América Juárez
Agencia Reforma

Tras dos años de pandemia, tu jefe pide a través de un correo que retornes a la oficina. Ha terminando el plan de home office.

La noticia te angustia: debes levantarte más temprano, soportar el tráfico vehicular y quizá hasta comprar ropa, pues dejaste de invertir en prendas para el trabajo cuando te mandaron a casa.

Tal sensación de malestar es palpable en el actual ambiente laboral, coinciden expertos en capital humano y psicología.

«Sí existen personas que sienten ansiedad ante la obligación de volver al lugar de trabajo. Es un desánimo que noto particularmente en la gente que demostró ser altamente efectiva en casa», indica José Sánper, psicoterapeuta y especialista en desarrollo humano.

Incluso, señala, observa a un grupo de jóvenes profesionistas que comenzó a laborar en plena pandemia y no conoce lo que es asistir a la empresa.

Estas nuevas generaciones desean tener la oportunidad de laborar a distancia. La empresa que no sea capaz de satisfacer esta demanda, dice, quizá batalle ahora para captar a la fuerza laboral joven.

El fenómeno involucra, también, el tema de la comodidad, considera José Carlos Sánchez, director de la Licenciatura en Dirección Estratégica de Capital Humano y la Licenciatura en Dirección y Administración de Empresas de la Universidad de Monterrey (UDEM)

«Dejar lo más fácil se vuelve difícil. Es más fácil levantarme más tarde, cambiarme solamente de la cintura para arriba, que es lo que sale en Zoom, y seguir en shorts, pantuflas o pants.

«Es más fácil terminar las juntas y estar en casa con el refrigerador al lado o en la cama, o apagar mi cámara si la junta me aburre. Esto es una parte importante de la resistencia al regreso».

Pero independientemente de las razones, continúa, es un hecho que la realidad actual de las empresas es distinta a la de hace dos años: existe una nueva mentalidad que demanda la adaptación de las organizaciones.

«Todo depende en gran parte de quienes estamos a cargo de la gente, de cómo lo manejamos. Si no sé ser flexible, impondré el ‘tiene que ser como antes’. Pero, ¿por qué tiene que ser como antes? A lo mejor algunas cosas cambiaron para bien».

PROS Y CONTRAS

El home office tiene pros y contras que vale la pena conocer, admite Sánchez.

En la columna de las ventajas, por ejemplo, está la mayor libertad de acomodar los horarios, abriendo espacios para atender responsabilidades familiares, lo cual es sumamente atractivo para las personas con hijos. Ni se diga del ahorro de la gasolina y el decir adiós a los tiempos de traslado.

Más puntos positivos, complementa Sánper, son la oportunidad de consumir comida casera, que tiende a ser más saludable, así como la posibilidad de dormir una hora más por las mañanas e, incluso, tomar una breve siesta.

La empresa, por su parte, ve el ahorro de energía y otros recursos que hubiera gastado al tener al personal en la oficina.

Sin embargo, continúa el psicoterapeuta, el home office también trajo jornadas laborales casi interminables, con personas batallando para «desconectarse» por las noches. Después de todo, dice, ¿cuántos no contestaron correos casi en la madrugada?

Además, es necesario tomar en cuenta que la separación física del personal puede volver más difícil la solución de problemas en el día a día, argumenta Sánchez.

CLAVE: LOS RESULTADOS

Frente a un panorama de ventajas y desventajas, los especialistas dividen las recomendaciones en dos categorías: empleadores y empleados.

Para empleadores

La herramienta más poderosa es la escucha activa.

Un jefe debe preguntar al empleado qué necesita, cómo se siente.

Se le puede cuestionar: ¿cuánto tiempo haces de tu casa a la oficina?, ¿qué porcentaje de tu paga se va en gastos de traslado?, ¿es posible que haga el mismo trabajo y ofrezca iguales resultados desde casa?

En caso de que requieras su presencia en la oficina, ¿cómo puedes flexibilizar horarios o ajustarlos para tener suficientes horas de comida y/o convivencia familiar?

Para empleados
La primera recomendación es ser honesto con uno mismo: ¿el home office es para mí?

Se necesita una alta capacidad de autodirección, de autogestionar el tiempo y estructurar el día.

¿Tienes la capacidad de cumplir con los objetivos diarios que tú mismo o los demás te imponen?, ¿puedes establecer límites en horarios?, ¿puedes cumplir responsabilidades sin necesidad de supervisión?.

Expresa tus deseos y necesidades de un modo productivo a tu jefe: muestra evidencia de los buenos resultados obtenidos desde el hogar.

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