Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Aguascalientes, Ags., 26 de octubre de 1914.
Mientras nos dirigíamos al teatro Morelos para ser testigos de una sesión más de la Convención Militar, nos encontramos al licenciado José Vasconcelos, que caminaba hacia el mismo lugar, y aprovechamos para hacerle cumplir la promesa de entrevista que nos hiciera en días pasados.
Nuevamente le preguntamos su opinión sobre la Convención y los delegados que asisten.
“Lo más vigoroso y meritorio de la revolución está con la mayoría libre de consignas -contestó, imprimiéndole gran emoción a sus palabras-; Eulalio Gutiérrez, Álvaro Obregón, Eugenio Aguirre Benavides, José Isabel Robles, Lucio Blanco, Antonio Villarreal y un centenar de jefes jóvenes, sanos y patriotas”.
“¿Eulalio Gutiérrez, aunque asesine periodistas?” -preguntamos nosotros-. El estudiado profesionista continuó caminando, pero guardó silencio, como pensando bien su respuesta. “La revolución, mi amigo, es la revolución -dijo finalmente-. En una situación como esta los excesos son difíciles de evitar”.
Ya que definió a uno de los bandos, le preguntamos por los representantes de la División del Norte.
“Esos hacen política de forma vergonzante -contestó enfático-. Ninguno de la plana mayor civil trajo representación, únicamente Roque González Garza, él es un joven honrado y hábil, pero sin prestigio personal”.
“El grupo carrancista -continuó nuestro informante, dando grandes pasos y haciéndonos batallar para tomar nota y caminar al mismo tiempo- intriga sin el respaldo expreso de su jefe, que como usted sabe, se ha negado a hacerse representar en la Asamblea, aunque mandó a ella a sus agentes”.
Llegamos al teatro, y aunque había mucha gente alrededor, no tuvimos mayores problemas para entrar. El licenciado Vasconcelos, de talante nervioso, daba muestras de querer deshacerse de nosotros, sin embargo, lo seguimos hasta su palco del primer piso. El patio de butacas del teatro -ahora llamado pomposamente “salón de sesiones”-, estaba llenándose poco a poco, mientras se anunciaba el inicio de los trabajos, los representantes populares conversaban animadamente entre sí.
“Esta Asamblea -dijo el licenciado Vasconcelos, señalando hacia abajo- significa la única esperanza de concordia, la única base para empezar a construir el edificio de la revolución, la única oportunidad para librarla del caudillaje pretoriano que la está ahogando. A la Convención hemos venido para acabar con todos los jefes de simple categoría militar. Y para crear jefaturas que los hombres honrados puedan acatar sin bochorno”.
Cuando Vasconcelos pronunciaba estas palabras, los integrantes de la Mesa Directiva ocuparon sus lugares en el foro, por lo que nosotros debimos hacer lo propio. Mientras nos dirigíamos al palco de la prensa, no pudimos menos que sorprendernos por la contradicción que encarnaban las palabras de nuestro entrevistado, que espera que una Convención militar acabe con los militares…
La sesión comenzó a las 10:15 hrs., cuando los encargados de custodiar la bandera escoltaron a su lugar en la tribuna a la enseña Patria. A continuación, el secretario pasó lista de presentes y, acto seguido, puso a consideración de la Asamblea el acta de la sesión anterior, se dio lectura a diversos documentos, entre los que destacaron los siguientes: mensaje del general Ignacio Pesqueira, pidiendo que la Convención resuelva sobre el destino de jefes y soldados del ejército exfederal; del Primer Jefe, en el que informa del envío de $300,000 al general Pánfilo Natera para los gastos de la División del Centro; del general Francisco Coss, gobernador del estado de Puebla, en el que comunica haber manifestado a los distintos jefes zapatistas que operan en ese estado, que las hostilidades están suspendidas, por lo que deben abstenerse de detener trenes de pasajeros y destruir vías; otro también del general Coss, en el que denuncia que fuerzas zapatistas han atacado a los constitucionalistas, siendo rechazadas.
Acto seguido, el secretario pidió que la comisión enviada a invitar al general Zapata informe de su misión, por lo que el general Felipe Ángeles hizo uso de la palabra, informando que una vez que hubieron entrado en la zona dominada por los de Morelos, fueron recibidos de una manera entusiasta. “Las tropas en el camino nos recibieron con el arma presentada y el pueblo; los habitantes de los pueblos que atravesamos, nos aclamaban”.
Continuó el general su intervención diciendo que en Huitzilac fue recibido por el general Pacheco, y en Cuernavaca por los señores generales Zapata y Genovevo de la O. “En una conversación que tuvimos con el señor general Zapata nos manifestó que era la primera vez que se enviaba una comisión en forma al Ejército Libertador -declaró-, y manifestó que estaba en las mejores disposiciones y que tenía las más grandes esperanzas de que se llegara a una solución pacífica”.
Luego dijo Ángeles que al día siguiente tuvieron dos pláticas, una con el general Zapata y otra con los jefes zapatistas que se encontraban ahí, ya que según manifestó el jefe máximo de la revolución suriana, teniendo sus fuerzas disgregadas por los estados de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y el Distrito Federal “y siendo tan difíciles las comunicaciones y ellos tan escasos de recursos, no podía reunir violentamente a los generales que mandaban el Ejército Libertador y creía enteramente necesario que tuviera la bondad la Convención de prorrogar un poco más el plazo, para que esos señores generales pudieran ser reunidos por el general Zapata, discutieran el asunto que ellos juzgaban de trascendencia y que seguramente llegarían a una solución satisfactoria, pero a lo cual envió una representación, no sin antes señalar que debía consultar a sus generales, ya que no los gobierna dictatorialmente”.
“Como él veía claramente que el retardo en el envío de los delegados del Ejército Libertador podría producir trastornos en muchos asuntos -agregó Ángeles refiriéndose a Zapata-, me dijo que daría instrucciones a la delegación enviada, con el objeto de que los trabajos de la Convención pudieran proseguir. Esa delegación se encuentra en esta ciudad y espera las órdenes de la Convención para poder presentarse a cumplir con su cometido”.
Cuando Ángeles terminó de hablar, Roque González Garza pidió que se suspendiera la sesión para que la Convención se ponga de acuerdo en torno a la petición de Zapata. Por su parte Gregorio Osuna se sumó a la petición de González Garza, con el objeto de cambiar impresiones con los zapatistas.
La proposición fue aprobada y la sesión suspendida.
Cabe aclarar que independientemente de lo anterior, los delegados zapatistas ya se encontraban en el teatro desde antes de iniciar la sesión, por lo que la parte final del informe de Ángeles se considera una simple formalidad.
En efecto, la presencia de los 26 zapatistas en las puertas del teatro Morelos significó un marcado contraste con los demás delegados, debido a su indumentaria, compuesta de grandes sombreros, pantalones acampanados y camisas de dril.
Finalmente, debemos informar que esta cortísima sesión se vio dificultada por las continuas interrupciones de la energía eléctrica, por lo que debieron descorrerse los telones el fondo del escenario para dejar pasar alguna luz proveniente de los grandes ventanales. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com <mailto:carlos.migrante@gmail.com>).