Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Con este trabajo, el director Denis Villeneuve ratifica su comprensión del género de la ciencia ficción como ruta para la alegoría tal cual manifestara en obras previas suyas como “La Llegada” y “Blade Runner 2046”, donde el inteligente manejo de las herramientas narrativas de la especulación científica le permitió no sólo la procreación de un discurso sobre la espiritualidad y quebrantos humanos sino aportes depurados al género en su vertiente fílmica. “Monumental” sería la palabra para describir lo que Villeneuve ha hecho con esta iteración cinematográfica de “Duna”, una de las obras literarias más aclamadas y queridas por los lectores de la ciencia ficción cuyas versiones previas, incluyendo aquella trunca por diversos factores elucubrada por Alejandro Jodorowsky en los 70’s, la no muy apreciada glosa realizada por David Lynch cuyos hándicaps fueron producto más de la intromisión del productor Dino De Laurentiis que por un proceso creativo no logrado del cineasta surrealista o las numerosas miniseries para el canal “Sci-Fi” hace un par de décadas, apenas rozaron con los intrincados matices políticos, sociales, religiosos y económicos que el periodista metido a escritor Frank Herbert empleó para tejer sus ricas y vastas historias interplanetarias hace casi 6 décadas, pero que ahora se ven dignamente retratadas por el portentoso trabajo que Villeneuve, el fotógrafo Grieg Fraser, el músico Hans Zimmer y un diverso pero vigoroso reparto conjuran en esta película, la cual funge como primer acto para lo que se espera sea una prolongada saga que dé seguimiento a los personajes y situaciones que aquí apenas comienzan su despliegue.

El mundo de “Duna” remite a los feudos medievales pero desde una perspectiva sideral, siendo indiscutibles protagonistas la Casa Atreides, quienes gobiernan el planeta Caladan. Aquí, el Duque Leto Atreides (Óscar Isaac) guía el destino de sus vasallos y tropas con benevolencia junto a su esposa, Lady Jessica (Rebecca Ferguson) y su hijo, el joven Paul (Timothée Chalamet), quien ha sido concebido mediante una cuidadosa ingeniería genética para concebir al Kwisatz Haderach, el profetizado Elegido que guiará al universo y adiestrado por su madre, miembro de las sagradas sacerdotisas Bene Gesserit, en el arte de la disciplina intelectual y algo parecido a la Fuerza llamado La Voz, habilidad con la que puede dominar mentes más débiles para a su vez domar sus constantes visiones sobre el futuro, mientras que su cuerpo es entrenado por el miembro de las fuerzas armadas Gurney Halleck (Josh Brolin) y su amigo Duncan Idaho (Jason Momoa), fiero soldado leal y pendenciero. La vida te todos se verá alterada cuando el muy referido pero no visto Emperador le encomienda al Duque y la milicia de Atreides que se hagan cargo de la producción de un elemento polvoso llamado “especia”, esencial para el vuelo interestelar capaz de producir intensas alucinaciones, ubicado en el desértico planeta Arrakis y custodiado por una tribu local denominada Fremen, quienes se vieron asediados tiempo atrás por la cruel Casa Harkonnen, quienes dominaron el lugar hasta que misteriosamente se marcharon. Al llegar, los Atreides aprenden sobre las diversas costumbres y actos de fe que prevalecen en la cultura del lugar así como su peculiar fauna, la cual incluye colosales gusanos que habitan bajo la arena capaces de engullir cualquier vehículo. La trama se espesa cuando el líder de los Harkonnen, el Barón Vladimir (Stellan Skarsgård) y su segundo al mando, un belicoso soldado apodado “La Bestia” (Dave Bautista) regresan a Arrakis con el fin de exterminar a los Atreides y hacerse de toda la producción de la especia, lo que origina una batalla de tintes shakespereanos donde la traición es moneda corriente y el joven Paúl deberá emprender el característico “viaje del héroe” junto con su madre en las inhóspitas dunas de Arrakis para sobrevivir y derrotar a los Harkonnen. En su gesta se verán gradualmente apoyados por los Fremen, incluyendo su líder Stilgar (Javier Bardem) y una misteriosa joven llamada Chani (Zendaya), a quien ya había visto en sus visiones.

Villeneuve entrega al espectador un festín visual donde no sólo la plástica se ve favorecida por las bellas locaciones desérticas de Jordania, sino además por un intrincado confeccionado de estas disímiles culturas capaces de distinguirse partiendo de arquetipos sígnicos (la Casa Atreides rebosa de tonalidades cálidas y naturales mientras que los Harkonnen acaparan la paleta cromática oscura) que le dotan de verosimilitud, así como vestuarios y puesta en escena detallados que permiten adentrarnos sin desvaríos barrocos en este fantástico contexto. La amalgama de detalles se complementa con las actuaciones, todas mimetizadas con estos personajes que si bien aún no encuentran un cincelado adecuado y su talle psicológico se percibe laxo por tratarse de apenas el primer capítulo (por lo menos eso espero), sumergen al espectador en sus tribulaciones y conflictos sin problema. “Duna”, además de hacerle justicia a su fuente literaria, logra consolidarse como un opus lírico, fastuoso y alegórico (los Harkonnen y su voraz deseo imperialista por hacerse de toda la especia remite demasiado a los E.U. y su violenta incursión de intenciones petroleras en Medio Oriente) que no sólo entretiene, además sacia ese apetito por una ciencia ficción madura e inteligente.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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