María del Consuelo Medina de la Torre

Sin duda, una de las fuentes históricas más valiosas son los diarios personales, estos espacios privados donde se registra el acontecer de cada autor no solo para ejercitar la escritura, sino también para la autorreflexión y sentir de lo que sucede en su entorno, ofrecen al historiador un apreciable referente de los hechos históricos desde la perspectiva de una persona que presenció y vivió de manera directa los acontecimientos que le tocó vivir y son parte de la historia colectiva de cada lugar.
Un caso es el diario de Carmela, una mujer de 22 años que le tocó vivir en los años 20 del siglo XX, precisamente en los tiempos de la guerra cristera. Este valioso documento nos recrea bajo la mirada de esta joven, de profunda convicción religiosa, lo que sucedió en Aguascalientes durante la también conocida Cristiada.
El conflicto comenzó a raíz de la promulgación de la Ley de Tolerancia de Cultos, más conocida como “Ley Calles” (llamada así porque su principal impulsor fue el presidente Plutarco Elías Calles) en junio de 1926. Dicha legislación negaba la personalidad jurídica de las iglesias, prohibía la participación del clero en política, privaba a las iglesias de poseer bienes raíces y, desde luego, impedía el culto público fuera de los templos.
Ante esta imposición, como era de esperarse, la reacción de la población católica fue enfrentarse al gobierno por medio de las armas. Los estados donde más impactaron estos hechos bélicos fueron Jalisco, Guanajuato, San Luis Potosí, Michoacán, Colima, Zacatecas y, desde luego, Aguascalientes.
La guerra cristera quedó documentada en periódicos y documentos judiciales, así como en la historia oral, novelas autobiográficas y otros relatos, con la finalidad de contar lo sucedido por personas que presenciaron en carne propia lo vivido y quisieron dar sus testimonios y sus propias versiones para que estos hechos no se olviden y permanezcan en la memoria colectiva.
No menos importante como fuente histórica es el diario de Carmela, que va relatando los sucesos vividos y su propio sentir: “El sábado 24 de julio de 1926, estalló la terrible persecución contra nuestra santa Iglesia. Se ha visto en estos tristes días el odio terrible que nuestros enemigos nos tienen a los católicos. Parece que no quieren dejar todo solo y hacer nuestra pobre República protestante.”
Un acontecimiento trascendental dentro de esta guerra fue la suspensión del culto religioso público y el posterior cierre de iglesias. En su narración, Carmela nos hace saber la reacción de los aguascalentenses ante este suceso: “… estuvieron repletas (las iglesias) de chiquillos, muchachos, ancianos confesándose, confirmándose y muchísimos matrimonios y Primeras Comuniones … en una de ellas estuvieron niños decentes los que la recibían y se las daba el Padre Morones, en su fervorín les habló de la próxima persecución contra nuestra Iglesia, de repente ya no habló y sólo se oyó el llanto de la gente, ¿qué pasaría? Según nos contaron que, al estar el padre en lo más grande de su fervorín, diciendo palabras tan tristes, inclinó su cabeza, rompió a llorar y no pudo ya terminar.”
Además, detalla pormenores que nos transportan al tiempo y al espacio: “El viernes 30 de julio fuimos a Catedral a comulgar a las 6, estaba el Sr. Obispo Valdespino diciendo su misa, nos hizo jurar con la mano levantada en alto que mejor moriríamos antes que dejar nuestra religión…” Y prosigue: “Con muchísimas dificultades pudimos comulgar, pero cerca de las 8, por tantísima gente. Toda la mañana hasta las 12, estuvieron los padres dando la Comunión a las 9 fue la misa que le dijeron al Sr. Valdespino por su santo que era el 31, pero como ese día se esperaban las horribles calamidades contra nuestra Iglesia, se lo celebraron este día. El sermón se lo iba a decir el Sr. Díaz, pero ya no pudo venir, en su lugar se lo dijo el Sr. cura Maldonado, en las circunstancias en que estamos, su felicitación fue más bien un pésame, la gente lloró a gritos con un llanto tan lastimero, tan triste, que todos nuestros pechos estaban oprimidos.”
Y abunda: “Se pasó todo el día el Sr. Obispo confirmando……. Llegamos a catedral, estaba más llena que en la mañana, las gentes salían de las puertas y casi llegaban a media calle, como pudimos nos metimos y como llevamos sillas nos sentamos. Rezó el Sr. Cura Martínez, al último dijo que se despidieran de Jesús sacramentado, que tenía que abandonar su casa, la Iglesia, siguió hablándoles cosas semejantes haciendo las advertencias y a darles consejo, pero entonces estuvo peor que a ninguna otra hora, hombres, mujeres, niños, todos lloraban a gritos, hubo atacados, la Iglesia toda se veía envuelta en profundo dolor, siguió la Bendición con Nuestro Amo, terminó, apagaron las luces y el llanto de la gente no cesaba, por todos lados se oían suspiros, gritos, exclamaciones…”
Por sus escritos se puede deducir que Carmela estaba bien informada sobre lo que pasaba en estos difíciles momentos cuando señala: “Ahora, en octubre, nos han enviado un general terrible de apellido Ortiz, vino con tal furia que inmediatamente puso presos a los sacerdotes y católicos que pudo, entre ellos se cuenta el padre Morones que lo cogieron junto con diez muchachos, de la A.C.J.M el más chico de 11 años lo cogieron a golpes para que respondiera a sus preguntas…” “A Regino Amador lo metieron preso porque en su hotel admitía sacerdotes, maltrataron a su esposa y le cogieron el hotel…” (El Sr. Amador era dueño del hotel “Regis” ubicado en la calle Centenario ahora Juan de Montoro).
Carmela no deja de expresar su tristeza cuando escribe “El 13 de noviembre, fiesta del Señor del Encino … cada año había grandes fiestas, y ahora nada, el día triste, nublado, airiento, nos ayudó a estar más abatidos y tristes…” También se desanima: “Ya estamos a 8 de diciembre y nada, creen que del 12 al 25 se arreglará todo…”
La autora del diario mencionado deja de manifiesto su desesperanza y frustración cuando escribe “¡Qué Cuaresma del año 1927 más triste hemos pasado!! ¡Qué semana santa, Dios mío! Sin Sacerdotes, sin Jesús sacramentado, ¡y los paseos llenos de hombres y mujeres con tal regocijo y desvergüenza, que más dolor da! ¡Dios mío 9 meses de padecer! ¿Hasta cuándo seremos felices?”
La guerra cristera se dio por terminada en junio de 1929. En el contenido del diario de Carmela se pueden identificar acontecimientos comprobables y también apreciaciones exageradas de los mismos por parte de la autora del diario mencionado debido a su postura. Lo cierto es que, sin ser su intención, en este ejercicio de “descargar su alma”, Carmela nos dejó un importante testimonio de primera mano que permite conocer y comprender mejor esta parte de la historia de México. Ahí radica la importancia de su diario personal.