En los últimos meses, hemos visto cómo la palabra populismo ronda por todas partes. Desde hace algunas décadas, varios de los países de Latinoamérica han visto cómo presidentes llegan con una cierta afiliación a esta ideología. Con el paso de los días, encontramos que los resultados tienden a ser muy lejanos a los prometidos y/o esperados.

Partamos del hecho que el populismo tiene como principal componente el estatismo. Esta tendencia del Estado de exaltar su poder en todos los órdenes, tiende, al menos en el plano económico, a interponer serios obstáculos para su desarrollo.

A través de la historia de nuestro continente, el populismo siempre denota ciertas similitudes, sin importar el país en el cual sea implementado. Pudiéramos viajar hasta los años setenta en el gobierno de Allende en Chile; continuando por los tiempos de Alan García en el Perú. En tiempos más remotos, pasamos del Brasil de Lula da Silva, al Argentina del matrimonio Kirchner, para finalizar con la cereza del pastel: la Venezuela de Nicolás Maduro. ¿El tiempo nos pondrá en este viaje con AMLO? Es altamente probable.

Todos y cada uno de ellos, lograron alcanzar el poder en base a grandes discursos y juramentos de todo tipo; desde mejoras en la distribución del ingreso a través de políticas de gasto expansivo, subsidios e incrementos de ingresos de las clases menos favorecidas hasta la exterminación de los altos niveles de corrupción. Este último, es un común denominador en el hartazgo de la sociedad ante un determinado régimen.

La necesidad primordial que requiere el populismo para surgir, en aquellos países en donde se puedan presentar síntomas de depresión económica, fracasos de políticas liberales y descontento social. La mayoría de los países latinoamericanos, desgraciadamente, presenta alguna de estas anomalías; siendo estos dos últimos indicios, los que se presentan claramente en nuestro país.

Fuimos testigos de cómo una serie de propuestas económicas, que son tildadas simple y sencillamente de populistas, son el actuar día con día del presidente de nuestro país. Esto, nos ha posicionado como uno de las peores naciones en desenvolvimiento económico en todo el mundo, a pesar de los estragos generados por la pandemia. Cómo olvidar aquella frase de: “… La pandemia nos cayó como anillo al dedo”.

Pudiéramos durar líneas y líneas hablando de las decisiones; lo que es una realidad, es que populismo económico es inviable y disfuncional, esto ya que es una utopía desde su propio fundamento. No se puede distinguir entre el derecho y la obligación de una misma o varias personas.

La historia de nuestro país, nos muestra cómo la estrategia tomada por este camino, siempre ha terminado en los tres “ismos”: inflacionismo, estatismo y autoritarismo. En su momento, las traumáticas devaluaciones en que terminaron sus respectivos sexenios populistas Echeverría y López Portillo derivaron del inflacionismo. Esperemos y el presente cambie su manera de ver las cosas y evite el hundimiento del país.

OVERTIME

En días previos, la Cámara de Diputados aprobó en lo particular el Presupuesto de Egresos para el complejo año 2021. Como era de esperarse, se concilia un presupuesto decepcionante; el cual, no estará a la altura de las necesidades del país para continuar en la batalla contra la pandemia. Esto, nos aleja aún más de la recuperación en “V”. Por ejemplo, el tamaño de los paquetes anunciados por el gobierno está en alrededor del 1.5% del PIB mientras que algunos de sus homólogos en el mundo, está en alrededor del quince por ciento. Así de simple y sencillo.

@GmrMunoz