Emmanuel Aveldaño y Ángel Charles
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-Desde los centros de rehabilitación donde reciben terapia, algunos menores -con autorización de sus padres-, cuentan como los atraparon las adicciones, los problemas que esto les ocasionó a ellos y a sus familias y el cambio radical que sufrieron sus vidas. Los nombres de los jóvenes fueron cambiados para proteger su identidad.

LO ‘ENGANCHA’ MARIGUANA Y CRISTAL
Cuando apenas tenía cuatro años, el papá de Luis ya estaba recluido en el Penal de Apodaca por el delito de posesión de armas, su casa era un punto de venta de droga y diariamente convivía con familiares que enfrentaban alguna adicción.
Aunque la primera droga que probó fue la mariguana, sus problemas de adicción llegaron a los 13 años, por el consumo de cristal.
«Yo veía a mis primos y un camarada que le hacía al ‘foco’ (consumir droga)… pues llegó un momento donde todos los morrillos, todos empezamos a consumir esa madre, y fue donde nos llegó un punto donde ya la droga no nos cabía», relató Luis, con aval de sus padres.
«Una vez en la casa de mi abuelita, como había cotorreo arriba, pues… nos empezamos a drogar y todos con el ‘foco’ y pues hubo un momento donde estábamos todos como muertos…éramos como unos 14.
«Ahí fue donde destruí toda mi vida, mi vida (quedó) en pedazos».
Su barrio en el sur de Monterrey, recuerda, era «la mera mata» para conseguir droga.
«Vi mucha sangre en mi familia, como se peleaban, como había tanta violencia, y de ahí empecé agarrando mañas… yo era un niño bueno».
Luis tiene dos meses internado y dice sentirse mejor sin drogas. Considera retomar sus estudios, pero su entorno representa aún un área de riesgo.

DETONA SU ADICCIÓN VIOLENCIA FAMILIAR
La violencia familiar, que incluyó un intento de abuso sexual de su padrastro, afectó a tal grado a Regina, de 15 años, que terminó en las drogas.
Internada desde hace ocho meses en un centro de rehabilitación, en Guadalupe, la adolescente recuerda haber iniciado con la mariguana cuando tenía 11 años.
«Mi padrastro intentó abusar de mí, estaba en un estado muy depresivo… me fui alejando de mi mamá porque estaba en estado de shock, no sabía qué hacer», recuerda.
Desde entonces su comportamiento cambió y no le fue difícil conseguir droga.
«Empecé con mi rebeldía, a salirme, ya no (quería) estar en mi casa porque obviamente mi agresor estaba en casa y no quería estar ahí… primero empecé con la mariguana y luego empecé con el clonazepam.
«Si no estuviera aquí (en rehabilitación) estuviera muerta, por el entorno que me rodeaba, por los pensamientos en los que yo estaba invadida, de depresión, y mi entorno tan fácil de conseguir la droga», señala.
La adolescente se siente mejor y recuperó sus ganas de reintegrarse a la escuela, así como de formar una agrupación que ayude a mujeres que sufren violencia doméstica.

CONOCE LAS DROGAS EN LA ESCUELA
En su último año de estudios en un Conalep, compañeros de Dafne, la acercaron a las drogas, dándole un giro completo a su vida.
La adolescente dejó sus estudios a semanas de concluirlos, decisión que ahora lamenta. Entonces, a sus 15 años, consumía mariguana.
«Fue en el Conalep, un chavillo quería andar conmigo y por querer quedar bien con los demás, porque él fumaba mariguana, me empezó a decir: ‘¿quieres güera?, yo te doy’.
«Al principio me la empezaron a regalar, después ya no, pero mis mismos compañeros de escuela fueron los que estaban involucrados en los puntos (de venta de droga) como se les hace llamar», recuerda.
En el plantel donde estudiaba hubo un operativo que arrojó la suspensión de algunos estudiantes y la expulsión de otros por la venta de drogas, pero según Dafne, a los pocos días la problemática se repitió.
Después consumió cristal, cocaína, alucinógenos y LSD, hasta que, a la fuerza, su papá la internó a un centro de rehabilitación, en Guadalupe.
Tras ocho meses de tratamiento, Dafne asegura que aprendió la lección. Ahora ya es mayor de edad.
«Esto (consumir drogas) es la perdición, es lo peor que uno puede hacer, porque tienes a tu familia unida, tienes a tu familia contigo y desaprovechas ese tiempo que puedes pasar con ellos».

VIVE EN SECTOR RODEADO DE NARCOCASAS
Residir en un sector donde en cualquier esquina y a cualquier hora se puede conseguir droga, en García, acercó a Javier a la mariguana, que empezó a consumir a los 12 años.
«Es demasiado fácil (conseguir droga), estaba a las manos, de volada puedes conseguir la sustancia», recuerda el adolescente de 17 años.
Desde hace dos meses está en un centro de rehabilitación ubicado en el poniente de Monterrey.
«Ahorita hasta un niño anda fumando ‘criko’ (cristal), tienen 13 o 14 años que ya andan con la piedra, se mueve de volada, para los del punto (de venta de droga) es fácil.
«(Dicen) no, pues ten, te doy una pieza y los gancha, y así los traen».
Su mamá, de 37 años y quien estuvo presente en la entrevista, coincidió en que la droga la venden en todos lados.
«Ya es lo mismo, como si estuvieras en una tienda, lo venden como si fuera un chicle», dijo.
En su paso por el mundo de las drogas, el menor consumió pastillas, píldoras, cocaína en polvo y en piedra; ahora dice estar arrepentido de sus errores y busca rehabilitarse para retomar sus estudios y la vida junto a su familia.

Esta nota forma parte de una serie sobre adicciones que se realiza en conjunto con el Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Sur, un proyecto del Border Center for Journalists and Bloggers.

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