Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., primero de noviembre de 1914.
Tal y como informamos en nuestra edición pasada, la sesión de ayer se prolongó hasta las seis de la mañana de este día, hora en que el quórum se perdió debido al abandono de varios delegados.
La reunión se reanudó a las 15:15 horas. El general Hay propuso que fuera votado nominalmente el artículo segundo del dictamen, que al ser leído advirtió que se había cambiado la palabra “interino” por “provisional”, en referencia al presidente de la República que la Asamblea estaba a punto de elegir.
El mencionado dictamen fue aprobado por 79 votos contra 49.
Después, Roque González Garza señaló que los villistas votaron “en sentido negativo” y afirmó que la Asamblea fue inconsecuente con sus compromisos, “porque habiendo aprobado el artículo duodécimo del Plan de Ayala -aseguró-, no puede aceptarse el artículo segundo del dictamen”.
A continuación, Antonio Díaz Soto y Gama habló con el tono incendiario que lo caracteriza, para dejar asentado que en vista de que no se respetó el artículo 12 del Plan de Ayala, el Ejército Libertador quedaba liberado de todo compromiso y rompía con la Convención.
El coronel Carlos Prieto lo interrumpió violentamente para preguntar sobre los compromisos adquiridos por su gente. “Ese vociferador vulgar, ¿puede decir qué compromisos o qué ligas tienen los zapatistas con esta Convención? -clamó-.
Sin embargo, Paulino Martínez desautorizó a Soto y Gama al afirmar que la Convención a que hace referencia el citado artículo 12 es ésta, por lo que no se considera que la Asamblea haya pisoteado sus acuerdos. Luego de una momentánea suspensión de los trabajos, en que los delegados se dedicaron a intercambiar opiniones sobre los candidatos presidenciales, los representantes Julio Madero y Alfredo González presentaron la siguiente posición: “Considerando que el Ejército Libertador forma parte importante de las fuerzas que combatieron al usurpador; considerando necesario que el Ejército Libertador se halle representado en esta Convención, ya que ha demostrado los mejores deseos de contribuir a la resolución de los problemas nacionales, proponemos que se adicione el artículo segundo, recientemente aprobado, en el siguiente sentido: Inciso B, la elección que conforme al inciso A, de esta ley se haga, será rectificada o ratificada por esta Convención el día 20 del actual, con la asistencia de 30 delegados del Ejército Libertador”.
José Inocente Lugo opinó que fijar una fecha y el número de delegados resultaba peligroso, porque podría ser que éstos no alcanzaran a reunirse. Álvaro Obregón por su parte, aseguró que mientras los zapatistas no apoyen esta propuesta, o por lo menos manifiesten su deseo de asistir como delegados de la Convención, esta cuestión no podrá resolverse. Soto y Gama contestó que lo más que podrían hacer sería tratar de buscar el apoyo del general Zapata para el candidato triunfante, ya que éste les ordenó buscar el establecimiento de un triunvirato. Después, la Mesa invitó a los delegados a presentar candidaturas formalmente, siendo nominados los generales José Isabel Robles, Eulalio Gutiérrez y Eugenio Aguirre Benavides.
La secretaría por su parte, anunció que ganaría aquel candidato que obtuviera la mayoría relativa, es decir, no de toda la Asamblea, sino en relación a los candidatos presentados.
Una vez hecha la aclaración, se procedió a llevar a cabo la elección. El acto se realizó en medio de gran expectación. El secretario Marciano González llamó a cada uno de los delegados, que subió al foro y depositó en el sombrero del secretario Vito Alessio Robles, una papeleta con el nombre de uno de los candidatos.
Una vez terminada esta parte de la elección, el secretario Samuel M. Santos realizó el escrutinio, al tiempo que la Asamblea guardaba el más completo silencio. La elección arrojó el siguiente resultado: Eulalio Gutiérrez, 88 votos; Juan Cabral, 37; José Isabel Robles, dos, y Eduardo Hay, uno.
Luego de conocerse el resultado, aproximadamente a las 23:30 horas, el teatro todo estalló en un prolongado y jubiloso aplauso, acompañado de vivas al general Gutiérrez, a la Revolución y a la Convención.
A continuación, en un momento revestido de la mayor solemnidad, el general Pánfilo Natera, que fungió como presidente de la Asamblea en sustitución del general Villarreal, que había renunciado la víspera, tomó la bandera preñada de firmas y juramentos, y vuelto hacia el patio de butacas del teatro exclamó: Es Presidente Provisional de la República Mexicana el General Eulalio Gutiérrez.
Nuevamente los presentes prorrumpieron en vítores a la Revolución, a México, al señor Carranza y a los generales Villa y Zapata, al tiempo que aplaudían con fruición. Sin duda, aquello resultó un desahogo a las tensiones acumuladas durante los últimos días. En verdad se sentía en el ambiente un sentimiento de alivio ante el deber cumplido.
En ese momento, el general Gutiérrez subió al foro para dirigirse a la asamblea. Una vez que las palmas hubieron amainado, el nuevo presidente de México dijo lo siguiente: “Agradezco la muestra de confianza que se me ha dispensado -expresó visiblemente emocionado-; y protesto aquí, en este lugar, cumplir y hacer cumplir todas las disposiciones que emanen de esta honorable Asamblea”.
“En los pocos días que yo esté aquí -continuó el nuevo presidente-, los señores del sur, los que siguen al general Zapata, todos los bandos menos los reaccionarios, tendrán todas las garantías posibles con que deben contar todos los hombres honrados que buscan el bien de la Patria.”
“Espero también que ustedes me ayuden -agregó-, y creo que así lo harán con todos los elementos de la Revolución y de esta Asamblea.”
De nuevo el ya histórico Teatro Morelos se llenó del estrépito de las palmas. Acto seguido, todos los presentes abandonaron el recinto para acompañar al general Gutiérrez hasta el hotel en el que se aloja. Como por arte de magia, la silenciosa tranquilidad dominante en esta risueña ciudad fue rota por el concierto de campanas, silbatos de locomotoras y clarines militares, que con sus sonidos anunciaban la buena nueva a la ciudad y al país.
En efecto, por todas partes, el aire nocturno se llenó del jubiloso tañer de los bronces, de tal manera que a poco, muchas personas comenzaron a salir de sus domicilios para unirse al río humano que acompañaba al presidente Gutiérrez. Ni el fresco de esta noche gloriosa de noviembre fue suficiente para impedir que la alegría se desbordara celebrando la salvación de la Patria; la pacificación del país.
Después de dejar al general Gutiérrez en su domicilio, la muchedumbre se trasladó a la casa en la que se hospeda el general Antonio Villarreal. Ahí habló el delegado Felipe García Vigil, quien elogió la forma cómo se había realizado la elección en momentos en que se creía que estallarían las pasiones personalistas. Habló también el general Eugenio Aguirre Benavides para pedir al general Villarreal que retirara su renuncia como presidente de la Convención. Éste por su parte, denunció la calumnia que en su contra se maquinó, al acusarlo de pretender aprovecharse de su cargo para promover su candidatura presidencial, que los zapatistas frustraron, según pudimos enterarnos.
“Tengo la intención inquebrantable de renunciar -aseguró Villarreal desde un balcón de la casa que ocupa-, porque no soy político, sino un hombre de trabajo y lucha que ha servido fielmente a su Patria, por lo que no tengo ambiciones.”
Acto seguido, los manifestantes continuaron su marcha hacia la Plaza de Armas, y al pasar por el monumento a Juárez, que se encuentra a un costado de la catedral, se detuvieron a rendir un homenaje al glorioso indio de Guelatao, para luego dispersarse. Sin embargo, el ambiente de regocijo perduró toda la noche, distinguiéndose las continuas descargas de fusilería. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>.)