Carlos Reyes Sahagún

 Cronista del municipio de Aguascalientes

La semana anterior me referí a dos personajes relevantes de la Suave Matria, Eduardo J. Correa y Aquiles Elorduy, con motivo del cincuentenario de su fallecimiento -ellos sí fallecieron; a los demás nomás nos alcanza para morirnos- ocurrido en julio y agosto de 1964, respectivamente.

Como periodista Elorduy publicó una columna con el simpático nombre de Mi cuarto a espadas, que según un diccionario de refranes que encontré en la Internet, significa “intervenir en una conversación o dar una opinión en algún asunto”. Las publicó desde 1932 en el semanario “La reacción (?)”, no sé hasta cuando, pero existe una compilación publicada en 1943, una edición de autor de casi 800 páginas que, como afirma Elorduy, incluye artículos políticos, y que fue prologada por quien fuera el principal intelectual carrancista, Luis Cabrera, entonces distanciado de los gobiernos emanados de la revolución.

De seguro muchos de estos artículos, si no es que la mayoría, fueron escritos para circunstancias muy concretas. Esto me deja la impresión de que se quedaron anclados en aquel tiempo, de tal manera que no alcanzaron la categoría de textos clásicos, como sí ocurrió con Un viaje a Termápolis, de Correa.

Elorduy publicó otros trabajos, un par de textos teatrales de nombre Los juguetes, “comedia mexicana, estrenada en el Teatro “Ideal” de la ciudad de México, en el año de 1932”, y Una canción de Tata Nacho y unos versos de Manuel Acuña, “comedia estrenada en el teatro Fábregas de la ciudad de México. En el ámbito de la disciplina jurídica, Elorduy publicó los trabajos Paternidad y filiación y Las quiebras mercantiles. No tengo idea si sobrevive alguno de ellos; nunca los he visto, por más que mis ojitos están atentos a todo lo que diga Aguascalientes y sus personajes…

Quizá como los cuartos a espada, estos textos no merecieron alcanzar la altura del recuerdo. Sin embargo, lo más rescatable de Elorduy; aquello que en mi inútil percepción lo hace un personaje ejemplar, y digno de remembranza e imitación, son dos cosas: en primer lugar está su libertad de pensamiento. Elorduy fue diputado por el PAN y senador por el PRI, en una época en la que la militancia partidista era como los matrimonios antiguos: hasta que la muerte nos separe.

Quizá pudiera interpretarse como una suerte de oportunismo, y sin embargo me queda la impresión de que a final de cuentas Elorduy era un personaje con un pensamiento que no acababa de ceñirse a la ideología de partido alguno, y en todo caso estos le permitieron acceder al servicio público porque resultaba prestigioso contarlo entre sus filas. De hecho su expulsión del PAN obedeció a una polémica ideológica por demás interesante, que merecería líneas aparte. A propósito de esta faceta de su personalidad, en una nota publicada por El Sol del Centro en 1949, el reportero le preguntó si participaría en las elecciones para gobernador de 1950, a lo que Elorduy contestó que no lo sabía, dado que él no pertenecía a ningún partido político, sino que era “unitario”, lo que sea que eso signifique.

La otra dimensión que hace de Elorduy un personaje de excepción es que, hasta donde tengo noticia, no pretendió vivir de la política, esto porque invariablemente cedió sus ingresos camarales a obras de educación y beneficencia pública. Quizá ocurriera que por encima de un posible interés económico estaba su gusto por andar echando cuartos a espadas; un deseo de protagonismo que satisfacía de esta forma, o tal vez lo hiciera animado por la convicción de que la cosa pública era la más alta a que podía aspirar un ciudadano, el espacio del servicio público por excelencia.

La labor periodística de Correa es más interesante que la de Elorduy. Luego de concluir sus estudios de abogado en Guadalajara, en 1894, dice José Luis Engel que regresó a Aguascalientes, en donde se convirtió en funcionario judicial.

A principios del siglo XX coincidió aquí con Ramón López Velarde, que andando el tiempo se convertiría en el gran poeta nacional -existe una edición de la correspondencia que sostuvieron, publicada en el FCE-. En su libro “La edad vulnerable. Ramón López Velarde en Aguascalientes”, Sofía Ramírez informa que Correa fundó diversas publicaciones literarias, como La Bohemia en 1896, El Observador en 1900, y La Provincia en 1903.

Según Engel, El Observador se convirtió en el primer periódico diario de Aguascalientes, gracias a que en la temporada de San Marcos de 1907, se publicó diariamente entre el 20 de abril y el 5 de mayo. Además, en este periódico publicaría López Velarde sus primeros poemas.

A propósito del poeta jerezano, que vivió su adolescencia en esta ciudad, Sofía Ramírez afirma que “Aguascalientes marcó significativamente a López Velarde, quizá no en el aspecto de su formación espiritual, como Jerez, pero sí en el de su formación literaria. Desde diferentes perspectivas, cada uno de sus amigos le aportó algo: Fernández Ledesma lo involucró en el ámbito cultural de Aguascalientes; De Alba le inculcó el gusto por las artes y las disciplinas; Villalobos Franco lo introdujo a la prensa; y Correa se convirtió en su protector, promotor y mecenas”.

Correa fue también editorialista, novelista y cronista. Se desempeñó como colaborador de la Cadena Periodística García Valseca, entonces propietaria de El Sol del Centro, en donde publicó artículos caracterizados por su anticomunismo, y una columna que aparecía de cuando en cuando: Evocaciones, que dedicaba a compartir sus recuerdos, ya fuera sobre la Suave Matria, o sobre sus experiencias políticas y/o literarias. De sus novelas sólo pude leer una, “La culpa de otros” que me prestó Enrique Rodríguez Varela. Quizá con ésta y otras que escribió, ocurrió lo mismo que con los cuartos a espadas de Elorduy, que no alcanzaron los merecimientos para figurar entre los clásicos de la literatura de este pueblo que comienza a extrañar su época bicicletera.

Justamente lo contrario ocurrió con Un viaje a Termápolis, texto de obligada lectura que lo convirtió en el santo patrono de los cronistas de esta demarcación. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).

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