Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Filmes que ponen una mueca de gozo en mi rostro.

Desde que las primeras imágenes en movimiento capturaran la atención e imaginación del mundo hace 125 años, el cine se ha agregado al refugio cotidiano junto con cualquier actividad escapista donde nos guarecemos de las reacciones iracundas del mundo, ya sean rumbos políticos nefastos, economía tambaleante, una pandemia o nuestros íntimos, pero resonantes sismos emocionales que abarcan familia, pareja u otros componentes personales. También es un hecho de que, como cualquier expresión artística y humana, el 7º. Arte llega a ser subjetivo en cuanto a su apreciación, por lo que algunas cintas harán llorar a algunos mientras que a otros los asustará, o se verán conmovidos por algo que otros encuentran risible. Es por ello que, en este momento cuando una considerable porción de optimismo se ve diluida por los acontecimientos que prevalecen, considero oportuno recurrir a esa faceta confortable y valedora que posee el cine para presentar algunas de las cintas que, por lo menos para quien esto escribe, no fallan como linimento sensorial e intelectual para los raspones que a diario nos produce el cotidiano, además de ser excelentes filmes por mérito propio que ameritan su revisión ahora que la estadía en casa es requerida. Así que encienda la pantalla de su preferencia, siéntese y olvídese del cubrebocas un rato, después de todo es mejor sonreír sin interferencias.
“UNA NOCHE EN LA ÓPERA” (1935) – El anárquico y en momentos ácido humor de los extraordinarios Hermanos Marx tal vez no sea para todos, pero la forma con que Groucho pone en su lugar a sus adversarios con un impecable manejo del lenguaje sardónico e irónico y las jocosas ocurrencias mímicas de Harpobastan para sustraer más de una carcajada al espectador más cínico, y ésta cinta es uno de los mejores despliegues de su talento. Si no me cree, espere a la escena del camarote, una de las más imitadas en la historia del cine.

“ESCUELA DE VAGABUNDOS” (1955) – Cuando no filmaba con Ismael Rodríguez, Pedro Infante encontraba en el director Rogelio A. González a su otro mecenas creativo, y esta formidable comedia (basada claramente en el clásico de 1936 “La Porfiada Irene” -“My Man Godfrey”) es claro ejemplo de ello y de que era posible realizar una comedia fina e inteligente sin necesidad de ubicarla en atmósferas rancheras. Todo el reparto está a la altura, pero la dupla de Óscar Pulido y Blanca de Castejón (“Buenos días, pescaditos…”) como los delirantes jefes de una familia burguesa, así como el preciso timing cómico de Miroslava, Anabelle Gutiérrez y el actor/doblador Eduardo Alcaraz es innegable e impagable.

“UNA EVA Y DOS ADANES” (1959) – A estas alturas, el maestro Billy Wilder ya había manifestado sapiencia, ingenio y concreción en su carrera fílmica, pero con esta cinta reconfiguró los cánones de la comedia gringa para realizar uno de los discursos sobre género más hilarantes, además de obsequiarnos las desopilantes imágenes de un Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujer para escapar de unos mafiosos en la década de los 20’s. Si a esta ecuación sumamos a una Marilyn Monroe que más que actuar, proyectaba facetas de su propia personalidad entonces el resultado es casi perfecto.

“MI VECINO TOTORO” (1988) – El director nipón Hayao Miyazaki decanta su narrativa en la esperanza, incluso en circunstancias adversas, por lo que sus filmes son más que oportunos en este momento. Pero “Mi Vecino Totoro” condensa todos los aspectos clave de su idiolecto, incluyendo una honesta y clara exploración sobre la inocencia, el vínculo entre el hombre y lo natural, la familia y la pérdida. Tal vez para algunos sea cursi, pero es una cinta genuinamente feliz, y esta emoción termina inoculándose en la conciencia del espectador -sobre todo en el clímax-.

“HECHIZO EN EL TIEMPO” (1993) – ¿Una comedia cuya narrativa se sustenta en la filosofía platónica con ribetes existencialistas y antideterministas? Pues ésta es, y el resultado es formidable. Bill Murray vende a la perfección a un personaje aberrante que vive el mismo día hasta que alinee su rumbo vivencial. Un filme inteligente e ingenioso que patentiza el talento tras la cámara del finado actor Harold Ramis, quien comprendía la mecánica de la comedia cinematográfica para desmenuzar diversas aristas de la naturaleza humana y su sociedad, como lo hizo también en “Caddyshack” (1980), “Vacaciones” (1983), “Mis Otros Yo” (1996) y “Analízame” (1999).

“AMÉLIE” (2001) – Uno de los epítomes de la dicha cinematográfica y verdadero prodigio de la narrativa antropocéntrica que explora con lirismo y ludismo la conducta del ser humano a través de los ojos de una protagonista (Audrey Tautou en un prodigio de casting) capaz de mejorar las vidas a su alrededor, pero descuidando la suya… hasta que se enamora. La paleta cromática y toda la mise en scéne de la cinta derrocha júbilo sin empalagar y el guion es una oda al optimismo.

Corroe: corte-yqueda@hotmail.com