Yara Amallely Morales Aguilar 
Agencia Reforma

CDMX.- Sonia Magallanes, policía que resguardaba Palacio Nacional, había soportado el estallido de tres bombas molotov y seguía resistiendo.

De pronto recibió un gesto inusual.

“La señorita (una manifestante) se acerca con lágrimas en los ojos y me dice: ‘muchas gracias, por aguantar todo esto, por apoyarnos, por protegernos’.

“En ese momento dejé todo atrás, le respondí que estábamos para servirle, agarré fuerzas, y el abrazo me dio aliento y motivación a ser mejor”, cuenta.

Detrás del uniforme de Sonia, está una mujer policía que, por convicción y vocación, hace su trabajo.

“Mandaron memos y comunicados de quien quisiera parar lo podía hacer, pero aquí estamos, con el cuerpo lleno de moretones, no por obligación sino porque creemos que, como policías, no debemos parar.

“Yo a algunas que estaban violentas sí les pregunté que por qué se enojaban con nosotras, si yo también soy mujer” asegura la uniformada quien, en una fotografía tomada por REFORMA, aparece recibiendo un abrazo de una manifestante.

“No te voy a mentir, sentí mucho miedo”, reconoce.

Sonia contó que su madre, tras ver la imagen, le dijo que estaba orgullosa de ella.

“Pero también sintió angustia por mi”, agrega la uniformada.

Y aunque no lo dice con palabras, de alguna manera empatiza con las mujeres, con sus causas y hasta, parece entender los motivos que llevan, a algunas, a destruir puertas y rayar monumentos.

“Cuando mi familia vio la foto de la muchacha abrazándome, me dijo: ‘si algo te pasara a ti, yo también lo destruiría todo y quemaría todo'”, asegura y rompe en llanto, por algo distinto al dolor físico de los moretones en su cuerpo.