El Heraldo conversó ayer con el gobernador Martín Orozco Sandoval en vísperas de su IV Informe; fue una entrevista amena, divertida y claro, con datos del panorama que nos espera en todos los sectores.

Para ir calentando motores, le preguntamos sobre el momento más crítico, el más difícil y el más chusco en estos cuatro años.

La respuesta fue la incertidumbre que propició cambio de planes, tuvieron que modificarse. Lo gracioso es que todo mundo es experto en COVID, cuando realmente impera la zozobra.

“Se toma una decisión para soportar la economía, y otros sectores se molestan; para salvaguardar la salud, y lo mismo, pero hay que tomar decisiones equilibradas, sin importar los costos que deban pagarse”, añadió.

Sobre las implicaciones de la Ley Seca, expresó que mientras unos estuvieron de acuerdo, otros “me la mentaron”; pero se llegó a ese extremo, de acuerdo a los indicadores del comportamiento de la pandemia en la entidad.

Comentó que después de la reactivación económica, cuando se permitió la apertura de algunos negocios con ingreso restringido, los contagios aumentaron; el virus se propaga principalmente por las reuniones sociales.

Hizo hincapié en que actualmente se miden las consecuencias del arranque de la “Ruta del Vino”, y con base en las secuelas, en caso de que las haya, se procederá en consecuencia.

Las decisiones se toman con base en estadísticas, no con los números de Gatell; es muy incierto el comportamiento del virus, de un día para otro se multiplican los contagios, y también bajan, citó.

“Se cuestiona que Aguascalientes tenga alto índice de hospitalización, pero la tasa de letalidad va a la baja; prefiero que alguien intubado salga del hospital por su propio pie”, expresó.

A la pregunta “¿Hay que creerle más a Moni Vidente que a Gatell?”, luego de soltar una carcajada consideró que es fundamental observar diariamente todos los números, viendo los efectos de este virus de movilidad, los rebrotes que nos recuerdan la vulnerabilidad del ser humano.

Sobre lo que falta por hacer, señaló que todo presupuesto se hace en función de prioridades y lo que sobra se va para obra pública, es cruel, pero es la realidad.

Reiteró que la salud es prioridad, la seguridad por todo lo que implican las inversiones; la educación y la parte social.

Dejó en claro que el cuarto y quinto año de su gobierno son de consolidación; ejemplificó el C5, y observó que de poco sirve un edificio bonito y tres mil cámaras en todo el estado si no se procesa toda la información, para frenar la delincuencia; esta obra va a tener todo para que dé buenos resultados, que se reflejen en que la gente se sienta más segura, en que no haya secuestros, robo de bancos o a transeúntes.

Asimismo, el tema de movilidad es esencial, que incluye acortar distancias, hacer más ciclovías, mejorar el servicio de los camiones urbanos; “hemos acabado con muchos vicios, pero falta mucho por hacer”; la gente no debe esperar una hora o más para que pasen las unidades, sino 10 o 15 minutos.

“El reto es hacer un estado más moderno, con excelente movilidad, flujo continuo, y otras obras tendrán que cancelarse”.

Comentó que tampoco quita el dedo del renglón en educación, aunque los resultados se ven por generación, con los egresados, año con año; reconoció que habrá rezago educativo, lo que se resolverá en su momento, y lamentó que los niños no puedan sociabilizar, pero no se puede arriesgar su salud con clases presenciales; las crisis en el hogar también son una realidad.

Sus planes eran subir la escolaridad de 9.3 a 11 años, pero dadas las condiciones, si acaso llegaremos a 10.

Al inicio del sexenio, prometió no dejar obras empezadas, pero la pandemia todo lo cambió; “todavía podríamos hacer mucho, pero mientras no haya vacuna los objetivos son inciertos”, repuso.

Finalmente, expresó que no podemos actuar en función de beneficios individuales o grupales; convocó a trabajar juntos y a no descuidarnos para salir adelante y que la pandemia no nos frene.