Víctor Hugo Granados Zapata

Cada celebración de año nuevo trae consigo una oportunidad de cambio, ya sea personal o colectiva. Muchas personas creemos que dicha transición puede ser el punto de partida para realizar nuevas metas a mediano plazo, desde generar hábitos más saludables, mejorar nuestras notas, hacer ejercicio e incluso comprar un auto, hasta salir de una situación complicada, etc.; la lista cambia dependiendo de cada contexto, sin embargo, la idea de una nueva oportunidad para mejorar siempre está ahí. Esta idea debe aplicarse para mejorar los servicios públicos, redefinir cuáles son los objetivos de los programas de gobierno y sobre todo repensar si se están tomando las decisiones adecuadas. Por ello, en esta ocasión vamos a hacer una lista de objetivos para año nuevo que vayan encaminadas a mejorar el servicio de educación pública en nuestro país:

Primero, lo más elemental es aprender de los errores y escuchar. Desde la implementación de los programas de educación a distancia, la academia y diversas asociaciones civiles han insistido en que se deben realizar cambios a la política educativa actual. Dejar atrás las transacciones no condicionadas (como el programa de becas para el bienestar, etc.) fue una de las críticas que más le han hecho al Gobierno Federal y la reacción del gobierno siempre ha sido la misma: ignorar. Por lo tanto, el primer gran paso que deben tomar las y los tomadores de decisión en materia educativa es escuchar y encontrar nuevas alternativas para mejorar el contexto educativo.

Dejar de vivir en negación es el paso más importante para poder avanzar, por ello, la segunda tarea que tiene el sector educativo es dejar de ignorar la crisis educativa que estamos viviendo hoy en día. Nuestros niveles de abandono escolar se han incrementado de manera exponencial desde que la pandemia llegó a México en 2020, aunado al cierre prolongado de las aulas, el aumento de la brecha educativa y la desinformación ocasionada por algunos medios de comunicación encaminó a que millones de estudiantes abandonaran sus estudios en todo el país. Ante esta situación, la SEP no ha emitido algún boletín en el cual señale la gravedad de este contexto, el porqué puede ser variado, desde la comodidad de seguir con las mismas estrategias a pesar de todo lo que está sucediendo hasta que al presidente y el congreso poco o nada les interesa el sector educativo. La importancia de reconocer un error implica tomar acción para corregirlo, necesitamos urgentemente un cambio en la política educativa y ésta debe ir encaminada a enfrentar esta crisis educativa.

La integración es vital para poder sobrellevar situaciones difíciles, por ello cada administración (tanto federal, como estatal y municipal) deben establecer puentes con la sociedad civil para que, juntos, logremos mejoras sustanciales en el contexto educativo. Desafortunadamente, desde el púlpito presidencial se han realizado ataques en contra de las asociaciones civiles e incluso hay “críticos” que aplauden la idea de que éstas se reduzcan en cantidad y presupuesto argumentado que no hay que delegar la garantía de los derechos a la sociedad. Este pensamiento, cómodo y simplista, que predica el oficialismo trae consigo la polarización constante de la opinión pública, desinformación sobre el actuar de las AC y sobre todo busca dañar la participación pública que supuestamente impulsan con consultas ciudadanas (cuyo efecto es nulo, hay que aclarar). Por lo tanto, el tercer y último objetivo para el siguiente año es aprender a trabajar en conjunto con la sociedad, alcanzar objetivos comunes no sólo puede encaminarnos a encontrar mejores alternativas y decisiones de política pública, sino también nos permite llegar a una sociedad más democrática.

Con estos tres objetivos, cualquier administración que esté interesada en mejorar la educación pública podrá lograrlo, sin embargo, el camino para alcanzar este objetivo va más allá de un año, sino muchos más. La continuidad de los programas educativos es crucial, por lo tanto, si queremos construir los cimientos de un mejor futuro en el sector educativo, debemos pensar en estrategias a largo plazo, que trasciendan a las propias administraciones. Solo así y dejando de lado la política de las “buenas intenciones” como las de la administración federal lograremos un cambio radical y benéfico para millones de estudiantes en todo el país.

PD: Les deseo un feliz y próspero año nuevo, les agradezco mucho a cada una y uno de mis lectores por estar al pendiente todas las semanas, por sus comentarios y sobre todo por su apoyo. Vamos por un 2022 lleno de éxitos para todas y todos.

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