Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., tres de noviembre de 1914.
De nueva cuenta los trabajos de la Convención comenzaron con un retraso considerable. En efecto, los delegados fueron citados para las 10 hrs., en tanto que la sesión principió hacia el medio día; pareciera que los representantes están perdiendo interés por la Asamblea.
Una vez que se hubo pasado lista de presentes, la secretaria dio lectura a varios mensajes. Uno de ellos, con fecha de ayer, procede del general Pablo González, que se encuentra actualmente en Querétaro, y en él pregunta a la Convención si efectivamente llegaron a esta ciudad tropas de la División del Norte pertenecientes a las fuerzas del general José Isabel Robles, y si vienen armadas. “Si este es el caso -puntualizó González-, consideraré violados los pactos anteriores. Por consiguiente, quedan sin efecto los acuerdos de esa Convención”.
Otro mensaje, que al ser leído causó cierto revuelo, lo remitió el general Francisco Coss, gobernador del estado de Puebla. En él expresa su desaprobación por los actos de la Convención y anuncia el retiro de su representante en la misma. Este, que responde al nombre de Rafael de la Torre, declaró no saber qué hacer, ya que él juró en nombre de su representado cumplir y hacer cumplir los acuerdos de la Asamblea.
Eduardo Hay por su parte, amenazó a los generales que retiren a sus representantes con arrojarles a la cara el anatema del deshonor y de ser malos hijos de la Patria. Roque González Garza apuntó que si los delegados tienen vergüenza y patriotismo, no deben abandonar la ciudad mientras el conflicto no se resuelva. “El señor Carranza será quien rompa las hostilidades -reiteró-, y entonces la Convención no tendrá más remedio que apoyarse en la División del Norte para hacerse respetar”.
Al referirse a la facción a la que pertenece, la villista, González Garza aclaró que dichas tropas se encuentran aquí en viaje de aprovisionamiento y con el permiso de la Junta Neutral de Gobierno.
Acto seguido, se leyó un telegrama de fecha dos de noviembre, enviado por el Primer Jefe desde Tlaxcala. Dice el señor Carranza que “a la falta de información directa y oficial de esa junta, sobre la marcha diaria de sus trabajos, he seguido enterándome de ellos por la prensa”.
“Por el sesgo de las discusiones, veo que los señores miembros de esa junta no han podido penetrarse de cuáles son las verdaderas dificultades que tienen que vencer, pues mientras me consideran a mí como el obstáculo principal, no sé qué se estén haciendo esfuerzos para que se cumplan las condiciones que puse para retirarme”.
“He dado mi palabra, firmada y publicada, de que renunciaré a los cargos de que me hallo investido, tan pronto como se cumplan los requisitos que exijo -declara el señor Carranza-; y nadie tiene derecho a dudar de mí, pues deseo que se entienda que, una vez cumplidas las tres condiciones puestas, no vacilaré un instante en presentar mi renuncia; pero también quiero que sepan que mientras yo no las vea cumplidas, nada me apartará del cumplimiento de mi deber como Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo”.
“Confieso no entender con claridad la actitud de la Convención en conjunto, pues tan pronto parece que no tiene confianza en que sabré cumplir lo ofrecido, como que desea que yo abandone el poder sin condiciones”.
“Parece que mientras se desconfía de mí -se conduele el señor Carranza-, se tiene, en cambio plena confianza en que, después de retirarme yo, todo lo demás se arreglará con suma facilidad, tanto en lo relativo a la forma de gobierno provisional, como a la eliminación de Villa y Zapata”.
“Yo en cambio, creo que es de mi deber no abandonar mi puesto antes de que el país esté seguro de que con este cambio se van a resolver las dificultades. Creo que si la forma de gobierno provisional no se determina con toda claridad, antes de mi renuncia, después de mi salida será difícil hacerlo por las complicaciones personales. Creo, igualmente, que retirándome de la jefatura del Ejército Constitucionalista, éste perdería la cohesión que ahora tiene, y tendrá mayores dificultades para dominar a los dos jefes de más grandes ambiciones y de mayor influencia personalista sobre sus tropas”.
“Deseo por tanto, llamar la atención de esa junta; esto es, obtener que se llenen los requisitos que he mencionado como condiciones para presentar mi renuncia. Una vez cumplidas, lo demás se hará sin dificultades”.
“Suplico por tanto a esa junta -dice finalmente-, se sirva dedicar preferente atención a las condiciones mencionadas en mi nota de fecha 23 del pasado, y en particular, le encarezco me informe por telégrafo, respecto de los pasos que se hayan dado para provocar una forma de gobierno provisional, así como también sobre si el general Villa ha resuelto de un modo categórico acerca de su retiro del mando de la División del Norte, y sobre las probabilidades de que Zapata esté dispuesto a hacer otro tanto en el sur”.
Acto seguido, el secretario Alessio Robles leyó el documento a que ayer hizo referencia Roque González Garza, suscrito por los generales José Isabel Robles y Felipe Ángeles, a partir de una conferencia telegráfica que sostuvieron con el general Villa.
En uno de los telegramas cruzados por los mencionados personajes el día 30 del mes pasado, el Centauro del Norte afirma que “siendo tan grande el bien que resultaría al país con la eliminación del señor Carranza, al grado de que para lograrlo estaba yo resuelto a que se derramara más sangre de compatriotas, sírvase usted declarar a mi nombre, ante la Convención, que estoy dispuesto a separarme del mando de mi División, y que espero respetuoso las órdenes de esa Convención”.
Acto seguido, Ángeles le pidió a Villa que meditara cuidadosamente su resolución, a lo que el Jefe de la División del Norte, además de reiterar su obediencia a la Asamblea, propuso “que la Convención, que tiene los destinos de mi Patria en sus manos, ordene que nos pasen por las armas, tanto a mí como al señor Carranza, para que los que queden a salvar la República, conozcan los sentimientos de sus verdaderos hijos”.
Es de mencionarse que la propuesta del general Villa produjo intensos aplausos, pese a lo cual, la Asamblea no resolvió nada en concreto.
A continuación, Felipe Ángeles hizo uso de la palabra para aceptar que se había faltado a los compromisos contraídos. “La División del Norte, es cierto, ha llegado a Aguascalientes -dijo-, y no sólo para buscar alimentos, sino porque sabemos que Carranza se prepara para la guerra. La División del Norte está aquí para defender la Convención”.
Por su parte, Felipe García Vigil denunció la falta de neutralidad de Aguascalientes, aunque también aceptó que el general Pablo González continúa reclutando gente. Defendió el derecho del señor Carranza de imponer condiciones para su renuncia, al tiempo que exigió el retiro del general Zapata.
José Siurob sugirió la suspensión de los trabajos como medida de presión para que las fuerzas de Robles salgan de la ciudad. “De otra forma, las decisiones de la Asamblea serían tomadas bajo la presión de las bayonetas” -aseguró-. En respuesta a lo anterior, la secretaria leyó un comunicado en el que la Junta Neutral de Gobierno propone que las fuerzas de la División del Norte se retiren a sus antiguas posiciones en un plazo no mayor de seis horas.
Al ser aprobado lo anterior, Ángeles reconoció que eran del dominio público los preparativos que lleva a cabo el señor Carranza, por lo que la Convención requería de fuerzas. Los delegados protestaron y Ángeles prometió el retiro inmediato de las fuerzas.
A continuación, Manuel Chao hizo una revelación que causó gran escándalo entre los presentes. Según un soldado, durante la sesión del pasado día 27 de octubre, la guardia que se encontraba en el teatro recibió órdenes de entrar en el recinto y disparar sobre los delegados en caso de que no hubieran llegado a un acuerdo. La Asamblea desde luego exigió una inmediata investigación de los hechos, y acusó la Junta Neutral de Gobierno de defraudar la confianza depositada en ella, ya que resultaba evidente que los convencionistas no estaban seguros.
Aprovechando la ocasión, el secretario Santos dijo haberse enterado de lo anterior esa misma noche, por lo que procedió a informar de ello al general Villarreal. “La guardia que estaba esa noche -agregó-, le comentó a algunas personas que había órdenes para que tan pronto como se oyera un tiro dentro de la Asamblea, entrara al salón y acabara con todos los que allí estuvieran”.
“Se han hecho investigaciones -dijo finalmente-, pero no ha sido posible averiguar quién dio la funesta orden”.
El general García Aragón, en nombre de la Junta Neutral de Gobierno, respondió manifestando que cuando ocurrió el incidente de la bandera, durante esa sesión, muchos creyeron que quienes desenfundaron sus armas iban a disparar, y quisieron salir de inmediato del teatro. “Temiendo que se produjera algún desorden en la calle, por el pueblo, no enterado de los sucesos, se ordenó a la guardia que impidiera la salida, aún por la fuerza -declaró-; pero que no se hiciera fuego sobre los delegados o sobre el público”.
Inopinadamente se suspendió la sesión, reanudándose a las 19 hrs., con la lectura de algunos telegramas que llegaron en el transcurso del día, entre los que destacan los de Herón González, que comunica al general Ángeles que las tropas de la División del Norte han llegado a Rincón de Romos; Máximo Rojas, gobernador del estado de Tlaxcala, manifestó desde Puebla haberse enterado del nombramiento del general Gutiérrez y lo desaprueba, puesto que el señor Carranza, único jefe que reconoce, aún no ha renunciado, por lo que retira a su representante de la Convención.
En otro sentido se expresaron personajes como Jesús Díaz, gobernador de Durango, Antonio Magaña, y Ramón Iturbe, quienes felicitaron a la Asamblea por sus trabajos. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).