RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Mucha polémica y expectación causó la noticia de que el presidente López Obrador se contagió de COVID-19. El domingo por la tarde la noticia había corrido como reguero de pólvora y en todos los ámbitos no se hablaba de otra cosa en todos los ámbitos. Era lógico, el presidente es el hombre más importante políticamente hablando y lo que le suceda a él le genera al país diferentes situaciones tanto en lo político como en lo económico, por ejemplo el dólar subió a casi 20 pesos el lunes por la mañana. La realidad es que el presidente le anduvo buscando “ruido al chicharrón” durante casi todo el año pasado y en lo que va de este año, pues siempre se mostró reacio a usar el cubrebocas, lo que sin duda era un muy mal ejemplo para gran parte de la población, pues es sabido que se debe de predicar con el ejemplo, pero el presidente desde un principio argumentó razones de poco valor científico para combatir el mal endémico que aquejaba al país y al mundo entero. Tremendo para la comunidad científica y médica era el observar en una de las mañaneras como el presidente decía que él tenía sus amuletos o escudos protectores que llevaba en su cartera para protegerse del COVID-19 y mostraba dos escapularios del Sagrado Corazón de Jesús, también conocidos como “Detente”. Y recitaba: “¡Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo!” Y enseguida aseveró que el escudo protector era como el detente, es la honestidad, eso es lo que protege: no permitir la corrupción”. Y en México donde de acuerdo al último censo del INEGI, el 82.9 de la población se identificó como católico, imagínese usted cómo pudo haber influido lo dicho por el presidente en gran parte de la comunidad católica. Y sí, hay que decirlo, quienes profesamos la fe católica tenemos la esperanza de que el Creador nos proteja de todos los males, pero como dice el dicho: “Ayúdate que yo te ayudaré”, y en este caso había que seguir las instrucciones de los médicos y de los científicos, y no lo que decía López Gatell, que el cubrebocas no era tan necesario…¡Increíble!

López Gatell, por si usted no lo recuerda, también tuvo participación en el año 2009 cuando la epidemia de la influenza se dio en todo el país. En Aguascalientes nunca olvidaremos esta epidemia, pues se suscitó precisamente cuando estábamos en plena feria de San Marcos, la que tuvo que ser suspendida para evitar miles de contagios y muertes. En ese año la población empezó a utilizar los cubrebocas, lo que vino a ser una fecha histórica e inolvidable para los aguascalentenses. Pues bien, en ese año -2009- López Gatell- que cuenta con un doctorado en Epidemiología por la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins-, ya trabajaba en el gobierno federal, en la S.S.A, como Director General adjunto de Epidemiología en la Secretaría de Salud, sin embargo en aquella ocasión por sus malas decisiones para enfrentar la epidemia de influenza A H1N1 originó que fuera desplazado de su responsabilidad y ya no manejara él lo referente a la epidemia. En ese año el presidente era Felipe Calderón que accionó pronto relevándolo. Pero López Gatell volvió por sus fueros en el actual sexenio. Cuando inició la pandemia el año pasado López-Gatell soslayaba lo peligroso de la enfermedad, llegando a decir que el COVID-19 no era más grave que la influenza. Y de ahí en adelante López Gatell comenzó a tomar decisiones que ponían en riesgo la salud, y por ende la vida de millones de mexicanos. Y la prueba de sus malas decisiones está a la vista al haber alcanzado el país el martes pasado la cifra de 150 mil muertes por COVID-19 y con ello ya estamos alcanzando a la India que tiene 153 mil.

El contagio de López Obrador debe alertar a la población que creía que el cubrebocas no era necesario. La realidad es que el cubrebocas junto con el guardar la distancia y el lavado y sanitización de las manos es lo que nos puede ayudar a no contraer la enfermedad. No hay de otra. Quienes ya nos acostumbramos a portar el cubrebocas nos sentimos desnudos cuando sin querer salimos a la calle y no lo llevamos puesto. Y ya hay la reacción de que algo nos falta y regresamos pronto al auto o a la casa por nuestro cubrebocas.

En muchos de los ciudadanos ya existe la esperanza de que esto vaya acabando poco a poco conforme se vayan aplicando las vacunas. Desafortunadamente en México estamos viendo un sinfín de problemas y pretextos para la aplicación de ellas, empezando por el tremendo desabasto de la vacuna, pues los laboratorios han mandado a nuestro país un número insignificante de ellas y se ha visto también cómo algunos políticos se han adelantado al calendario que elaboró el gobierno federal para la aplicación, de acuerdo a las actividades – médicos, enfermeras y personal del sector salud- y a la edad de la gente con más riesgo.

El contagio del presidente va a alertar a la población que se rehusaba a seguir las medidas de prevención, ya vieron que el coronavirus sí existe y sí le da a todos, sin excepción, si no se cuidan. Ojalá y esto ayude a que se haga conciencia en todos los sectores de la población, lo cual coadyuvará a bajar los índices de contagio y por consecuencia de las defunciones.