futItzel Vargas Rodríguez

Hace algunas semanas, un equipo muy conocido y admirado, el Real Madrid, ganó por décima ocasión la Copa Europa. La celebración de la afición no se hizo esperar por las calles de Madrid, quienes con júbilo salían en grupos a las calles rumbo a la glorieta de Cibeles, con tambores acompañados de cantos que decían “Cómo no te voy a querer, si eres campeón de Europa por décima vez”, y así, vestidos con las playeras oficiales y bufandas del equipo, se conglomeró un vasto número de personas en torno a la glorieta. Una vez allí, esperaron 2, 3, 4, 5 horas, no importaba el tiempo hasta que sus ídolos futbolísticos llegaran desde Lisboa con la copa “orejona”. Justo cuando llegaron, las masas se pusieron incontrolables, alzaban las bufandas, empujaban, gritaban, lloraban…era un momento cumbre.

Ya estamos en el mundial, y con él, muchos tipos de sentimientos aflorarán en la gente aficionada al futbol. Desde la pasión por el equipo preferido, la incertidumbre en conocer a los finalistas o ganadores, el coraje por las derrotas, y, hasta cierto tipo de humanismo cuando se observa la gran cantidad de países que han de concursar, todos, desde sus diversas nacionalidades, con sus notables características raciales, sus uniformes individuales y banderas. Todo pareciera ser fiesta.

La llegada de este mundial si bien ha sido ampliamente esperado, también, ha sido en gran cantidad criticado, con el auge de las redes sociales, la interconectividad masiva de la gente y la transparencia a la información que cada día prolifera más y más gracias al Internet, no ha sido novedad por ejemplo, la situación en la que muchos sectores de la población brasileña se encuentran, la hambruna que encaran día a día sobre todo los niños, la violencia en las calles, y la gran cantidad de protestas que han acontecido afuera de los estadios de celebración por parte de indignados.

Cierto es que este país ha tenido un repunte político, social y económico en los últimos años, pero es un país enorme, que sigue encarando muchas fallas sociales, como la mayoría de los países en Latinoamérica, incluidos nosotros, México, y echarse en la espada un paquete como lo que significa un mundial, puede ser un arma de doble filo, un evento que abone al turismo y la economía, o como le pasó a Grecia en los juegos olímpicos, que sea un motivo de ruina.

Pero también es muy curioso cómo la gente ignora, omite o no le toma importancia además, al enorme entramado de intereses que hay detrás de un negociazo como lo es el futbol.

Ya no es nuevo decir que el futbol se ha convertido en un circo, en el que los árbitros están vendidos, en que hay goles acordados, en que hay juegos que no debieron de ser perdidos… en fin, el show está lleno de irregularidades que significan una serie de prácticas opacas, que la gente bien identifica (porque las menciona en sus pláticas) pero pareciera que no las hace consciente en lo que esto significa.

Hace poco me topé con un periódico francés que mencionaba al futbol de ahora como el nuevo “opio de los pueblos”, compuesto por dos características que lo hacían tan atrayente a los públicos: el modelo de competitividad deportiva, en el que la gente se emocionaba por lo que implica en un juego el tema de la competencia; y, el otro es el modelo de desarrollo capitalista que lo acompaña, que incluye todo el foco mediático y atrayente de la televisión, y todo lo que hay detrás de aquellas grandes marcas y patrocinadores que apuestan muchísimo dinero porque están seguros que lo han de recuperar y con enormes creces después de un mundial. Un sistema en el que ya no es sólo el juego entre amigos, sino es un juego intervenido por un sinfín de intereses de por medio, que es finalmente lo que delimita al ganador final.

Pero, culturalmente el futbol se ha expandido en cada rincón del mundo, la derrama económica que genera un evento de esta talla es multimillonaria, pero sólo para algunas empresas. En México, por ejemplo, 9 de cada 10 personas estarán atentas al mundial, las empresas restauranteras incrementarán sus ganancias, la saturación mediática se hará presente con anuncios y publicidad, y las redes sociales, como Twitter o Facebook, también estarán bombardeadas de información sobre ello.

El futbol de ahora, ése lleno de intereses económicos de por medio, cada vez está más lejos de parecerse a un deporte en el que exista la competitividad sana, el compañerismo y las relaciones amistosas, pero, la reacción de la gente, esa que está llena de cantos, gritos y lágrimas, esa sí no cambia, y es la que hace a este negocio todavía aún más rentable.

Pero aun con todo ello al parecer no hay de otra, a verlo, a ver si ahora sí se nos hace…

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