Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., a 18 de noviembre de 1914.
Queremos aprovechar esta ocasión para compartir con nuestros fieles lectores algunas expresiones del enviado especial del periódico capitalino El Liberal a la Convención, en torno a la obra de la revolución en Aguascalientes.
Dichos conceptos fueron manifestados hace unos días, en un momento en que ambos reporteros nos dirigíamos al Teatro Morelos, a fin de ser testigos de una sesión más de esta asamblea, que tocó a su fin.
Como suele ocurrir, estas reuniones han servido también para familiarizarnos con los presentes, y más aún con colegas periodistas, de tal manera que comenzamos con el saludo y terminamos compartiendo experiencias, y en ocasiones los alimentos.
Entrados en confianza, este enviado nos informó que había tenido la oportunidad de conversar con un “caracterizado vecino” de esta ciudad -a propósito omitió su identidad-, sobre los logros que ha alcanzado la revolución en esta entidad federativa, particularmente en la “esfera administrativa”, buscando en todo momento “la realización de los anhelos del pueblo”.
Comenta nuestro informante que a los tres meses de que abandonaran el estado las autoridades del gobierno usurpador del general Huerta, hecho que ocurrió el pasado mes de julio, la obra del gobierno revolucionario está a la vista. Quizá el logro principal, opinó este “caracterizado vecino”, se haya dado en el ámbito del trabajo. “La principal preocupación de las nuevas autoridades fue el cumplimiento de las promesas que se hicieron al mísero labriego, que la libertad fuera efectiva y que la esclavitud quedara completamente aniquilada en todo el territorio del estado.”
Para alcanzar esta meta, el gobierno hizo uso de su autoridad y emitió varios decretos que fueron considerados como “salvadores y de absoluta urgencia”. El primero de ellos abolió las deudas de los peones, en tanto el segundo fijó el sueldo mínimo que debe percibir cualquier trabajador, en un peso diario. Además, la jornada laboral fue reducida a nueve horas, en un hecho sin precedentes en la historia del país. Por otra parte, y de acuerdo a otro decreto, fueron “intervenidas las propiedades de todos los enemigos de la República residentes en Aguascalientes”.
En otros asuntos, se nos informó que el gobierno del coronel Alberto Fuentes Dávila se dio a la tarea de efectuar el avalúo de la propiedad rústica, que prácticamente ha concluido, a fin de fijar el impuesto predial que deberán percibir las arcas municipales. Acto seguido se hará lo propio con las fincas urbanas.
Cabe destacar que la administración del coahuilense ha impulsado «el ramo de instrucción pública, y para ver de lograr locales higiénicos y suficientemente amplios, se ha ordenado la desocupación de todos los conventos, para convertirlos en escuelas”. A propósito de las propiedades eclesiásticas, también es de destacarse la intención gubernamental de convertir “la magnífica construcción que el clero destinaba al Seminario”, en Escuela Normal. Por su parte, el bello templo de San Antonio, “gallarda obra que alza sus esbeltas torrecillas que rematan la graciosa mole que pertenece al orden compuesto”, será desde fecha próxima la sede del Poder Legislativo del estado.
Otro rubro atendido por el gobierno del coronel Fuentes es el de las comunicaciones. Así lo indica la apertura de una gran vía que unirá la estación del ferrocarril con la Plaza de Armas. Esta arteria, de la que sólo falta recoger los escombros de una cuadra para que pueda transitarse a plenitud, tiene una longitud de mil quinientos metros, y en su abertura no se derribó ningún edificio de importancia, “porque la mayoría de los terrenos que la vía cruza eran huertas”.
Evidentemente esta obra ha sido de gran beneficio para la ciudad, debido a que ha generado un incremento en el valor de la propiedad urbana. “Los dueños de los terrenos que han sido expropiados, vendían a treinta y cincuenta centavos metro cuadrado, y hoy, algunos a quienes se piden condiciones de venta, han fijado el precio en diez pesos metro. Y luego, el beneficio que directamente resienten todos los moradores de la ciudad y el comercio, que cuentan ya con una vía recta y corta para trasladarse desde la estación” hasta la Plaza de Armas.
Por cierto que el gobierno ha prometido pagar las fincas sacrificadas en este altar del progreso que es la nueva avenida: “primero se indemnizará a los propietarios pobres, después se hará el pago a los que públicamente son conocidos como amigos de la causa, y el valor de los bienes de la pertenencia de los enemigos quedará pendiente hasta que la Convención resuelva lo que con ellos deberá hacerse”.
Marginalmente, dice nuestro informante, “la apertura de la nueva vía, y el acondicionamiento de los varios edificios que serán destinados a la administración, escuelas, etc., han proporcionado trabajo a más de doscientos obreros, que pagados puntualmente y a buen precio, han contribuido de modo notorio a que la situación del trabajador no sea desesperada y pueda aguardar el perfecto cumplimiento de las promesas hechas por la Revolución”.
Por nuestra parte, tenemos serias dudas de que sea posible la transformación del templo de San Antonio en Palacio Legislativo -en verdad radicalísima transformación-. Lo decimos animados, no por un espíritu confesional que se escandalice tan sólo por escuchar semejante propuesta, sino porque, de nueva cuenta, el gobierno prácticamente ha vuelto a desvanecerse, esto por la llegada a Aguascalientes de la División del Norte.
De hecho, hace días que no se sabe nada del coronel Alberto Fuentes Dávila y de su secretario de gobierno, el teniente coronel David Berlanga, a quienes ahora se ubica en la Ciudad de México, como ocurre con el grueso de los personajes que deben lealtad al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, y que indudablemente abandonaron con rapidez Aguascalientes, por temor a ser víctimas de la furia de los villistas.
Por otro lado, se supo también que la señora Adela Douglas de Ortega, agraciada dama hija del industrial inglés John Douglas, propietario del Molino de Trigo cercano a la estación del ferrocarril, y esposa del inteligente médico José Guadalupe Ortega, al enterarse de las intenciones gubernamentales en torno al templo de San Antonio, organizó una partida de mujeres que enganchó en el Mercado Terán, a fin de hacerse fuertes en el citado templo, y resistir a pedradas y palos cualquier intento de la autoridad por consumar lo que consideran como un sacrilegio.
De hecho, ya circula entre el pueblo una simpática cuarteta que da cuenta de este repudio. Se trata de un verso de anónima autoría que dice lo siguiente: Entre Fuentes Dávila y Berlanga, / quisieron tomar San Antonio. / Pero se les hizo fiebre, / a los hijos de un demonio. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).