Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, por lo general, ocupo estas líneas para abordar temas de actualidad en materia jurídica, política o socioeconómica. En el transcurso de la presente semana, pensé que sería bueno comentar acerca de la discusión, en el seno del Poder Legislativo federal, de las Leyes secundarias derivadas de la controvertida «reforma energética». También consideré hacer un recuento de la visita del Presidente Peña a España, Portugal y el Vaticano, particularmente sobre la invitación que le hizo nuestro mandatario al Papa Francisco para que visite México el próximo año. En estos últimos días, confieso que estuve tentado a desviar mi línea editorial al tema de moda, la copa mundial de fútbol, sobre todo después de la victoria de nuestra selección del día de ayer.

Sin embargo, ninguno de estos tópicos me hizo reflexionar tanto como para dejar de resaltar lo que celebraremos el día de mañana y me refiero al festejo del «día del padre». Si me lo permite, quisiera compartir con Usted algunas consideraciones de lo mucho que significa para mí el «ser padre».

Primero que nada, debo afirmar que «ser padre» es lo más especial que he podido experimentar en mi vida. Anhelaba mucho serlo y en eso llegó al mundo mi hijo Carlos Enrique, convirtiéndose en la bendición más grande que he recibido por parte de Dios. A partir de ese momento, mi vida cambió completamente. Mi forma de vivir, de sentir, de pensar, de actuar y de buscar la felicidad se ha modificado de manera importante. No cabe duda de que es maravilloso ese vínculo sanguíneo y afectivo que se forma entre un padre y su hij@.

Hago la aclaración que esa dicha que me ha provocado la paternidad, así como la responsabilidad que la acompaña, no me ha impedido seguir disfrutando de todos los demás factores que me integran mi felicidad personal, como mi esposa, mi familia, mis amigos, mi trabajo, mis proyectos, mis aficiones, etc. Afortunadamente, he podido integrar a mi hijo en muchas de las actividades que diariamente realizo. Todo ello hace que mis días sean mucho más completos y sumamente satisfactorios.

«Ser padre» implica una enorme responsabilidad, no sólo por el tiempo que inviertes con tu hij@ o por el hecho de cubrir sus necesidad materiales o de educación. Esta responsabilidad abarca todo lo que dices y haces, por ese ejemplo es el que tu hij@ toma en cuenta para regir sus futuras conductas.

Finalmente, debo admitir que, en gran medida, mi forma de entender y vivir la paternidad la aprendí de mi propio padre y mis abuelos. Gracias a mi padre, pude comprender que la auténtica y verdadera felicidad la encuentras en la familia y que todo lo demás es importante para complementarla pero siempre en un segundo plano. De mi padre, he aprendido muchos valores, como el de la fe y la esperanza, el esfuerzo diario y constante, la honestidad y la honradez, el compromiso con lo que haces y piensas y la lealtad, por mencionar algunos. Asimismo, mis abuelos Enrique y Miguel fueron y siguen siendo un ejemplo de vida importantísimo para mí.

A manera de conclusión, el reto de ser «un buen padre» es el desafío más importante de mi vida, bastante complejo pero, al mismo tiempo, el que mayores satisfacciones me entrega. En ello, trabajo todos los días, espero no defraudar a mi hijo en mis intentos.

Una felicitación muy sincera y afectuosa para todos aquellos padres que me favorecen con su lectura, empezando por mi querido papá. Feliz día del padre!!!

Fe de erratas: En la entrega de la semana pasada, señalé que el Rey Juan Carlos I había asumido la Jefatura del Estado español el 22 de diciembre de 1975, cuando la fecha correcta es la del 22 de noviembre de 1975. Usted disculpará el error involuntario.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención.Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo