Tras los meses del confinamiento y en el marco del regreso a la “nueva normalidad”, comienzan también a evidenciarse los resultados de las decisiones gubernamentales de los últimos meses. Los resultados más aterradores, son definitivamente los que implican conocer las cifras del desempleo y el declive económico que se avecina. Se menciona lo anterior, ya quede acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social, se perdieron  en el último mes cerca de seiscientos mil empleos formales.

Dichos empleos perdidos, corresponden a una realidad parcialmente cegada ya que representan únicamente cifras de trabajos formales que cuentan con seguridad social y cumplimiento a ciertos derechos laborales; sin embargo, el país sufre su mayor repercusión en el desempleo de las fuentes informales de trabajo que mantenían a millones de familias mexicanas bajo el esquema de trabajo diario en mercados, estacionamientos, tiendas de abarrotes, labores de jardinería o de limpieza, entre muchos otros. Basta con recordar las cifras publicadas por el INEGI a principios del presente año, en el que se demuestra que  aproximadamente seis de cada diez trabajadores mexicanos se encuentran inmersos en la informalidad.

Frente a estos escenarios, nuestras autoridades federales decidieron ser omisas al planteamiento de directrices y/o soluciones claras en cuanto al pago de salarios. De manera que, la incertidumbre se convirtió en el mejor aliado gubernamental y ahora las consecuencias serán desastrosas, ya que en ningún momento se plantearon esquemas de apoyo económico y/o financiamiento para el pago de sueldos; lo que obligó el despido o cese de actividades de miles de mexicanos, pero al mismo tiempo obligó la continuidad de actividades  por parte de empresarios y trabajadores que tuvieron que salir de sus casas y poco pudieran hacer para combatir y/o aplanar la famosa “curva de contagios”.

Si tomamos en cuenta que en los últimos meses perdieron su empleo 2 de cada 6 mexicanos que trabajaban en la informalidad, lograremos dimensionar la gravedad del problema. Ya que en su mayoría, arrastran deudas desde hace unos meses y en el mejor de los casos, ahora enfrentarán deudas contraídas desde marzo y abril, que se combinarán con la regularización de las clases de los hijos y el ingreso al nuevo ciclo escolar, entre muchos otros gastos más.

En mi humilde opinión, considero que encontramos indicios de lo que podrá ser la crisis económica más grande del país en los últimos treinta años; razón por la cual, será necesario exigir que las autoridades reaccionen y pongan en marcha acciones que puedan remediar la timidez de su actuar. Hoy más que nunca, se requiere una oposición fuerte y responsable, que deje de pensar como un sistema de partidos y se dedique a unificar México, demostrando que en 2021 se pueden enmendar muchas cosas colocando a los mejores perfiles en una Cámara de Diputados que logre ser independiente y que pueda orientar tanto el crecimiento, como la recuperación del país.

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Twitter: @davidrrr

 

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