RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Casi estamos a la mitad del mes de mayo y la pandemia no da muchas muestras de querer aplanar la famosa curva que a diario nos muestran en las mañaneras del presidente López Obrador o en las noches cuando el ya famoso Doctor Hugo López Gatell da un informe muy detallado, tan detallado que uno no le entiende a las gráficas que ahí presentan, limitándonos solo a tratar de escuchar con muchas ansias el momento en que digan que ya vamos de salida, que la curva va a la baja, sin embargo y para nuestra mala suerte a diario nos dormimos, más bien nos acostamos pues uno no duerme como debe de ser, con la nota de que la curva va in crescendo; sube y sube y no da muchas trazas de que la línea se empiece a detener para empezar a avanzar de manera horizontal y posteriormente ir a la baja. Sin embargo y con mucha sorpresa el día de ayer nos amanecimos con la noticia de que Aguascalientes es uno de los siete estados de la república que comenzarán a retomar sus actividades normales a partir del lunes empezando por los restaurantes y con las armadoras automotrices. Desde luego que las medidas higiénicas que se tendrán que adoptar en los restaurantes serán muy estrictas en todos los sentidos. La separación de las mesas, el número de comensales por mesa no será mayor a cuatro y otra serie de reglas de las cuales usted se irá enterando en los próximos días.

La verdad es que la noticia de que las actividades se irán normalizando poco a poco en la entidad sí me causó sorpresa pues a fuerza de ser sinceros los habitantes de la ciudad de Aguascalientes no se han significado por atender las indicaciones de la Secretaría de Salud, ¡Todo lo contrario! Sin el menor recato se ha visto un mundo de gente en los tianguis que semana a semana se instalan en las diferentes colonias populares. Solo algunos de los que acuden a los tianguis portan tapa bocas, pero la gran mayoría no y esto incluye a los infantes. La sana distancia no se ha cumplido, codo con codo realizan sus compras y consumen toda clase de fritangas. En la mayoría de las colonias populares, principalmente del oriente de la ciudad, la gente no se ha guardado en sus casas, la muchedumbre prefiere estar en la calle, no se diga en las noches hasta altas horas de la madrugada, con el pretexto del calor que se siente en las pequeñas viviendas. Los parques también tienen mucha asistencia de familias que soslayan la situación, todo el riesgo con tal de pasar un rato de regocijo entre la vegetación y de que los chiquillos se cansen. Es evidente que la ignorancia coadyuva para que la gente no tome muy en serio la situación que estamos viviendo. La gran mayoría de la gente de escasos recursos, que son los más, no ven noticieros ni leen periódicos o revistas y por lo mismo su mente no alcanza a percibir el tremendo riesgo sanitario al que se arriesgan y al que exponen a su familia. En infinidad de ocasiones algunos amigos me han cuestionado diciendo que el COVID 19 no existe, que es tan solo un acuerdo entre las grandes potencias para tener el control económico mundial; otros alegan que las naciones dominantes están depurando a la humanidad pues ya somos muchos miles de millones. Y lo dicen con mucha convicción. Sí, hay mucha ignorancia aún entre gente con un cierto nivel cultural, ya no digamos entre la población que no ha tenido acceso ni a la educación básica.

No puedo negar que fue un aliciente el leer ayer que ya se comenzaría a levantar poco a poco el encierro al que estamos sometidos. Aunque de algo podemos estar seguros: El mundo no volverá a ser el mismo. Con tristeza puedo aseverar que a partir de ahora ya no podemos disfrutar de los viajes como hasta hace unos meses pues para empezar en los aviones se impondrá la sana distancia así como el uso del tapa bocas. Las reuniones con los amigos y familiares también se realizarán con muchas precauciones y si festejamos a alguien en un restaurante también habrá reglas estrictas por cumplir. Para quienes somos aficionados a los deportes la vida ya no será igual, pues que esperanza que puedan asistir miles de aficionados a un estadio a presenciar un juego de futbol. ¡Imagínese usted un clásico América –Chivas! Que convocaba a casi cien mil espectadores con un lleno hasta las banderas. Esos momentos de sana alegría y rivalidad deportiva ya no se vivirán igual. Para empezar hay que comentar que la Liga Mexicana de Futbol reanudará el mes entrante el torneo que había quedado a medias pero los juegos se realizarán ¡sin público! Y la verdad es que un partido sin espectadores que griten y echen porras a su equipo favorito es como comer un buen corte americano sin nada de sal, o sea muy soso. Los juegos se complementan siempre con la algarabía de los seguidores de los diferentes equipos y sus gritos de ánimo a su club predilecto. En días pasados veía que algunos estadios van a permitir colocar unas fotos tamaño natural con el rostro del aficionado que pague su cuota y portará la playera del equipo de sus amores. Lo anterior para que no se vean los estadios vacíos.

Algo que está pasando también es el hecho de que cuando salimos de casa para realizar alguna actividad, como comprar víveres o realizar algunos pagos, cuando alguna persona se nos acerca mucho de inmediato nos separamos, tratando de poner una buena distancia de por medio; este tipo de actitudes son como una psicosis, un temor a ser contagiado. Así mismo estamos viviendo sin ton ni son, de pronto no sabemos qué día es: lunes, sábado, miércoles, etc. Lo mismo que la fecha. Además no existe la emoción de que sea fin de semana pues es lo mismo día a día: Encierro total con salidas esporádicas muy necesarias. Como quiera que sea ya se tendrá un poco de libertad, aunque el temor no se irá pronto, seguiremos con miedo a saludar de mano o de beso lo mismo que a abrazar. Ahora sí que no sabíamos lo que teníamos hasta que lo perdimos. La libertad de convivir con las muestras de afecto sin restricción. O la posibilidad de acudir a los oficios religiosos dominicales en los templos atestados de gente. Hoy el presenciar la misa por televisión es otra cosa, aunque peor es nada. Pues sí, estimado lector, la vida nos cambio al cien por ciento, el giro de 180° fue duro y a la cabeza.