Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Con esta entrega culmina un esfuerzo por ofrecerle una idea general de lo que fue la Convención Militar Revolucionaria de 1914 en su fase aguascalentense. De regreso al espacio que este diario me ha asignado, y con el que espero seguir contando -toco madera-, los lunes en la primera sección, me referiré a algunos pormenores de lo realizado a lo largo de octubre y noviembre, aprovechando el pretexto del centenario de esta magna reunión.
Conviene por ahora emitir alguna conclusión, que redondeé lo dicho hasta ahora.
Aunque la Convención no terminó con su salida de Aguascalientes, poco a poco fue diluyéndose hasta desaparecer. Continuó trabajando en otras ciudades, y desmoronándose poco a poco, hasta morir de inanición. Pasó a la historia como Convención de Aguascalientes y vivió en esta ciudad su periodo más brillante.
Con el empuje de la División del Norte, se instaló en la Ciudad de México, en donde sesionó en enero de 1915. El día 28 de ese mes se trasladó a Cuernavaca, Morelos, ciudad que la acogió hasta el 12 de marzo, fecha en que regresó a la Ciudad de México.
Este cambio de residencia obedeció a que la División del Norte desocupó la capital del país, para dejarla en manos del Ejército de Operaciones al mando del general Álvaro Obregón, hasta que éste emprendió la marcha rumbo al Bajío, en donde tuvo lugar el enfrentamiento final.
Cuando Obregón y sus fuerzas abandonaron la capital, la Convención regresó a la Capital del País. Posteriormente, después de la derrota villista en Celaya, y con el avance carrancista sobre México, pasó a Toluca unos días, regresó a México y nuevamente se trasladó a la capital del Estado de México. Ahí, debido a pugnas entre zapatistas y villistas, en las cuales los primeros acusaron a los segundos de tibieza, nuevamente se dividió: los villistas, encabezados por el presidente Francisco Lagos Cházaro marcharon al norte, en tanto que los delegados zapatistas se instalaron en Cuernavaca. Ya para entonces la convención proyectaba una imagen patética de sí misma, legislando como si todavía contara con ejércitos capaces de imponer sus leyes; como si lo de Celaya nunca hubiera ocurrido. En efecto, en Cuernavaca, el 26 de octubre de 1915, promulgó la Ley Agraria de la Soberana Convención Revolucionaria.
De ahí los representantes fueron desalojados por los carrancistas, dirigidos por Pablo González, y los pocos delegados que continuaron sesionando se refugiaron en Jojutla. Fue en este pequeño pueblo del estado de Morelos donde se promulgó el Programa de Reformas Político-Sociales de la Convención, el 18 de abril de 1916. Días después, el 16 de mayo, la Asamblea acordó disolverse.
Desgraciadamente cuando se emitió el documento, aquellos grupos que podían imponerlo militarmente, habían sido destruidos y el asunto quedó en eso, en un documento…
En el programa de reformas se asienta que el problema de la tierra fue el eje conductor de la revolución de 1910, que fue traicionada por Madero y Carranza. En el texto se afirma que combatir a esos poderosos terratenientes, verdaderos señores feudales que en nuestro país han sobrevivido a despecho de la civilización, y a la retaguardia del progreso; emancipar al campesino, elevándolo de la humillante situación de esclavo para hacienda, a la alta categoría de hombre libre, ennoblecido por el trabajo remunerador y empujado hacia adelante por el mayor bienestar adquirido para sí y para los suyos; redimir a la olvidada raza indígena, creándole aspiraciones, haciéndole sentir que es dueña de la tierra que pisa y provocando en su alma la sed del ideal y el afán del mejoramiento: crear, en una palabra, una nación de hombres dignos, de ciudadanos encariñados con el trabajo, amantes del terruño, deseosos de ilustrarse y de abrir a sus hijos amplios horizontes de progreso; tales son las finalidades que persigue esta gran revolución.
Al tiempo que condena al hacendado, al que califica como señor de horca y cuchillo, que disponía a su capricho de la existencia de sus vasallos, magnate todopoderoso que manejaba jueces y gobernadores, el documento ofrece el apoyo de la Convención al industrial, al comerciante, al minero, al hombre de negocios, a todos los elementos activos y emprendedores que abren nuevas vías a la industria y proporcionan trabajo a grandes grupos de obreros, que algún día, con su propio esfuerzo, han de crear a su vez la humanidad del futuro.
El Programa de Reformas Político-Sociales que la Convención adoptó, fue firmado por 45 delegados. En el apartado relativo a la cuestión agraria, el programa propone la sustitución del latifundio con la pequeña propiedad; devolver las tierras expropiadas a los pueblos; fomentar la agricultura a través de distintos mecanismos y la educación agrícola.
Por lo que toca a la cuestión obrera, la Convención propuso precaver de la miseria y del futuro agotamiento a los trabajadores, por medio de oportunas reformas sociales y económicas, como son: una educación moralizadora, leyes sobre accidentes del trabajo y pensiones de retiro, reglamentación de las horas de labor, disposiciones que garanticen la higiene y seguridad en los talleres, fábricas y minas, y en general, por medio de una legislación que haga menos cruel la explotación del proletariado. Asimismo, se reconoce el estatus legal de las organizaciones obreras; garantía de su derecho de huelga y la supresión de las tiendas de raya, así como el sistema de pago en vales.
Dos son las cuestiones relativas a las reformas sociales; la protección de los hijos naturales y de las mujeres víctimas de la seducción masculina y la emancipación de la mujer a través de una juiciosa ley de divorcio.
Como digo, todavía dedicaré algunas líneas a este tema, pero será desde el próximo lunes, en mi espacio habitual. Por lo pronto aquí concluye este Día a día de la Convención de Aguascalientes, no sin expresar mi gratitud al licenciado Asunción Gutiérrez Padilla, que recibió la idea con gran entusiasmo, y a Mónica Quiroz Morales, encargada de la sección de Sociales y Cultura, que con toda diligencia hizo posible la aparición cotidiana de estas líneas. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).