MARCOALa noche de ayer estuvo en Aguascalientes el ¡Lujo de México! ¡Marco Antonio Muñiz! Y estuvo en nuestra ciudad ofreciendo un show que fue una velada musical inolvidable con la que se despidió del público aguascalentense. Y es que Muñiz viene realizando una serie de conciertos a lo largo y ancho del territorio nacional, así como en otras ciudades de la Unión Americana, Centroamérica y el Caribe, para decir adiós a todo ese público que durante más de sesenta años ha disfrutado, gozado y enamorado con las canciones que Marco Antonio Muñiz ha interpretado con esa bella voz.

Hoy Marco Antonio Muñiz está despidiéndose de los escenarios que tantas satisfacciones y amigos le han dado. Hoy Marco A Muñiz está culminando una carrera que inició desde los 12 años, que fue precisamente la edad en que emigró a Cd. Juárez. Marco llegó a Cd. Juárez y el destino quiso que el niño encontrara trabajo en un centro nocturno. Pero no como cantante sino haciendo mandados, tanto a los músicos como a las mujeres que trabajaban ahí.

Al empezar a ganar sus primeros centavos, el pequeño comenzó a ahorrar lo más que podía. Pasados dos meses, habiendo reunido algo de dinero, le pidió a la dueña del lugar que le hiciera el favor de mandarle un giro telegráfico a su familia. Los primeros pesos ganados con mucho esfuerzo serían para su mamá y sus hermanos. A los seis meses de estar en Juárez, ya ambientado y con el apoyo de la patrona, Marco pensó en regresar a su casa pues a pesar de sentirse bien en el lugar y de estar ganando sus buenos pesos, la nostalgia era mucha. Sufría por no ver a sus padres y hermanos así como a sus amigos. Y le comunicó a su jefa que se iba a Guadalajara. Ella, que ya se había encariñado con él, le pidió que se quedara. Pero no, la decisión estaba tomada: volvería a su casa en donde iniciaría poco a poco su carrera como cantante. Hoy, a casi 69 años de carrera, el Lujo de México vino a decir adiós a Aguascalientes.

De Marco Antonio se ha dicho todo, o casi todo. Sus orígenes, sus penas y alegrías, sus éxitos y todo sobre su trayectoria. Hoy he querido escribir sobre sus visitas a Aguascalientes, tierra que le ha brindado muchas alegrías al lado de sus mejores amigos, como sería Francisco Rubiales Calvo, más conocido como Paco Malgesto, con quien año con año venía a Aguascalientes durante la Feria de San Marcos. Paco era quien transmitía las corridas de toros para la W y Marco venía a trabajar al Centro Social “Los Globos”, que regenteaba Don Rafael Mirabal. Ya después de terminar su trabajo, Paco y Marco se dedicaban a “gastar suela” dando la vuelta por el área de la feria con la tambora atrás de ellos. La canción “Mi gusto es” se la tocaban a Paco infinidad de veces, pues era su canción favorita. El hotel en que se hospedaban era el Francia, de Juan Andrea, quien también hizo una amistad formidable con ellos y que por lo mismo a Paco le aguantaba todas sus ocurrencias, como la vez que se llevó la tambora a que le tocaran en su habitación, ¡imagínese usted el ruidazo! Pero era temporada de feria y todo se valía.

Marco ha sido un gran aficionado a la fiesta de toros. Y ha tenido el gusto de haber presenciado corridas inenarrables y de conocer a gente del medio taurino con el que ha ligado grandes satisfacciones, como es la que algunos de ellos le han brindado la muerte de su enemigo. Marco fue “Martinista” de hueso colorado, pero no por eso le dejaron de gustar toreros como Silverio Pérez, también amigo entrañable, Luis Castro “El Soldado”, cuya desaparición, dice él, no ha dejado de llorar; Chucho Córdoba, Rafael Rodríguez, Lorenzo Garza, Eloy Cavazos, Jorge Gutiérrez, Lomelín y los hijos del maestro “Armillita” y los de Silveti. Y el día de hoy, hablando del ambiente taurino y con motivo de la visita de Marco a Aguascalientes deseo platicarle una anécdota que le sucedió aquí. Platica Marco que de ésta, su relación con esos grandes de la fiesta brava, recuerda gratamente un domingo en que su compadre Paco Malgesto, estando ambos en Aguascalientes, lo llevó a una comida con el maestro Fermín, quien en su rancho iba a recibir a un grupo de amistades, y motivo por el cual había cocinado su tradicional paella. A ese evento en el que también estuvo el periodista Pancho Lazo, llegó Marco cuando apenas tenía pocos meses de haber dejado a “Los Tres Ases”. En la puerta fueron recibidos por la esposa del maestro Fermín, una andaluza increíblemente simpática, a la que al verlo preguntó a Malgesto quién era él, por lo que su compadre lo presenta como un artista que, abundó en su presentación, canta muy bonito. Ya identificados y en reciprocidad con las atenciones que durante su estancia en su casa le dispensaron, Marco quiso retribuir el afecto con que lo trataron, por lo que pidió consiguieran una guitarra y se puso a cantar, principalmente en honor a la anfitriona, varios temas de su terruño.

La señora Nieves, tan linda y motivada en ese momento, en un arranque irrefrenable sin más le pidió al maestro:

–Fermín, la pata que cortaste a “Pardito” en la Plaza del Toreo debes regalársela a este señor, que sin ser torero no merece una oreja, ni un rabo, ¡merece una pata!

Su solicitud cayó como tromba en el ambiente. El maestro se reía nervioso y se resistía, y cómo no, si es la única pata que se había cortado en ese redondel. Los presentes en coincidencia de opinión se manifestaban en desacuerdo, y Marco, abrumado, consciente del obsequio que se le pretendía dar, también se negaba a aceptarlo, pero la señora Nieves insistió tanto que el maestro con todo el dolor de su corazón, no tuvo más remedio que dársela.

Con el inestable trofeo en sus manos, todavía Paco y su compadre Chucho Arroyo, le refutaban que no tenía derecho a ese galardón. Muy orgulloso se fue al D.F. con la pata y la colocó sobre la superficie de una tabla con todo y su leyenda metálica, y la puso en un lugar preponderante de su casa.

Con Marco he tenido muchas oportunidades de platicar en diferentes lugares e incluso viajando. “Sé que un día vas a publicar lo que platicamos”, me dijo en una ocasión. Y eso me animaba a preguntarle más y más, pues sin duda es un ícono de la canción mexicana. Una ocasión me dijo:

–Mi estrella continúa resplandeciente, ni cuando fui mozo de la W, trovador de cantina y bohemio en la casa de “La Bandida”, jamás dejó de alumbrar en la oscuridad de mis pensamientos. Siempre me he guiado por el camino que he elegido, y el azar me ha guiado a la meta deseada, que no siempre ejecutable, pero tampoco imposible. He aprendido que el éxito está en el trabajo.

Para quienes me consideran un triunfador e inquieren qué es lo que puede desear un hombre, una vez alcanzadas sus metas, les digo que en mi caso la esperanza se encuentra en la perseverancia. Creo que el impulso humano es el trascender y en esto estriba uno de mis deseos.

Desearía pasar a la historia, al libro de los grandes románticos, en el que ya figuran talentos musicales e intérpretes como Lara, Gabriel Ruiz, Gonzalo Curiel, Luis Arcaraz, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado, Pedro Vargas, Genaro Salinas y tantos más que sin su aportación no hubiera existido ese lustre que hoy posee la canción popular mexicana.

¿Y qué puede desear un hombre de triunfo? Digo yo que salud, la felicidad de los seres queridos, la tranquilidad y la preservación de sus facultades. Puede desear no morir en la soledad, no claudicar en sus principios morales y religiosos, no permitir que nada perturbe la paz de los logros conquistados, no aceptar el rompimiento de sus afectos y sobre todo no perder la fe. Yo vivo con la ilusión de mantener la vigencia. De seguir haciendo lo único que sabe hacer: cantar, de no permitir una fácula que desprestigie su imagen pública y familiar. Vivo con la ensoñación de no defraudar a los presentes y ausentes, que incondicionalmente le ofrecieron la merced de su confianza. Y me mantengo en el propósito de ser inflexible en la honrosa misión de ser padre, esposo, hijo, hermano y amigo.

Mi vida contiene el mensaje positivo de no abrigar la apatía, ante las oportunidades que la subsistencia nos ofrece. Es un delito de Lesa existencia dar la espalda a los acontecimientos que pueden transformar el porvenir y por ende la misión que se nos tiene trazada. Eso es tanto como negar nuestro paso por el mundo, como negar la existencia de Dios y atentar contra lo más preciado: nuestra vida. Atrás quedaron mis penurias, las desilusiones y las promesas no cumplidas. Ese cuadro no existe en mi mente, no existe como atentados a mi integridad, a mis pocas virtudes. No existe como respuesta a mi victoria contra el infortunio, pero sí existe como orgullo para los seres más significativos en mi tránsito terrenal, mis padres, Don Lorenzo y Doña María”.

Hoy quise hacer partícipe a usted, estimado lector, de estos diálogos con Marco, ¡el Gran Marco!, como le dice mi padre, que de una u otra manera nos ilustran sobre el gran hombre y gran artista que es. Estoy seguro que Marco debe sentirse satisfecho de mucho de lo que ha hecho, de lo que ha logrado. En estas reflexiones se manifiesta, por encima de cualquier verdad, su vocación de vivir, de estar vivo, de jugarse la vida a cada minuto. Me parece también que ha recibido buen pago a cambio.

Hoy, el Lujo de México sigue siendo aquel trovador, de la primera voz del trío a quien le pedían canciones para la amada en turno. Hoy Marco Antonio Muñiz es una leyenda viviente de la música mexicana, del romanticismo, de quien le canta al amor… por amor. ¡Hasta siempre, querido amigo!