Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Estoy comentándole sobre los diversos campeonatos y congresos charros que se han realizado en Aguascalientes, comenzando con el de 1954, aprovechando la realización del 77, que se lleva a cabo en estos días (como en las fiestas infantiles, ahorita en Aguascalientes todo es de charros). Precisamente uno de los objetivos que se plantearon los organizadores, fue el de promover el deporte nacional, dado que se encontraba el gusto por él se encontraba en retroceso. Esto me llama la atención; esta afirmación de que la charrería “paulatinamente ha ido desarraigándose del gusto de los mexicanos”, porque si eso se pensaba entonces, en el contexto de un México relativamente aislado, un tanto introspectivo; orgulloso de la revolución y de su ascendencia rural, ¿qué pensaría el redactor de la nota, nomás de ver este mundo globalizado en que vivimos, en el que abunda el gusto por lo extranjero, los deportes, el cine, las modas, y se considera signo de atraso todo lo que se relaciona con el mundo rural, etc.?

Por otra parte, El Sol del Centro, del que procede esta información, asumía que la Feria de San Marcos era “paladín de la mexicanidad”, por lo que resultaba lógico adornar la fiesta con festejos charros.

El congreso duró apenas cuatro días, del 25 al 28 de abril, y eso de nacional francamente fue un decir, dado que en rigor no hubo tal representación. Véase si no: Las competencias serían las siguientes: el día 25, un coleadero en el estadio, en el que participarían una selección capitalina, integrada por charros de la Metropolitana, La Viga y Atzcapotzalco, del mero rancho del Hormiguero; Charros de Jalisco, de Guadalajara, de Colotlán, languense, todos de Jalisco, Cañón de Huajuco, Nuevo León, y los locales de la 16 de septiembre.

El día 26 tendría lugar un magno desfile de charros, en el que éstos serían acompañados por sus chinas, y en la tarde, en la Plaza de Toros san Marcos se desarrollaría un jaripeo, en el que participarían los charros profesionales -¡oh, sacrilegio-¡ Hermanos Becerril, José Velázquez y Refugio Arrieta “quienes ejecutarán todas las suertes de la charrería, lidiándose un toro a la Usanza Mexicana por los Becerril, que han recorrido triunfalmente los principales ruedos del mundo”.

El día 27 habría otro coleadero, también en el estadio, en el que participarían la Regiomontana de Monterrey, la Potosina de San Luis Potosí, San Felipe Torres Mochas, de Guanajuato, Unión de San Antonio, Jalisco, y la ya citada 16 de septiembre.

Nuevamente desfilarían los charros y chinas por las principales calles de la ciudad el día 28, y luego en la tarde, tendría lugar otro jaripeo, esta vez en la Plaza de Toros San Marcos, “partiendo plaza las reinas de varias asociaciones visitantes”. En esta ocasión los competidores serían los seleccionados de la capital del país, que irían contra los locales de la 16 de septiembre. Como puede verse, el bajío no está presente (imposible pensar en un campeonato nacional sin una representación del estado de Hidalgo, por ejemplo), del norte sólo se anunciaba a los regiomontanos, y el sur del país estuvo plenamente ausente.

Aquí debo hacer una aclaración. Cuando se anunció el congreso y campeonato, se notició la participación de un equipo de Pachuca, la Insurgente Pedro Moreno, de Lagos de Moreno, y otro de Unión de San Antonio, ambos de Jalisco. Sin embargo días después, al publicarse el programa general, estas agrupaciones ya no aparecieron.

Por otra parte, permítame atraer su atención hacia un trío de asuntos. En primer lugar, el hecho de que en ningún momento se habla de “charreada”, sino de jaripeo y coleadero. Como se señaló, en esos días se construía el Rancho del Charro, que fue el primer lienzo charro que hubo en Aguascalientes, imprescindible para la realización de una charreada por los elementos que lo integran, la manga y el ruedo. En el estadio tenían lugar los coleaderos, pero en honor a la verdad, las reses tenían mucho campo lugar y tabla para desviarse y tener que perseguirlas por todas partes. En cuanto a la plaza de toros San Marcos, puro ruedo, los ejercicios que se realizan en la manga, la cala, los piales y las colas, resultaban imposibles. ¿Qué sabré yo de estas cosas?, pero me parece que en estos años estaba en proceso de conformación la charreada, entendida como una sucesión de prácticas, hoy por hoy suficientemente consolidada.

En segundo lugar está el “¡Jesús mil veces!” cuando la mención de los hermanos Becerril como charros profesionales, esto porque hay una corriente de pensamiento, fincada en el más rancio romanticismo; un pensamiento que destila tradición, que condena la charrería profesional. Entre otros atributos, el charro lo es por vocación; por amor a la Tierra y a la Patria; a Dios y a la familia, no por interés o por dinero; algo así como el deporte olímpico, cuya característica esencial es el amateurismo. Aunque ciertamente hay cada vez más charros profesionales, es decir, hombres que se dedican de tiempo completo a la práctica de las suertes charras, en 1954 eran una rareza.

Finalmente, también es preciso recordar que el estadio al que se refiere la nota es el estadio municipal, donde ahora se erige el Estadio Victoria. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

 

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