuna la cinta da suficientes herramientas para que además de un mero espectáculo sensorial también nos dé algo en qué pensar, como la sátira intertextual sobre el imperialismo norteamericano aún rampante, la subyugación del Tercer Mundo por facciones militares y el papel que juega el género en proyectos como éste sin meterse en honduras metalingüísticas que la envuelvan en posturas petulantes que ni siquiera le corresponden. Más ahí están varios elementos narrativos que funcionan por su maciza construcción ocultos entre explosiones, muchos disparos y diversas formas de despedazar al prójimo. “El Escuadrón Suicida” es una de las mejores películas en el universo cinematográfico de la DC y uno de los escapismos más logrados en lo que va del año.

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