Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., 10 de noviembre de 1914.
Esta mañana se recibió un mensaje que con fecha de ayer y desde la ciudad de Córdoba, Veracruz, envió a la Convención el ex Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, general de división Venustiano Carranza, en el que informa haber recibido a la comisión que viajó a esa ciudad con el objeto de comunicarle los acuerdos de la Asamblea. “Deploro que la Junta haya cometido errores que pueden complicar y de hecho están complicando la situación del país” -afirma en las primeras líneas el señor Carranza-. Acto seguido, da respuesta a los acuerdos de la Convención, y cita por enésima vez su mensaje del 23 de octubre pasado, diciendo que aquella nota no contenía su renuncia, sino las condiciones bajo las cuales la presentaría. Acepta el retiro de la tercera condición, que se refiere a la renuncia del general Emiliano Zapata, pero mantiene las otras dos. Como se sabe, a éstas la Convención contestó afirmativamente. “No obstante esta declaración preliminar -comenta en su extenso telegrama-, las resoluciones tomadas no incluyeron para nada la primera de las condiciones mencionadas, ni abarcaron íntegramente la segunda.”
El otrora encargado del Poder Ejecutivo considera que la Asamblea, lejos de resolver la primera condición, relativa al establecimiento de la forma de gobierno preconstitucional, procedió a elegir presidente de la República al general Eulalio Gutiérrez. “Dicha designación carece de base, puesto que se designa para un cargo público, cuyas facultades no habían sido designadas ni determinadas.”
A continuación, el ciudadano Carranza impugna el plazo en que Gutiérrez fungirá como Presidente de la República. “No podría ser lógicamente capaz de realizar las reformas políticas y sociales que necesita el país, como decía la primera condición propuesta por mí y que se suponía plenamente aceptada por la comisión dictaminadora -asegura-, además de que destruiría la cohesión del ejército y la organización del gobierno, que no podrían rehacerse por el general Gutiérrez en el perentorio tiempo para el que fue nombrado.”
A partir de las consideraciones anteriores, el citado señor Carranza concluye que no le es posible entregar el poder. “No he renunciado -reitera- y en consecuencia la junta de Jefes y Gobernadores no podría quitarme el poder sin cometer una insubordinación y desconocer las estipulaciones del Plan de Guadalupe.
“No puedo entregar el poder a un gobierno que carece en absoluto de bases constitutivas y que no tenga lineamientos de ninguna clase ni facultades determinadas. Dicho gobierno sería o enteramente personalista y dictatorial, puesto que el general Gutiérrez tendría que obrar a su entero albedrío, o la junta tendría que ser realmente la que gobernara, siendo este último caso el que temo más; pues entregar el poder al general Gutiérrez en las condiciones y tiempo para el que fue nombrado, provocaría que fuera la Convención la que continuaría funcionando indebidamente, y bien sabemos cuáles son los inconvenientes de que la Jefatura de un Ejército y el Poder Ejecutivo de una Nación quedaran en manos de una Asamblea, por ilustrada, idónea y capaz que se le suponga.
“Como Jefe del Ejecutivo, como encargado del Poder Ejecutivo, como caudillo de una Revolución que aún no termina -sigue diciendo el ciudadano Carranza-, tengo muy serias responsabilidades ante la Nación, y la Historia jamás me perdonaría la debilidad de haber entregado el Poder Ejecutivo en manos de una asamblea que no tiene las condiciones necesarias para realizar la inmensa tarea que pesa sobre el Ejército Constitucionalista.
“La condición relativa al retiro de Villa, que parece haber sido considerada como única por la Junta, no fue estudiada debidamente, ni lo fue como condición previa; sino que se resolvió que cesaría en el cargo de Jefe de la División del Norte al mismo tiempo que yo.”
Finalmente, y a pesar de todo lo anterior, el señor Carranza expresa su deseo de no romper con la Convención. Para ello, propone que la Asamblea tome los siguientes acuerdos:
“PRIMERO: El C. Venustiano Carranza entregará el Poder Ejecutivo de la Nación y la Jefatura del Ejército Constitucionalista, al Presidente que la Junta de Generales y Gobernadores designe en definitiva para gobernar la República durante todo el periodo preconstitucional que sea necesario para llevar a cabo las reformas políticas y sociales que exige la Revolución.
SEGUNDO: Dicha entrega se efectuará tan luego como el nuevo presidente tenga bien definidas sus funciones y haya recibido efectivamente el mando de la División del Norte y las oficinas públicas federales y locales de la región dominada ahora por dicha División.”
En otros aspectos, informamos que en el transcurso de la mañana, el presidente Gutiérrez sostuvo una larga, pero infructuosa conferencia telegráfica con el señor Carranza.
Trascendió que el Jefe del Ejecutivo apeló al patriotismo del ex primer jefe y pidió su apoyo para el gobierno que encabeza. “Mi gobierno no será jamás instrumento de facción alguna -expresó Gutiérrez-; acepté el poder porque en la Convención estaban representados todos los elementos revolucionarios y se comprometieron todos a sostener su voto y los acuerdos de la mayoría. Es por esto completamente injustificada la actitud de los que hoy protestan por los acuerdos de la Convención y me desconocen.”
Por otra parte, el Primer Magistrado de la Nación informó al señor Carranza que el general Villa ya se separó de su mando y que para el efecto de recibir la División del Norte se nombró una comisión especial.
“Sus fuerzas, desde ayer, dependen de la Secretaría de Guerra, bajo mis órdenes; pero la comisión todavía no recibe y el mismo general Villa está aún aquí, porque hemos estado pendientes de la resolución de usted. Tan pronto como usted manifieste que acatará los acuerdos de la Convención, el general Villa se retirará de una manera absoluta, toda vez que de hecho ya está retirado.”
Para finalizar, el presidente Gutiérrez mostró su extrañeza porque el señor Carranza no ha reconocido la soberanía de la Convención y lo acusó de animar a los jefes que le son adictos a desconocerla, mientras que ésta realiza trabajos de concordia. “Yo esperaba que usted no vacilaría en aceptar la soberanía de la Convención -expresó-, toda vez que usted reconoció la soberanía de la Convención de México al presentar ante ella su renuncia; y si a esa Convención la reconoció usted, mayor razón hay para que reconozca a la de Aguascalientes, en la cual están representados todos los elementos revolucionarios, mientras que en la de México sólo estaban presentes unos cuantos generales invitados por usted.
“He visto en la prensa de la capital una circular en la que llama a las armas a todos los partidarios de usted, a fin de que desconozcan la Convención. Esta labor es contraria, no sólo para los jefes que faltaron a sus compromisos con la Convención, sino además antipatriótica. Espero que poniendo en práctica su patriotismo, se servirá telegrafiar a sus partidarios, indicándoles su deber, pues desde hoy a las 6:00 de la tarde, no deben reconocer ni ellos ni nadie otra autoridad que la mía”.
El señor Carranza por su parte, contestó que aceptaba la conferencia telegráfica como un último esfuerzo para evitar un nuevo derramamiento de sangre. El ex Primer Jefe considera que la Convención podría echarse atrás sin pérdida de su honor, cuando lo que está en juego es el bienestar del país. “Si la junta de Aguascalientes se ha equivocado, debe rectificar sus errores para no perjudicar al país, y no es patriótico decir que no se enmienda un error por no perder la seriedad. Por lo demás, usted sabe que la junta ha hecho muchas cosas que no son serias, y luego las ha deshecho.”
Carranza invitó al presidente Gutiérrez a hacer a un lado a la Convención para ver lo que le conviene al país y afirmó que consideraba ilegal su nombramiento, porque tuvo lugar antes de que él renunciara. “También es ilegal -contesta el señor Carranza-, porque se le nombra presidente por una Junta que no puede nombrar presidente, ya que no hay ley que autorizara a la Junta  designar un presidente de la República, ni plan o documento o tratado en qué fundarse, pues ustedes fueron convocados como cuerpo consultivo, y al declararse soberanos, juzgaron que con esto habían adquirido el derecho de hacer lo que quisieran, y aún de nombrar presidente. Usted mismo recordará que yo he procurado no llamarme presidente, sino encargado del Poder Ejecutivo, conforme al Plan de Guadalupe.”
Carranza le aseguró al presidente Gutiérrez que no puede reconocer su gobierno por carecer de bases legales y de facultades para gobernar. “Si el gobierno que se va a establecer es constitucional, y usted tiene carácter de presidente, entonces ese gobierno no podrá cumplir con las reformas de la Revolución. Si ese gobierno es preconstitucional, se necesita que demarque sus facultades y obligaciones; si no hace esto, corremos el riesgo de tener un gobierno enteramente absoluto. Sería peor todavía que la Convención siguiera funcionando al mismo tiempo que el nuevo gobierno.”
A la acusación de Gutiérrez de estimular a sus leales a desconocer la Convención, el señor Carranza, en franco desafío al gobierno emanado de la Asamblea, respondió que no había dicho que entregaría o había entregado su cargo. “Por eso sigo tomando mis medidas y dictando órdenes y procurando convencer a los jefes y en general atendiendo los asuntos militares y de gobierno. Por eso no debe extrañar a usted que telegrafíe a todos aquellos a quienes yo crea conveniente.”
Finalmente, el señor Carranza aseguró no estar dispuesto a entregar el poder. “Yo nunca he reconocido la soberanía de la Convención. La prueba es que ella misma me ha fijado un plazo para reconocerla; pero como una Junta de jefes con cuya mediación podemos contar, no tendré inconveniente en darle la participación que le corresponde, supuesto que precisamente fue a Aguascalientes para resolver el problema que existía entre Villa y yo”, dijo al tiempo que invitaba al presidente Gutiérrez a renunciar a su cargo.
Por todo lo anterior, y en medio de un ambiente de profunda tristeza y rostros desencajados, la Asamblea decidió no aceptar las nuevas condiciones del señor Carranza, y a las 18:00 horas, el vicepresidente, general Pánfilo Natera, lo declaró rebelde a la Convención.
Es de notarse que este hecho ocurre justamente un mes después del inicio de labores de la Convención en esta ciudad, y en verdad es contrastante el ambiente reinante con aquel otro del 10 de octubre, rebosante de júbilo y esperanza. Hoy, tal y como hemos dicho, se respira en el aire una tristeza que obliga al silencio y a la cavilación, con la certidumbre de que la Convención no evitará que continúe el derramamiento de sangre hermana; sangre de jóvenes que merecerían otra suerte distinta que la muerte en el campo de batalla. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).