A finales de la semana pasada, vía la Bolsa Mexicana de Valores, se dio a conocer el informe financiero de Petróleos Mexicanos para el año 2019.

La paraestatal reportó pérdidas por 650 mil millones de pesos. Esta cifra representa un 91 por ciento más que el año anterior -2018-, así como la “módica” correspondencia del 2.7 % del Producto Interno Bruto.

Tan sólo para dimensionar la magnitud de la pérdida, ésta representaría la construcción de dos aeropuertos de Texcoco, cuatro veces la pésima inversión de la Refinería de Dos Bocas; o para ser más claros, la paraestatal perdió mas dinero de lo que creció la economía nacional. Así las cosas.

Como ya se ha convertido en costumbre, el Gobierno Federal, a base de pretextos, generó más incertidumbre de la ya esparcida.

El director agrónomo, con una limitada experiencia petrolera, de Pemex, manifestó que estos negativos números, tan sólo corresponden a la inercia que se venía arrastrando desde hace quince años y que la actual administración, es ajena a estos resultados. ¿Algún día terminarán estas justificaciones? Que no nos sorprenda si una vez concluido el sexenio, continúan.

Sin embargo, los pretextos, como la mayoría de las aseveraciones del Gobierno Federal, carecen de verdad. Lo que es una realidad, es la asignación de gente sin experiencia en cargos claves para el desarrollo de la compañía; esto de la mano con detener licitaciones, frenar contratos vigentes y con recursos comprometidos, sobregirar precios, asignaciones de obra directos – los cuales carecen de fundamentación -, abolir los farmounts –asociaciones pública y privadas-, por tan sólo mencionar algunas de las decisiones tomadas por este gobierno, no anteriores.

Por otro lado, Pemex continúa siendo la compañía más endeudada del mundo en el sector energético, con una deuda ligeramente superior a los 105 mil millones de dólares. Poco ayudaron las compensaciones del 34% menos en pago de impuestos y derechos al gobierno federal, además, de recibir 160,000 millones de pesos en aportaciones extraordinarias del Ejecutivo. Sus niveles de deuda serían más alarmantes, sin el patrimonio aportado.

Como cereza del pastel, la Comisión Nacional de Hidrocarburos informó que la producción promedio de petróleo en el 2019 fue 7% menor que la del 2018.

El problema central de la pésima administración de Pemex, va de la mano con la posible baja en su nota crediticia. La calificación depende de la capacidad que tenga la paraestatal para hacer frente a sus obligaciones financieras, principalmente en el corto plazo.

A pesar de las aportaciones extraordinarias realizadas por el gobierno, a costa de obras de infraestructura y proyectos productivos, quizá no sea suficiente para evitar que los bonos de Pemex caigan.

Si esto sucede, es muy probable que también se contagie la calificación nacional, y en este aterrador escenario, podrían volar los capitales golondrinos e incluso impactar al tipo de cambio, el cual se ha mantenido, dentro de lo que cabe, estable.

La única nota positiva, se espera que la petrolera no tenga problemas para enfrentar sus compromisos financieros, debido a las extensas líneas de crédito que todavía tiene habilitadas.

Según la calificadora Moodys, Pemex cuenta con más de 6 mil millones de dólares en líneas de crédito disponible y un total de 37 mil millones de pesos por el mismo concepto. ¿Serán sostenibles tales niveles de deuda? Por supuesto que no.

OVERTIME

La propagación del llamado COVID-19, continúa dando de qué hablar. Ante su inminente arribo a Estados Unidos, la Reserva Federal recortó sorpresivamente su tasa de interés en 50 puntos base, para posicionarla en un rango de 1-1.25 por ciento. Lo más interesante de esto, es que, en 2008, a 18 días de que estallara la crisis financiera mundial, la FED sorprendió a los mercados, con un recorte en las mismas condiciones que el actual. ¿Nos vamos preparando?

 

 @GmrMunoz