Por. Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

El 19 de agosto se celebró el día mundial de la Fotografía, a decir verdad, me tomó por sorpresa la noticia, quizá se deba a que no lleva mucho tiempo de celebrarse, pero al parecer, coincidió con el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, por lo que inmediatamente pasaron por mi mente, a manera de memoria fotográfica, los momentos compartidos con mis compañeros y compañeras de trabajo, los Fotógrafos Forenses; sí, esos otros fotógrafos que también se han solidarizado con las causas justas y que han servido como vehículo para mostrar al mundo no sólo las situaciones difíciles por las que pasan algunas personas sino que también han contribuido al esclarecimiento de hechos posiblemente constitutivos de delito, llevando a cuestas el peso de su equipo fotográfico e insoslayablemente el peso de la responsabilidad jurídica.

Aunque la fotografía fue ampliamente reconocida como la forma más precisa de representar y documentar personas y objetos, no fue hasta los desarrollos clave a fines del siglo XIX que llegó a ser ampliamente aceptada como un medio forense de identificación, resultado de la modernización de los sistemas de justicia penal y el poder del realismo fotográfico. Los procesos fotográficos se han utilizado desde la aparición de las Ciencias Forenses, sin embargo, la fotografía, ya sea analógica o digital, ha sido ocasionalmente objeto de cuestionamientos. A pesar de ser un recurso de investigación en algunos casos cuestionable, la fotografía cuando se utiliza según criterios científicos, es un recurso documental ventajoso. Permite el reconocimiento inmediato de individuos y temas diversos con mejor costo-beneficio.

Un espectro muy popular de la Fotografía Forense, es la fotografía del crimen que incluye tomar fotografías de la víctima (cicatrices, heridas, marcas de nacimiento, etc.) con el propósito de identificación y también incluye imágenes de la escena (colocación de objetos, posición del cuerpo, fotos de evidencia y huellas dactilares) con el propósito de documentación. Aunque sus intervenciones son infinitas: en delitos de robo, accidentes de tráfico, necropsias, actos vandálicos, etc. Es decir, constituye un método de fijación documental que utiliza técnicas fotográficas especializadas para fijar y reproducir con exactitud y nitidez imágenes permanentes de lugares, circunstancias, personas, objetos e indicios.

Es una disciplina que lleva años perfeccionándose y por ello, en la actualidad es normal que sus reglas están prescritas y ayuden a los aficionados a comprender cómo realizar correctamente una fotografía, sin embargo, con la tecnología como la fotografía digital cada vez más común, la fotografía forense continúa avanzando y exige de especialistas expertos para realizar tareas más sofisticadas como el uso de luz infrarroja y ultravioleta para las huellas dactilares, pequeñas muestras de sangre y muchas otras cosas.

El trabajo realizado por los profesionales de la Fotografía Forense queda plasmado en un informe o dictamen pericial, aportando credibilidad a las pruebas presentadas, lo que es de gran relevancia para jueces y tribunales; debiendo el perito fotógrafo cumplir con el deber del cargo que protesta y responsabilizarse por los alcances de su pericial con apego a los más altos principios que rigen su actividad, como lo son la objetividad y la imparcialidad.

En mi práctica pericial pude constatar que los fotógrafos forenses “son el ajonjolí de todos los moles”, una pieza medular dentro del sistema de impartición de justicia, pero sobretodo y sin lugar a dudas, han sido la mejor experiencia para aprender a trabajar en equipo. Muchas Felicidades.

Contacto y dudas: ednnamilviasegovia@gmail.com