Daniel Santiago
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Piensa en una situación en la que quisiste saber la edad de alguien, ¿por qué?, ¿cambió algo cuando lo supiste?
¿Cómo te sientes al decirle a alguien tu edad? ¿Alguna vez te han dicho: “estás muy viejo (o muy joven) para…”? ¿Te han rechazado al solicitar empleo por tu edad? De ser así, ¿cómo te sentiste? ¿Has escuchado la palabra edadismo?
Los chistes sobre personas mayores, considerarlas débiles o incapaces de realizar alguna tarea; dar por hecho que cierta generación es de “cristal” y sólo vive de sueños, y negar la entrada a un lugar por tener (o aparentar) ciertos años, son ejemplos de acciones de discriminación que parten de un estereotipo y prejuicio.
Y, sí, tiene un nombre: edadismo.
No es nuevo. Su origen en inglés, ageism, data de 1969, cuando fue acuñado por el gerontólogo y psiquiatra estadounidense Robert Neil Butler.
A la par, existe el término “viejismo”, ligado específicamente a la exclusión a personas mayores, sin embargo, para el lanzamiento reciente por la OMS de la campaña #AWorldfor4AllAges (Un mundo para todas las edades), la palabra edadismo revivió.
Junto con el racismo, el sexismo y otras discriminaciones, como la que ocurre al segregar por discapacidad, marginar por la edad es una de las formas de exclusión con mayor impacto.

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En su Reporte Global de Edadismo, publicado este año, la OMS presenta una clasificación de estereotipos, positivos y negativos, encontrados en diferentes instituciones y países sobre la edad.
Por ejemplo, a los jóvenes se les atribuye ser saludables, activos físicamente y fuertes, señala, pero se les ve como desafiantes o arriesgados, consumidores de drogas y estresados.
En cuanto a los adultos mayores, se les considera simpáticos y cálidos, pero rígidos, irritables, débiles y asexuales.
“La edad no te confiere ningún atributo negativo o positivo”, dice la gerontóloga Bárbara Diego. “Tomar a todo un grupo, homogeneizar y ponerle una etiqueta es reductivo”.
Los avances del feminismo o de la lucha contra el racismo han dado como resultado que hoy, quien quiera contar un chiste sexista o racista, lo piense dos veces antes de hacerlo, ejemplifica Diego. Con la edad no pasa lo mismo, aún.
“Lo que pasa con la edad es que (un chiste) está tan invisibilizado y socialmente aceptado que la gente se ríe, es súper sutil y es un fenómeno mucho más complejo. El edadismo nos toca a todos, hacia allá vamos todos”.
El problema va más allá de los chistes. Se trata de la inclusión y oportunidades para todas las personas en trabajos, educación, salud y calidad de vida, sin importar el año de nacimiento.
“El edadismo dificulta la entrada de los jóvenes en el mercado laboral y hace más difícil que los mayores sigan trabajando y encuentren un nuevo empleo si son despedidos”, indica el documento “Conversaciones sobre edadismo”, de la OMS.
“Las personas mayores pueden ser vistas como menos productivas o más resistentes al cambio, y los adultos más jóvenes pueden ser percibidos como inexpertos o incapaces de tomar decisiones autónomas”.
La OMS también indica que las personas ejercen el edadismo hacia otras personas, pero también hacia sí mismas.
“Un ejemplos de edadismo autodirigido es cuando la gente en sus 20 piensa que es muy joven para un trabajo, o personas mayores que no creen posible aprender nuevas habilidades en la vida, y dude inscribirse en la universidad o iniciar un nuevo hobby”, dice el reporte.