Víctor Hugo Granados Zapata

Tenemos, oficialmente, nueva secretaria de Educación Pública y es la maestra Delfina Gómez. En ocasiones anteriores he explicado el perfil de la nueva titular de la SEP, destacando entre lo bueno que es la primera maestra del magisterio en ocupar dicho cargo (lo cual podría asegurar un mejor entendimiento con el sindicato), y entre lo malo sus antecedentes en el servicio público donde ha sido denunciada por abusar de su cargo como presidenta municipal de Texcoco al cobrar el famoso “diezmo” para realizar programas sociales que nunca que se llevaron a cabo (10% del salario de los trabajadores, según el reportaje realizado por Nayeli Roldán para Animal Político). Sin embargo, en esta ocasión nos enfocaremos en las prioridades que hizo mención el lunes durante la mañanera, donde estableció que su gestión se centrará en atender dos puntos importantes: la reapertura segura de las escuelas y el combate al abandono escolar ¿cuál será la estrategia que tomará? ¿se implementarán nuevos programas? ¿habrá un cambio en la política educativa? Adelantando un poco la respuesta, las cosas no van a cambiar casi en nada.

Desde antes de tomar el cargo, la Secretaria de Educación ya había anunciado que no va a modificar la estrategia actual en materia educativa e incluso durante los últimos dos meses estuvo acompañando al ex titular de la SEP, Esteban Moctezuma (ahora Embajador de México en EUA), para realizar una toma recepción ordenada. Esta era, sin duda, una oportunidad que dejó ir para cambiar el rumbo de la educación. Por otra parte, la maestra anunció que reforzará la estrategia de combate al abandono escolar dándole prioridad al programa de becas para el bienestar “Benito Juárez” y, al mismo tiempo, fortalecer el programa de “La escuela es nuestra”. Aquí es necesario señalar que la idea de la administración actual en el combate a la deserción escolar es incrementar el ingreso de las y los alumnos en todos los niveles, evitando que tengan que abandonar sus estudios por tener que trabajar y apoyar a sus familias.

De entrada, la idea es bastante lógica e incluso dicho pensamiento fue la base teórica que utilizaron gobiernos anteriores para crear programas como “Prospera”, cuyo éxito fue tan amplio que perduro varias administraciones (24 años, desde 1994 hasta 2020, iniciando con el nombre de Progresa) sin embargo la característica principal de dicho programa era que condicionaba las transferencias que se hacían, es decir, se solicitaba que cada familia tuviese a sus hijas e hijos inscritos en la escuela (entre otros más) para poderles brindar el apoyo económico. En resumen, las intenciones originales del programa eran incentivar que las familias impulsaran el desarrollo académico de sus hijas e hijos, así como una sana alimentación y tener mejores referencias para poder evaluar el programa con el paso del tiempo. Este programa fue eliminado en 2020, dado que el presupuesto que se le asignó fue poco a poco, desde 2018, trasladado a los programas de Becas para el Bienestar (pasando de 41.6 mil millones de pesos para Prospera en 2019 a 0 pesos en 2020; y de 17 mil millones de pesos para las Becas BJ a 23 mil millones para educación media y 30 mil millones para básica, según el PEF de cada año), cuya característica principal es que el recurso se les brinda directamente a las y los estudiantes de educación media y superior, y en caso de educación básica se les asigna por familia. Pero el cambio radical de este nuevo programa es que las transferencias no tienen ningún tipo de condición más que ser estudiante.

¿Por qué es necesario hacer esta comparación? La secretaria Gómez afirmó durante la mañanera del lunes que el programa de Becas para el Bienestar es el programa principal de la SEP para atender el problema de deserción escolar, afirmando que si los estudiantes cuentan con dicho apoyo no tendrán que abandonar sus estudios ¿esto es cierto? Si bien, uno de los posibles factores que incentiven la deserción escolar es la falta de recursos económicos, existen otros factores que pueden motivar el abandono, por ejemplo, la poca adaptación al sistema en línea, la falta de equipos para atender las clases a distancia, los efectos negativos que tiene el aislamiento prolongado (depresión y ansiedad), etc. En pocas palabras, la deserción no solo puede ser resultado de una situación económica difícil, por lo tanto, la SEP debe contemplar un plan que vea más allá de una simple correlación.

El programa de “Escuelas Tiempo Completo” era una estrategia que atendía al abandono escolar, así como también el desarrollo de una buena nutrición a temprana edad e incentivaba la participación de las familias en temas escolares, beneficiando a más de 3 millones de niñas y niños de las zonas más apartadas del país. Sin embargo, el presupuesto de este programa (al igual que PROSPERA) fue trasladado a otro, al de la “La escuela es nuestra” (siguiendo también el PEF de 2018 a 2021, pasó de tener 11 mil millones de pesos a 0 pesos). Es cierto que la SEP no se encarga de elaborar los presupuestos, eso es un trabajo exclusivo del poder legislativo (en específico la Cámara de Diputados), sin embargo, lo que sí puede y debe hacer la nueva secretaria es exigir cambios en los presupuestos asignados a educación, retomar los programas que sí cuentan con evaluaciones positivas y combatir de manera efectiva el abandono escolar.

Por otra parte, la secretaria no anunció alguna modificación al plan actual que se tiene para el regreso a clases (según el color del semáforo en cada entidad), mientras que en otros países como Argentina ya se están retomando las clases presenciales (con un modelo híbrido, horarios reducidos, uso obligatorio de cubrebocas y protocolos estrictos de sanidad). No podemos asegurar con firmeza que las estrategias actuales van a fracasar (y tampoco lo deseamos), pero hay que reflexionar lo siguiente ¿bastarán las becas para contrarrestar el abandono escolar? Estas ya existían antes de la pandemia y no frenaron la deserción escolar ¿el regreso tardío a las aulas es la mejor solución? Unicef ha publicado estudios donde comprueban que ha bajado drásticamente la calidad de la educación con el modelo a distancia, así como también la Asociación Nacional de Pediatría de EU ha publicado estudios que demuestran que el riesgo de contagio en modalidad híbrida es muy bajo.

Esperemos que estos mismos cuestionamientos los contemple la SEP y todas las secretarías/institutos de educación de las entidades, porque el momento de actuar debe ser ahora, dejando las buenas intenciones de lado, basándose en la evidencia y encaminar los esfuerzos en mejorar el sistema educativo nacional y local. De lo contrario, solo estaremos pavimentando un camino hacia el desastre (o peor aún, enfocado a las elecciones).