Caine: “Su Majestad, tengo más en común con un perro que con usted…”

Jupiter: “Adoro a los perros. Siempre he adorado a los perros”.

Este diálogo, por inane y guarro que parezca, pertenece a una costosa producción -176 millones de dólares invertidos- dirigida por los hermanos Wachowski ( la trilogía “Matrix”, “Meteoro”) que apuesta por una resurrección al otrora socorrido subgénero del space opera, crisol de fantasías y sueños futuristas que empaparon la capacidad de asombro de un público de cine de matinee prácticamente extinto mas que en las evocaciones nostálgicas de quienes vivimos su hechizo. En ese entonces, un escalofrío recorría nuestra espina mientras la socarrona y altanera mirada de Flash Gordon inundaba la pantalla con imperialista y complaciente heroicidad o al atestiguar los apuros que el Comando Cody debía superar asistido por su mochila-cohete sin saber si en el siguiente episodio de sus seriales cinematográficos se encontraría con vida. Ahora la generación facebook deberá conformarse con un pobre sustituto en la forma de cintas como la que ahora nos ocupa, la cual se regodea de cierta aura apologética por abordar su tema bajo el sello de la ciencia ficción, envolviéndola con mundos masivos, salvajes y bizarros que encuentran constante freno en las abundantes explicaciones que se dan sobre su existencia y sustancia y donde, por capricho de sus emparentados directores, elementos tan ilusoriamente posmodernos como un soldado extraterrestre mitad licántropo con botas antigravedad debe ser aclarado mediante una supuesta exposición realista para presentarse como una solución narrativa.

La cinta abre con un prólogo donde conocemos a dos rusos enamorados: Maximilian Jones (James D’Arcy) y Aleksia (Maria Dole Kennedy), quienes comparten un gusto por observar las estrellas. El, astrónomo de afición, se empeña en bautizar a su hija no-nata como “Júpiter”, pues es su planeta favorito (y ella debe darse de santa que su padre no sintió predilección por, digamos, Urano). Tras esta frívola justificación para el exótico nombre de la protagonista, vemos cómo unos ladrones irrumpen violentamente en casa de los Jones y asesinan a Maximilian. Pasa el tiempo y Aleksia da a luz a su hija, a quien por supuesto nombra como el quinto planeta del sistema solar en homenaje a su fallecido esposo. Así, Jupiter Jones (Mila Kunis) crece realizando mundanas tareas de limpieza como afanadora en un edificio en Chicago junto a su madre y una compañera de cuarto llamada Katharine (Vanessa Kirby). Paralelamente vemos como en una galaxia muy, muy lejana la familia Abrasax (no confundir con Abraxas, deidad gnóstica del Siglo II que representaba el fuego) lamenta la muerte de la matriarca y cavilan sobre el destino de nuestro planeta, pues resulta que son ellos quienes dieron forma y vida a la Tierra hace siglos. El debate se centra en los hermanos Abrasax: Titus (Douglas Booth), de naturaleza compasiva: Balem (Eddie Redmayne), taciturno y con tendencias megalómanas y Kalique (Tuppence Middleton), controladora y poco empática, quienes deciden buscar a la heredera genética de su linaje y, por supuesto, ésta resulta ser Júpiter, quien debido a esto se revela como dueña y reina de, ni mas ni menos, nuestro planeta. Balem planeando un destino nefasto para nuestro mundo, envía a su caza a varios mercenarios para malograrlo mientras que Titus recurre al valeroso Cain (Channing Tatum) para rescatarla y llevarla con seguridad a su mundo. De esta forma se detona una aventura en la senda más clásica (por no decir trillada) de los modelos escapistas básicos del cine de ciencia ficción donde habrá muchas persecuciones, proezas heroicas y traiciones constantes, mientras nuestra heroína aprende sobre su cósmico destino y poco a poco comienza, claro que sí, a enamorarse de Caine, su fornido y enigmático salvador con botas antigravedad.

Los Wachowski jamás se han adentrado al desarrollo de una narrativa propia, adhiriéndose a lo ya probado (“Matrix”- anime de autor, en particular “Ghost In The Shell” de Mamorou Oshii o “Meteoro”- Igual que el anterior, pero setentero con estética de arcade) por no decir plagiando descaradamente los esfuerzos narrativos de otros. En este caso, tanto el diseño de personajes como la línea dramática bebe directamente de los space operas ochenteros como “The Last Starfighter” o “Batalla Más Allá de las Galaxias”, una clase de serie B que, por autodefinición, debe ser honesta y pueril, pero desenfadada y entretenida por su rechazo al modelo industrial. Aquí solo tenemos una mímesis pálida que se debilita por los empecinamientos de los terribles hermanitos en diagramar todo para su consumo inmediato, una historia supositorio donde, en momentos, alcanza un grado de inenarrable estupidez, como aquella escena donde la condición monárquica de Jupiter se constata cuando un grupo de abejas se rehúsa a atacarla o clavarles su aguijón, pues como indica un personaje, “ellas reconocen la realeza”. Quijada al suelo y palomitas ídem por la risa estertorea que esto produce. Cuando uno se ríe del filme y no con él, el problema es grave. Sin embargo, la película cumple en cuanto a que resulta imposible apartar la mirada de ella, pero más en términos morbosos, como cuando vemos un accidente automovilístico. Esta es un desastre de cinta que se desbarata o descarrila frente a nuestros ojos al no poder jamás alcanzar las alturas que sus descabelladas premisas sugieren, y aún así los Wachowski siguen encontrando financiamiento.. .

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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