Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La semana pasada, el gobierno del Estado presentó el libro “Cuatro años de logros, con la mirada al futuro”. De acuerdo con lo destacado en la presentación del libro, “los modelos dual, triple hélice y formación de pertinencia global son distintivos de la educación de Aguascalientes y, por ello, las familias del estado cuentan con una educación de primer nivel”. (Desafortunado el momento de la afirmación, por la pandemia)

Como discurso suena bien; sin embargo, habría que conocer a detalle el contenido del libro y la evaluación de los modelos innovadores, en cuestión, para contrastar los resultados y los beneficios en la realidad de Aguascalientes. Por otra parte, al afirmarse que en el estado se cuenta con “una educación de primer nivel”, se generaliza porque se da a entender que desde la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y hasta el nivel superior, la educación es de la más alta calidad; y no hay certeza de que así sea, al menos en educación básica. En el mejor de los casos, debería precisarse que en algunas universidades se están desarrollando estos modelos innovadores, punto; pero la educación básica no se desenvuelve con esa misma orientación; no porque no se pueda sino porque no se está intentado.

Ciertamente, en ocasiones hay la inclinación de decir que “tenemos a los mejores maestros del país” y, también, que “tenemos la mejor educación en el estado, una educación de vanguardia”; pero, una cosa es decir esto en el discurso, por cuestión política, y otra cosa es sustentar lo que se dice con datos duros y hechos comprobables. La pandemia dejó al descubierto enormes carencias en materia educativa y bajos resultados académicos. Ahora bien, si realmente existe el deseo y la intención de “contar con una educación de primer nivel”, se puede; pero habrá que empezar con la educación básica como soporte sólido del sistema escolar y que la excelencia educativa se mantenga en todos los grados y niveles, hasta la educación superior. No es sencillo, pero tampoco es imposible; con un proyecto bien diseñado, bien ejecutado y evaluado permanentemente, se puede lograr. La educación superior cuenta con catedráticos de alto nivel académico y con investigadores experimentados, en su inmensa mayoría; y también cuenta con excelentes alumnos; aunque éstos han podido llegar a ese nivel de forma selectiva. El gran reto, entonces, es lograr que desde educación inicial y hasta educación superior, todos los alumnos que se inscriban permanezcan en el sistema escolar y que todos terminen su formación académica y técnica con excelencia, en su respectivo grado y nivel; que los estudiantes específicamente concluyan con excelencia en matemáticas, lenguas, ciencias naturales y sociales, en valores, las artes, la educación física y en toda formación humana. Si todo esto se lleva a cabo y se logra, como resultado tendremos “una educación de primer nivel”.

El sistema escolar, sobre todo la educación básica, dispone de una infraestructura profesional extraordinaria: docentes con especialidades, maestras y maestros de educación especial, terapistas, trabajadoras sociales, psicólogos; directivos, supervisores y asesores técnico pedagógicos. Trabajando con todo este personal, a partir de la unidad educativa (la escuela) y todos con el mismo objetivo común de otorgar una educación de la más alta calidad sería lo ideal, y este ideal se puede lograr con esfuerzo y dedicación. Para ello, las autoridades tendrán que dar el ejemplo y trabajar con los maestros; planeando conscientemente, desarrollando acciones en forma perseverante y evaluando periódicamente lo realizado. En el mundo de los hechos, nada se logra mágicamente de un día para otro, pero sí se pueden obtener grandes éxitos, con el tiempo, con acciones  coordinadas, sistematizadas, constantes y con mucho cariño al estudiantado. Del discurso habrá que pasar, pues, a la acción y a los hechos.