Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Yo te recuerdo, y conjuro así el olvido.
Donde quiera que estés: en el lado oscuro de la Luna o en el Trapecio de Orión; en la Nebulosa del Cangrejo o en la galaxia de Andrómeda, vagando eternamente por el espacio como una estrella luminosa, yo siempre te recuerdo.

Aguascalientes, Ags., cuatro de noviembre de 1914.
Mientras esperábamos el comienzo de la sesión de hoy, tuvimos oportunidad de conversar con el señor licenciado Antonio Díaz Soto y Gama que, como se recordará, trajo a la Convención la representación del general Emiliano Zapata.
De entrada, lo cuestionamos sobre su actitud en la sesión del 27 de octubre, en que ultrajó a nuestra Enseña Patria…
“Yo no la ultrajé -interrumpió tajante-, fueron ellos al darle un uso indebido para fines políticos. En realidad yo la defendí al oponerme a que sirviera como instrumento para someter forzosamente al villismo a cuantas decisiones quisiese tomar la mayoría carrancista.”
Siguiendo el hilo de la plática inquirimos sobre el origen de esas conclusiones, dado que nuestro entrevistado apenas acababa de llegar a la Convención, y no se había compenetrado del espíritu que reinaba en la Asamblea.
“Cuando veníamos para acá, el general Ángeles me puso al tanto de lo que ocurría aquí, y cuáles eran las maniobras que con gran habilidad desarrollaba el grupo carrancista -contestó sin titubeos-. Éste, que disponía de una mayoría aplastante con relación a la delegación villista, había empezado por conseguir que la Convención se declarase soberana, con lo que el objeto de todos los acuerdos y disposiciones que en ella se tomasen, fuesen obligatorios en lo absoluto para todos los aquí reunidos, y para el general Villa y sus subordinados.”
“Para dar mayor fuerza y solemnidad a la obligación así contraída -continuó el exaltado abogado-, ideó la mayoría carrancista una hábil y sutil estratagema. Dispuso, y así lo hizo, que todos los convencionistas, incluso el general Villa, estampasen su firma en la bandera nacional, a fin de comprometerse, por su honor de mexicanos, a obedecer cuantas disposiciones dictase la Convención, quedando sujeta la facción villista por ser minoritaria.”
Nosotros preguntamos si a partir de lo anterior podría concluirse que la firma en la bandera extrañaba un chantaje.
“Efectivamente -dijo al punto-. Lo primero que me llamó la atención fueron los extraordinarios honores que los convencionistas tributan a la bandera, y que a mí me parecieron, tal vez por la excitación de mi ánimo, como encaminados a dar mayor fuerza a la maniobra que para sujetar férreamente al villismo se había ideado. Contemplé en seguida la bandera, en la que aparecían firmas y más firmas, enrevesadas rúbricas y no pocas salpicaduras de tinta, que manchaban la limpieza de sus colores, de tal manera que me pareció doblemente mancillada: materialmente por estar llena de garabateadas letras y de sucios borrones; mortal o cívicamente por habérsele convertido, como ya dije, en instrumento para fines ocultos.”
¿Qué sintió en ese momento? -preguntamos.
“Mi cabeza hervía y mi corazón estallaba, todo mi ser arrastrado por las emociones -recordó-. Al decir que yo no firmaría, me vino a la cabeza la idea obsesionante de lo que Iturbide hizo en Iguala, produciéndose en mi mente una tumultuosa maniobra de ideas. El ver la bandera toda rayoneada me recordó otra histórica maniobra: la realizada por Iturbide, que con el señuelo de la unión de españoles y mexicanos, consolidó los privilegios de los primeros, sancionando los despojos de los latifundistas y perpetuado la explotación y miseria de la raza indígena.”
“Mi imaginación -prosiguió emocionado-, atormentada por un tumulto de ideas e impresiones, creyó ver que se intentaba repetir la estratagema de Iturbide; hacer indigno uso de los emblemas nacionales para sostener y afianzar los privilegios de los hombres de raza blanca, a costa de la opresión, impíamente refrendada, de la raza indígena.”
Finalmente, porque veíamos que la sesión estaba a punto de principiar, le preguntamos, como a otros entrevistados, sus impresiones sobre la Convención.
“Escandaloso, mi amigo, escandaloso. Es notable la extrema pobreza de los del sur y la lujosa presentación de los delegados norteños, que derrochan esplendidez: sus automóviles son magníficos, sus trajes flamantes; sus uniformes, irreprochables por su corte, sus sombreros finísimos, y mire las manos de muchos, llenas de anillos con piedras preciosas, etcétera.”
El secretario Samuel M. de los Santos comenzó a pasar lista de presentes y nosotros nos retiramos hasta nuestro palco. Una vez instalados ahí y mientras Santos agotaba el trámite, pudimos percibir que el ambiente de hoy contrastaba sensiblemente con el de sesiones pasadas, sobre todo con la del día de la elección del presidente Gutiérrez.
Se notan ya varios espacios vacíos en el patio de butacas, y en general se respira una atmósfera de tristeza, debido al abandono de la Convención por parte de varios delegados, que de esta forma han manifestado su desacuerdo con las resoluciones que la Asamblea ha tomado; ellos, que prometieron defender con la vida estas decisiones, y en prenda de su compromiso estamparon su firma en la bandera tricolor… Otro factor que ha propiciado el abandono de esta representación por parte de algunos delegados es la presencia de la División del Norte en esta ciudad, aun cuando el hecho mismo no ha provocado incidentes de gravedad. Como quiera que sea, el hecho es que parece que la Convención estuviese muriéndose.
Santos terminó de pasar lista y dio paso a lo que sería una cortísima sesión, con la lectura de varios mensajes.
Cándido Aguilar, gobernador de Veracruz y yerno del Primer Jefe, comunica haberse enterado de la designación del general Gutiérrez como presidente de la República y considera improcedente el nombramiento, ya que previamente debieron satisfacerse las condiciones impuestas por el señor Carranza para su renuncia, que todavía no ha presentado, por lo que él y sus tropas continuarán reconociendo al Primer Jefe en los cargos que ostenta actualmente.
En el mismo sentido se pronunció el general Benjamín Hill al enviar un mensaje a su representante, el coronel Julio Madero, hermano del extinto presidente, quien además pide prudencia a la Convención en sus actos.
A continuación se leyeron dos mensajes que el señor Carranza envió a la Convención; el primero con fecha de ayer y el segundo con fecha de hoy. Ambos remitidos desde la ciudad de Puebla. Dice el primero:
“Espero los documentos respectivos para enterarme debidamente de las resoluciones aprobadas, y en su oportunidad contestaré y tomaré las determinaciones que convengan, mirando en todo por el bien del país y de la Revolución que me confió su jefatura. Entre tanto, insisto nuevamente y por tercera vez en que se me diga si el general Villa ha entregado ya el mando de sus tropas o si al menos ha manifestado ya categóricamente estar dispuesto a renunciar.”
“Me extraña que tratándose de condiciones que puse para renunciar -expresa el Primer Jefe-, no se me hagan conocer los pasos que esa junta esté dando para obtener el retiro de los generales Villa y Zapata, pues no puedo creer que ustedes se hayan preocupado únicamente de desconocerme como Encargado el Poder Ejecutivo, sin asegurarse antes de que Villa y Zapata se retirarán también.”
“Considero indispensable que esa Junta me conteste por telégrafo para estar en condiciones de tomar una determinación, cuando se me hagan conocer los documentos cuyo envío se me anuncia, e insisto, por lo tanto, en saber lo que han conseguido, o las seguridades que han tomado, respecto del retiro de los generales Villa y Zapata, pues de la actitud de ellos dependerá enteramente la que yo tome en este asunto.”
En el otro mensaje, don Venustiano comienza dando cuenta de haber recibido las proposiciones aprobadas por la Asamblea, reservándose el derecho de contestarlas después de hablar con la comisión enviada, “pues necesitamos pensar seriamente para no seguir complicando la situación con determinaciones que no estén debidamente maduras.”
“Por mi parte -continúa el señor Carranza-, aseguro que no habrá dificultad ninguna, pero la resolución de la Junta, de desconocerme como Jefe y como encargado del Poder Ejecutivo, en vez de allanar el camino, ha venido a complicar la situación, pues estoy enterándome que se están retirando sus representantes, lo cual necesariamente entorpecerá más las labores de esa Junta.”
A continuación Vito Alessio Robles dio cuenta de un mensaje que desde Querétaro envían los comisionados enviados por esta Convención para comunicar al señor Carranza los acuerdos de la Asamblea. Al informar haber conferenciado con el general González, los comisionados expresaron su esperanza de llegar a un acuerdo satisfactorio y aconsejan que la Convención permanezca en esta ciudad.
Finalmente, se leyeron mensajes en los que los generales Alejo González y Luis Domínguez desconocen la Convención y retiran a sus delegados.
Alessio Robles anunció que no habiendo más asuntos que tratar en relación a la renuncia, se daba por terminada la sesión. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).