Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

México, D. F., a cuatro de octubre de 1914. El tema debatido el día de hoy por la Junta de Generales y Gobernadores que se lleva a cabo en esta ciudad, fue la propuesta presentada por la Comisión Permanente de Pacificación, en el sentido de que la Convención se traslade a la ciudad de Aguascalientes, y que sólo asistan a ella los militares. Vale la pena aclarar que por momentos la discusión se realizó en un ambiente de tensiones, y que por desgracia no fue posible llegar a un acuerdo.
Los trabajos iniciaron con la aprobación del dictamen elaborado por la Comisión Revisora de Credenciales, sobre los últimos casos sometidos a su consideración.
Como informamos ayer, en el seno de la Asamblea existía cierta renuencia a trasladar la Convención a Aguascalientes, sobre todo entre los delegados más allegados al señor Carranza, quien en su discurso de ayer mostró su contrariedad por el posible cambio.
El general Eduardo Hay hizo uso de la palabra para declarar que quienes participan en la mencionada Comisión Permanente de Pacificación, se habían comprometido con los jefes de la División del Norte a trasladar la Convención a Aguascalientes y a respetar sus acuerdos. Agregó que inicialmente se programó el cinco de octubre como fecha de inicio de los trabajos, pero que por el retraso que se tenía en la atención de los asuntos pendientes, esta fecha debía diferirse al día 10.
El coronel de Los Santos se mostró de acuerdo en ir a Aguascalientes, pero pidió se le aclarara quiénes tendrían derecho a asistir.
Por su parte, el general Gertrudis Sánchez propuso que se aceptara la invitación, pero que únicamente se apersonaran aquellos militares plenamente identificados con el constitucionalismo; esto para evitar que participaran en la Convención elementos de la reacción.
El general Francisco de P. Mariel preguntó sobre los temas a tratar en Aguascalientes, a lo que el general Obregón contestó que eso se decidiría allá. Además, Mariel quiso saber si se tendrían garantías y si el traslado a esta provincia no significaba una imposición del general Villa. A la primera pregunta, Obregón contestó en sentido afirmativo. El general Lucio Blanco contestó a la segunda expresando que había sido él quien propuso a Aguascalientes como sede de la reunión. “Yo indiqué a los miembros de la Comisión que fue al norte a tratar de solucionar esta cuestión, que deberíamos reunirnos en Aguascalientes o en alguna otra ciudad. A la comisión le pareció buena la idea de que fuese en Aguascalientes” -declaró-.
Todavía renuente, Mariel dijo lo siguiente: “Se dice en la invitación de qué se trata, que en Aguascalientes vamos a decidir la forma del gobierno futuro. Yo creo que sólo debemos sostener la forma constitucional, y que para tal fin deben seguir las prácticas democráticas”.
El general Hay respondió que esto no era posible, debido a que primero tendrían que celebrarse elecciones, asunto que no podía resolverse de un día para otro. “Hay que pasar por otras formas de gobierno -dijo el militar en su argumentación-. Esas formas serán las que discutamos en Aguascalientes. Ese gobierno podrá ser desempeñado por un jefe, por una junta, y puede ser también que convenga que no sea uno solo el encargado del Ejecutivo, sino que tengamos varios; en fin, cualquiera otra forma de gobierno transitorio, según se acuerde en aquella Convención, mientras llegamos a la forma constitucional”.
Luego, el abogado Luis Cabrera se posesionó de la tribuna para protestar por la pretensión de excluir a los civiles de la Asamblea, lo que consideró como un atropello. “Mis representados por mi conducto piden quedar incluidos entre los que harán el viaje» -declaró enfáticamente-. Luego impugnó el proceder de la Comisión Permanente de Pacificación en relación a los acuerdos tomados con los representantes villistas, sobre todo los relativos a los temas a tratar, los personajes que asistirían, etc. “Aquí debe resolverse esta grave cuestión -continuó-. No debe esperarse a llegar a Aguascalientes. Aquí es donde debemos saber con quién se va a tratar. Y que se diga si cada general va a representarse a sí mismo, o si esa representación será medida por el número de soldados a sus órdenes. Y luego debe resolverse también qué motiva la total exclusión que se quiere hacer de los civiles”.
El momento en que la tensión llegó a su apogeo ocurrió cuando el general Coss interrumpió a Cabrera afirmando que “cuando nos reuníamos los militares para atacar a los enemigos de la República, no tomábamos el parecer de los civiles. Por eso queremos ahora que los civiles no tomen participación en estos asuntos”.
Cabrera ignoró la interrupción y reiteró sus planteamientos. Obregón le contestó que los civiles no irían porque eso era lo que se había acordado con los jefes de la División del Norte.
El general Hay, por su parte, declaró que los militares continúan siendo civiles de corazón. “Nosotros fuimos a la guerra precisamente por eso, porque los civiles no fuesen atropellados por los militares que no supieron ser soldados de la República”.
Al no llegarse a un acuerdo, el Lic. Cabrera propuso que la sesión se diera por concluida, acordándose suspenderla a las 9 de la noche. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com ).