Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., siete de noviembre de 1914.
Desde que la Convención comenzó, hace casi un mes, la ciudad ha sufrido una radical transformación. Por principio de cuentas, la población ha aumentado sensiblemente, llenando hoteles y restaurantes, y congestionando la estación de los ferrocarriles, que ha registrado un tráfico nunca antes visto aquí.
Por otra parte, en los mesones del rumbo del barrio de Guadalupe, así como en las calles de los alrededores y plazas, abundan los soldados que llevan cananas cruzadas al pecho. También ha sido común observar a militares de alta graduación en esos novedosos vehículos llamados automóviles; portentos tecnológicos del mundo moderno, que para moverse no requieren ni del impulso animal, ni conectarse a una línea eléctrica. Por el contrario, estos artefactos traen dentro de sí el ingenio que, de manera por demás ruidosa, los anima. Este hecho les permite a sus ocupantes pasearse por toda la ciudad sin cansancio alguno y en espacios de tiempo increíblemente cortos.
Pero lo que sin duda ha provocado el asombro generalizado de la población es la presencia de un aeroplano que con gran estrépito de su motor, ha realizado en estos días inverosímiles cabriolas en el aire, a la impresionante velocidad de casi 50 kilómetros por hora.
Cabe recordar que en un principio reinó la alegría entre los lugareños, al hacerse partícipes del honor que se le concedía a Aguascalientes, por haber sido elegida para realizar en ella los trabajos de la Soberana Convención Militar Revolucionaria. Sin embargo, a últimas fechas algunos vecinos han expresado su descontento por los desórdenes que se han suscitado desde que la Asamblea inició sus labores aquí, aunque cabe señalar que no han sido los delegados quienes han protagonizado bochornosos acontecimientos, sino los elementos de tropa que muchos jefes han traído como escolta.
Aguascalientes ha dejado de ser un lugar seguro para vivir y en ocasiones resulta toda una hazaña recorrer algunas de sus calles en determinadas horas. A pesar de la prohibición de venta de alcohol, no ha sido posible controlar del todo su consumo, por lo que es común encontrar en plena calle a soldados embrutecidos por las bebidas embriagantes, y lo peor de todo es que van armados, significando un gran peligro para los viandantes. Los tiroteos ocurren casi a cualquier hora del día o de la noche, y aunque se hacen al aire, no dejan de asustar a la población que teme, en el mejor de los casos, ser herida por una bala perdida.
La Junta Neutral de Gobierno se ha visto incapaz de detener estos desmanes ya que, según declaró el general Guillermo García Aragón, miembro del organismo, los 100 elementos de policía con que cuenta, resultan insuficientes para controlar a los, tal vez, miles de soldados.
La noche del día en que la Convención se declaró soberana, por ejemplo, a la natural alegría de muchos siguió aquella otra, malsana, que produce el estado de ebriedad, y que provocó que muchos soldados practicaran el tiro al blanco con las lámparas del alumbrado citadino, con grandes pérdidas para el erario público, además de escandalizar a los vecinos con sus gritos salvajes.
Más arriba decíamos que no eran los representantes quienes participaban en los desórdenes. En efecto, no sólo no son ellos, sino que en muchas casos también han sido víctimas de los atropellos de la soldadesca, que bajo los efectos del alcohol y la pistola en mano, han obligado a algunos de ellos a gritar vivas al general Villa.
Quizá el caso más sonado sea el del general Obregón, que una noche, al regresar al hotel Siglo XX, fue detenido por un piquete de soldados. Afortunadamente el incidente no pasó a mayores. El sonorense además ha tenido que soportar que enardecidos soldados tiroteen su tren particular.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, debemos decir que la Convención ha propiciado que las mujeres públicas salgan a las calles descaradamente, provocando el escándalo de los vecinos al pasearse con jefes de alguna jerarquía, dando rienda suelta a sus bajas pasiones. Éstos, sin recato alguno, lucen joyas que jamás conseguirían a través del trabajo honrado, al tiempo que caminan abrazados de las vendedoras de efímero amor.
Otra plaga que ha asolado a los aguascalentenses los últimos días, es el robo de algunas señoritas por sujetos deseosos de saciar sus más bajos instintos. Por ejemplo, el respetable y estimado señor don Jorge López Valenzuela, conocido comerciante de la localidad y propietario de “La Significativa, Casa de Comisión”, denunció el robo de su hermana de 17 años, la señorita Eugenia de los mismos apellidos. El rapto, que ha llenado de tristeza a esta ejemplar familia, fue cometido por un individuo que responde al nombre de Armando Caraveo. Según se supo, este individuo es mayor del Ejército Constitucionalista y sirve en el estado mayor del general Álvaro Obregón, bajo las órdenes del coronel Francisco Serrano.
Angustiado, el señor López ha tratado de dar con el torvo sujeto para exigirle cuentas por el honor mancillado, sin que hasta ahora haya conseguido su objetivo, aunque informes no confirmados señalan que fue ella la que se fugó con el citado oficial carrancista.
Por otra parte, la División del Norte, lejos de retirar los efectivos que llegaron el pasado día dos, ha seguido concentrando tropas en esta ciudad, de tal manera que hoy se cuentan ya 30,000 soldados de esta División los que se encuentran en Aguascalientes, más 7,000 que se han situado en la vía a México, todo ello en abierta violación a la neutralidad de la ciudad y que hace prever que la Convención pronto abandonará Aguascalientes, para descanso del vecindario. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com ).