Tengo la pena de comunicarle que esta será mi última colaboración de 2023…

El hecho de que tanto la navidad como el año nuevo ocurran en lunes, mi día de publicación, me deja fuera de la edición impresa de este rotativo, que no aparecerá en esas fechas. Desde la redacción del diario me propusieron publicar en la edición digital del rotativo. Pero… A la voz de que si no consta por escrito no existió, dije que no -y este es todo un tema, a diferencia entre la prehistoria y la historia, la disyuntiva entre lo escrito y lo digital; lo que parece estarse yendo y lo que irrumpe con gran fuerza, el futuro de ambas-, porque señora, señor: ¿qué ocurrirá con quien revise mis garabatos dentro de 50 años, si encuentra que hay dos faltantes? No, gracias, mejor aquí le dejo y nos encontramos el próximo año. Por lo pronto, ¡larga vida a esta columna!

Termina el año, pero no esta apasionante labor de contarle cosas interesantes; aleccionadoras, ilustrativas -eso espero- de esta, nuestra Suave Matria. Termina el año, y, dado el caos que gobierna mi mente, dejé algunos temas pendientes, que de manera arbitraria pasaré al próximo, asumiendo que enero es un largo san lunes; temas a los que comencé a referirme, pero interrumpí, salvo el último, que para mí reviste una importancia particular, y al que dedicaré esta y la próxima entrega. Los asuntos que retomaré serán: los 80 años del Colegio Portugal, los 30 años del fallecimiento del obispo Salvador Quezada Limón, los 20 del Museo Ferrocarrilero.

Pero ahora me referiré al Consejo de la Crónica del municipio de Aguascalientes, dado que en un par de día se cumplirán10 años de que se instaló el que fuera, es, el primer organismo de este tipo, en el contexto de una Sesión Solemne de Cabildo capitalino en la que estuvieron presentes todos los regidores, a excepción de uno, y de una síndica.

En la mejor tradición de la crónica, de lo que invariablemente tendría que ser una crónica, lo que le contaré a continuación es testimonial, dado que estuve ahí, fui testigo y participante.

El nombramiento y toma de protesta de los nuevos cronistas ocurrió en el salón de sesiones del Palacio Municipal, ese salón que está en la esquina nororiente del edificio municipal.

Pero antes de seguir adelante, vale la pena recordar a algunas personas, a manera de ubicación. El cabildo estaba presidido por la licenciada Lorena Martínez Rodríguez, quien terminaría su mandato 11 días después, el 31 de diciembre. Le sucedió en el cargo el ingeniero Juan Antonio Martín del Campo. No tengo noticia a propósito de quién fue el autor de la iniciativa de creación del consejo, pero sí sé que su conformación corrió a cargo de la doctora Evangelina Terán Fuentes, directora del Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura.

No sé si sea importante; todavía no lo sé, señalar que en ese tiempo Martínez Rodríguez pertenecía al PRI, en tanto Martín del Campo al PAN.

Ahora sí, corre y se va… Luego del pase de lista a los miembros de la corporación, y los obligados honores a la bandera, la Primera Regidora nos pidió a Francisco Raúl Reyes Agüero, Bertha María Topete Ceballos, Víctor Manuel González Esparza, este servidor de la palabra que intento ser, Lourdes Caliope Martínez González, y Felipe de Jesús Estrada Ramírez, en ese orden, todos flamantes cronistas del municipio de Aguascalientes, pasar al frente del estrado y nos tomó la protesta de ley. Para ello utilizó la fórmula que se aplica a los servidores públicos, esto de guardar y hacer guardar la Constitución, etc.

Por cierto que el cargo de cronista es honorífico y no tiene remuneración alguna (quien afirme lo contrario, que lo demuestre mostrando documentos probatorios de semejante dicho).

Una vez tomada la protesta, hizo uso de la palabra el regidor presidente de la Comisión Permanente de Educación y Cultura del H. Ayuntamiento, el extinto licenciado Yuri Antonio Trinidad Montoya, quien de entrada recordó la historia de la crónica en México, señalando que se remonta a la época prehispánica, al considerar a don Fernando Alvarado Tezozómoc como uno de los principales historiadores indígenas. Sin embargo los mismos tracuilos se encargaron de plasmar en dibujos los hechos históricos y acontecimientos sobresalientes de los pueblos mexicanos. En este sentido, tenemos la memoria de Bernal Díaz del Castillo y en Aguascalientes a Agustín R. González.

Aquí, dijo Trinidad, ha habido quienes han destacado en la honrosa tarea de recopilar todo tipo de información concerniente al devenir y acontecer de nuestra ciudad. Esta enorme distinción y responsabilidad ha recaído en personajes como don Antonio Acevedo Escobedo y don Alejandro Topete del Valle.

No me extraña la referencia a quien fuera Cronista de la Ciudad, aunque más bien fue historiador, pero Antonio Acevedo Escobedo… Por la obra que le conozco, no lo imagino realizando funciones de cronista. El regidor compartió un recuerdo personal del profesor Topete, quien decía que tratándose de la historia, había dos pecados que nunca deben cometerse: nunca decir falsedades y ocultar las verdades.

Aquí es donde entramos en el terreno de las confusiones, porque señora, señor: aunque sean parientas una cosa es la crónica y otra la historia. Así que vámonos respetando. Y sin embargo es preciso admitir que existe “esa zona equívoca donde las crónicas se entretejen con la historia, y la historia con la ficción”, según dicho del novelista argentino Tomás Eloy Martínez, pero en rigor el asunto es fácil: la crónica es, esencialmente, testimonial. Por lo pronto, feliz navidad y año nuevo, y por mi parte abrigo la esperanza de encontrarnos aquí el próximo año, y concluir con esta apasionante historia. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).