Mircea Mazilu

Este viernes se cumplen 101 años de la muerte de Emiliano Zapata, símbolo del agrarismo y defensor de los campesinos mexicanos. El 10 de abril de 1919 el Caudillo del Sur fue asesinado en la Hacienda de Chinameca por órdenes de Venustiano Carranza. Con ello se ponía fin a uno de los más importantes e influyentes movimientos armados de la Revolución Mexicana. El zapatismo, como es conocido comúnmente, representó la lucha por la libertad, la justicia social y la restitución de la tierra a los que habían sido despojados, dejando un legado que sigue siendo vigente un siglo después.
Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, en el estado de Morelos. A pesar de que fue hijo de una familia de pequeños terratenientes, desde temprana edad denunció la injusticia social que afectaba a los campesinos, quienes habían sido desposeídos de sus tierras forzosamente a partir de las Leyes de Reforma y durante el Porfiriato. Desde 1909, cuando fue elegido jefe de la Junta de las Tierras de su localidad, consultó documentos que revelaban el derecho de los rurales sobre sus posesiones y decidió emprender una lucha para devolverles a éstos lo que les pertenecía.
La oportunidad se presentó un año más tarde, con el estallido de la Revolución el 20 de noviembre de 1910. Zapata declaró su adhesión a Francisco I. Madero y en mayo de 1911 ocupó Cuautla, una ciudad de su estado natal,propiciando de esta forma la derrota final del Ejército Federal y la posterior renuncia al poder de Porfirio Díaz. No obstante, su apoyo al coahuilense no duró mucho, ya que el 28 de noviembre de ese mismo año el Atila del Sur promulgó el Plan de Ayala. En este documento ignoraba el gobierno del entonces presidente y exigía la devolución de la tierra a los que habían sido despojados. Con esta proclamación, comenzaba una profunda enemistad entre los dos revolucionarios.
Durante la administración de Madero fueron numerosas las campañas que el gobierno llevó a cabo contra el sureño y la población morelense. El presidente envió al estado de Morelos a los generales Arnoldo Casso López, Juvencio Robles y Felipe Ángeles para combatir a los rebeldes de allí. Una vez asesinado Madero el 22 de febrero de 1913, Emiliano Zapata desconoció a Victoriano Huerta y prosiguió la guerra contra el nuevo gobierno. La lucha del Ejército Libertador del Sur (ejército creado por Zapata en 1911) contra el usurpador provocó la derrota final de este último y su posterior renuncia al poder en julio de 1914.
Luego de la derrota de Huerta, los zapatistas lucharon conjuntamente a los villistas contra el Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza. Con la derrota de Francisco Villa en las batallas del Bajío de 1915 y la consecuente retirada de este último al norte del país, Zapata se tuvo que resguardar en el estado de Morelos. Allí comenzó con la labor de distribuir las tierras entre sus seguidores y crear consejos de las aldeas. No obstante, el hecho de que Zapata siguiera con vida inquietaba a Carranza, quien deseaba deshacerse de él por cualquier medio.
Fue el coronel del Ejército Federal, Jesús Guajardo, quien consiguió acabar finalmente con Zapata. Éste lo convocó el 10 de abril de 1919 en la Hacienda Chinameca de Morelos con el objetivo de ayudarlo con armamento y municiones para proseguir la lucha contra don Venustiano. El sureño, desconfiado como siempre, pidió al carrancista demostrarle que sus intenciones eran verídicas. En respuesta, éste fusiló a unos 50 soldados federales, ganándose de esta forma la confianza del morelense. No obstante, se trataba de una trampa, ya que la ejecución de sus inferiores había sido aprobada por los jefes del Ejército Federal. Una vez en la hacienda, Zapata fue atacado por tiradores escondidos en las azoteas. Un disparo lo alcanzó y lo tumbó de inmediato al suelo. El Caudillo del Sur había sido asesinado.
La figura de Zapata es clave en la historia de México, ya que gracias a él en este país se emprendió la Reforma Agraria. Ya antes de su muerte, el famoso artículo 27 de la Constitución de 1917 reivindicaba el derecho de los campesinos y las comunidades indígenas sobre la propiedad de sus tierras. Los presidentes que gobernaron los Estados Unidos Mexicanos entre 1917 y 1934 empezaron a devolver la tierra a los campesinos, pero no fue hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas cuando gran parte de la misma pasó a manos de los rurales.

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