Benito Jiménez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Entre quienes prestan servicios funerarios durante la pandemia, algunos ya están curados de espanto, como los choferes de las carrozas, que son quienes recogen a los fallecidos por Covid-19.
Ellos son quienes hacen fila a las afueras de las áreas de Patología de los hospitales y esperan hasta horas a que el encargado del área les grite con fastidio el nombre del cadáver.
Ya dentro de la zona frigorífica, deben sortear entre una veintena de difuntos colocados dentro de mortajas o bolsas de plástico termoselladas, identificables sólo por un número de expediente y nombre.
Deben buscar y cerciorarse más de dos veces de que se lleva al cadáver correcto.
Luego jalar la camilla rechinante y casi congelada, subir el cadáver a la carroza y llevarlo al crematorio -con previa cita- o a la fosa en algún panteón para su inhumación.
Antes de entrar a Patología, Alejandro, conductor de una carroza de la funeraria Pedregales del Sur, se coloca un traje blanco que lo cubre de pies a cabeza, guantes hospitalarios, goggles y cubrebocas. Aparte sanitiza ese atuendo con un potente rociador.